“La gentrificación y la turistificación está matando la identidad de Cimavilla”

Sergio Álvarez es el presidente de la asociación vecinal de Cimavilla

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María Cidón
María Cidón
Es periodista

El presidente de la asociación vecinal de Cimavilla, Sergio Álvarez, explica a NORTES los efectos de la proliferación de las viviendas de uso turístico en el barrio y las bajas inversiones en servicios sociales que, con el paso de los años, han provocado que muchas familias hayan tenido que dejar el barrio por no poder hacer frente al aumento del precio de los alquileres.

La proliferación de vivienda turísticas en Cimavilla y la gentrificación es una situación de la que ya lleváis tiempo advirtiendo, entre otros tantos problemas que afectan al barrio a diario y que forman parte de las reivindicaciones vecinales…

Todas nuestras reivindicaciones están basadas en un proceso participativo que ya existe, que era Cimavilla Existe, que luego englobó Tabacalera y todas esas cosas. Pero claro, eso ya es de 2016, con la pandemia por el medio, que hubo mucho parón…pero creemos que ya es hora de de volver a abrir otra vez el proceso porque hay circunstancias distintas. Por ejemplo, el tema de la turistificación en el 2000 todavía no se trataba a nivel que se trata ahora, ni es tan grave como ahora. Hablamos más de gentrificación, pero es que la turistificación yo siempre digo que es como la gentrificación que avanza a mil por hora. La gentrificación es un proceso más lento. El barrio lleva muchos años gentrificándose, en el momento que empiezan a subir las viviendas de precio ya se está gentrificando. Mucha gente se tuvo que ir porque no podía pagar los alquileres o porque comprar una vivienda era muy caro. Poco a poco las familias del barrio se fueron marchando, en un barrio donde las familias de toda la vida quieren seguir viviendo aquí. Pero hablo de la época de los 2000 o 90 y tantos. Fue un proceso lento. Pero la turistificación se lo come todo de repente porque cualquiera que tenga un piso lo pone para el turismo, no lo alquila. Se quitan las viviendas de residencia y es un proceso rapidísimo porque cualquiera con una vivienda puede especular con ella a nivel turístico. Es un gigante que se lo come todo, una lacra mucho mayor. Hubo un parón con la pandemia, pero es que en cuestión de cuatro años, incluso menos, ha crecido muchísimo. Se ve claramente cómo se compran viviendas enteras en desuso para dedicarlas exclusivamente a apartamentos vacacionales, como en Santa Catalina.

Sergio Álvarez FOTO: David Aguilar Sánchez

En Gijón hay registradas 1.200 viviendas turísticas aproximadamente, son los datos preliminares del informe de impacto de la vivienda de uso turístico encargado por el Ayuntamiento de Gijón, y donde la mayoría se concentran en los barrios Centro, La Arena y Cimavilla. ¿Qué te parecen esos datos?

El problema no es el número sino la proporción de vivienda turística con la vivienda de residencia, eso es lo realmente grave. Si, por ejemplo, en El Llano hay 500 o 300 viviendas, pero hay unos 50.000 habitantes. ¿Cuántas casas hay? ¿Cuántas viviendas turísticas hay? El porcentaje entonces no es tan elevado como en Cimavilla. Es la densidad, no tanto el número cuantitativo. Eso es lo que nos preocupa.

“El problema es que la gente se va de Cimavilla porque no puede vivir aquí”

¿Y qué medidas crees que hay que poner ya?

Creemos que es urgente limitar las licencias turísticas por las zonas donde hay alta densidad en Gijón y también perseguir la vivienda turística ilegal a través de los portales donde se anuncian. Tiene que haber labores de investigación y de inspecciones en viviendas destinadas al turismo. Luego también transversalmente hay otro tipo de medidas que pueden hacer la gente desde las comunidades, a través de estatutos para también limitar el uso de vivienda turística dentro de una comunidad. Eso es muy complicado porque claro habrá gente que tenga una vivienda y que viva en la comunidad y no se quiera limitar a sí misma.  Todo ello también es verdad que tiene una cabida legal muy relativa. Porque a su vez hay un hay un lobby muy potente en ese tema y bien asesorado porque luego lo que hacen es tumbar las leyes. En Barcelona, por ejemplo, van ya como por la tercera ley de la alcaldesa Ada Colau… Le tumban la ley, pero ya tienen la siguiente nueva redactada. También es cierto que la capacidad que tiene el Ayuntamiento de Barcelona para hacer frente a lo mejor a posibles reclamaciones del Ayuntamiento de Gijón… Pero creemos que la inacción no vale de nada.

Y ahora, con las elecciones que acaban de pasar, las reclamaciones históricas del barrio, las promesas de campaña ¿cómo os planteáis el tema de la vivienda y la turistificación?

Una cosa importante: esto no es un problema de cuatro años de gobierno saliente, esto es un problema anterior. Tenemos que tener un modelo de ciudad y empezar a trabajar en analizar los problemas que tiene a más años vista.  Puedes decir que en cuatro años no se solucionó, de acuerdo, pero esto viene de atrás. Independientemente quien gobierne, el problema existe. Y el problema es que la gente se está yendo del barrio porque no puede vivir aquí, que se está matando la identidad del barrio y que se está gentrificando y turistificando. Independientemente de quien haya gobernado. Porque quien turistifica no es el Ayuntamiento, es el sistema. Las administraciones tienen que luchar contra ese sistema haciendo políticas. No solamente políticas restrictivas, como que se limite la vivienda turística, que está muy bien, que es algo directo que hay que hacer. Lo que no se puede hacer es que todas las políticas de inversión en un barrio vayan destinadas al turismo, porque entonces eres cómplice.

Sergio Álvarez FOTO: David Aguilar Sánchez

¿Por ejemplo?

La Casa Paquet, Infogijón, Tabacalera, visitas turísticas, la recuperación del refugio y lascasamatas… Está muy bien recuperar la memoria histórica, ¿pero a qué va destinado? Al turismo. Se habla de cambiar el PERI de Cimavilla por un hotel de cinco estrellas. No estamos en contra de esas acciones, como recuperar el refugio, pero cuando solamente se invierte turísticamente en una zona, no se complementan y equiparan con los servicios que se tienen que dar al barrio: que sea accesible para el vecindario, que tenga un transporte público que le conecte con el resto de la ciudad, un consultorio médico para la gente mayor, un centro social de mayores…Empiezas a enumerar cosas y cosas y realmente no se está equilibrando la balanza. Nosotros estamos a favor del turismo, mucha gente del barrio vive del turismo, de la hostelería o de trabajar como guías turísticos… Pero el turismo tiene que tener un apellido que es impepinable: sostenible. Creemos que tiene que haber un equilibrio entre esas inversiones que está muy bien que las hagan, pero a la vez tienes que dotar de servicios barrio. Porque si no lo que haces es matarlo. La gente se va.

¿Puede ayudar la nueva ley de vivienda y en qué sentido?

Sí, pero no sabemos qué va a pasar con lo que haga el nuevo gobierno que venga.  Vemos que las , viviendas que son públicas están derribadas y sin habitar , pues tienen que arreglarlas para que venga gente a vivir, que es un poco también la lucha. Si esas viviendas las arreglas, se viene gente a vivir. Y si se limita el tema de las viviendas turísticas también puede tener un carácter retroactivo,  porque las licencias turísticas no se dan a los hogares, se dan a las personas, es decir, que si yo vendo mi piso no lo vendo con licencia turística. Lo que hay que hacer es pararlo, es decir, no conceder más y a quienes se deshagan de ellas, que no se las vuelvan a dar porque estamos ya a niveles muy altos. No se va a poder solucionar el problema al cien por cien porque es algo contra lo que se está luchando en todas las ciudades, pero si no ponemos medios nos comen. Todavía estamos a tiempo de poder resolverlo mínimamente para que no crezcan mucho más y que se destruya completamente el barrio.

¿Vais a abrir entonces otro proceso de participación para el vecindario donde se aborden todos estos temas?

En cuanto podamos abriremos otro proceso participativo como el de 2016. Todavía estamos estudiando el cómo, porque queremos abrirlo a toda la gente del barrio e incluso estamos analizando que participe gente que no sea del barrio para también nutrirnos del exterior, porque consideramos que Cimavilla es un punto estratégico para la ciudad. También es algo de los demás, es muy de la esencia de Gijón y es importante ver qué opina el resto de la ciudad. Y  sobre todo hay que abrirlo a todas las edades. Desde niños, adolescentes, hasta adultos y personas mayores. O sea, hacerlo muy transversal, queremos ueremos salirnos un poco de los modelos tradicionales de participación.

Sergio Álvarez FOTO: David Aguilar Sánchez

¿Cómo son los modelos de participación no tradicionales? ¿Por qué queréis hacerlo de otra forma?

El modelo que se está diseñando en el Ayuntamiento ahora proviene de modelos donde la gente que nos implicamos básicamente somos los que estamos metidos en el tema de asociacionismo, o que estamos muy al día en ciertos temas y creo que estamos como en una burbuja, somos siempre los mismos en los mismos sitios. Pensamos que todo el mundo tiene conocimiento de los temas y luego sales al exterior y realmente nadie lo conoce. Eso es lo que está fallando, no solamente está fallando la administración, que falla mucho, también podemos estar fallando nosotros. Hay que hacer una reflexión, lo que queremos realmente es estar en la calle y hacerlo atractivo.  Para adolescentes habrá que hacer un modelo de participación que quizás implique una metodología de juego, una metodología distinta. Y con las personas adultas también, ¿por qué no? Queremos nutrirnos de información, que la gente hable y que exponga los temas. A fin y al cabo sabes que no se va a descubrir nada nuevo porque es lo que hay, todo el mundo lo ve, pero sí podemos descubrir nuevas formas y sobre todo crear, tener fuerza. En las reivindicaciones, cuando los procesos de participación se abren, tienen mucho más peso que lo que pueda pensar yo o cualquiera.

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