¿Qué beneficio dejan las eólicas en las zonas rurales?

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

“Muchos no vemos nada claro los beneficios de que instalen eólicos alrededor de nuestros pueblos, por eso nos oponemos aunque sabemos que lo tenemos muy difícil”. Así de rotunda se muestra Rosa, dueña de unos apartamentos turísticos en el municipio de Valdés donde se quiere instalar un complejo élico. “Si lo instalan, más de 18.000 personas van a ver los molinos desde sus casas. No hay dinero que nos pague eso.”

En el occidente asturiano donde se concentra la práctica totalidad de los complejos eólicos en tramitación o en activo, este tipo de industria no suele levantar entusiasmo entre los vecinos. Así lo aseguran algunas de las personas con las que NORTES ha hablado para este artículo y que incluso se han organizado en asociaciones para intentar cambiar. “Hay un modelo de transición energética que no tiene en cuenta a la gente que vivimos en estos lugares”, añade Rosa. Además, según ella, el Ayuntamiento “ha claudicado. Dicen que la instalación del complejo supone una cuantía importante para el municipio y que si no se pone en Valdés entonces lo pondrán en Cudillero con lo que se tendrán los mismos inconvenientes, pero sin los beneficios económicos.”

Manuel García, vecino de Vegadeo, jubilado y dueño de una finca en la que está interesada una empresa eólica opina también que “esto no nos puede generar ningún beneficio. Los inconvenientes no se pagan con dinero.” Su caso: “la empresa eólica quiere pasar con el transporte al complejo que quieren construir a menos de dos metros de mi vivienda y a una altura sobre el nivel de la cimentación de otros dos metros. Con la cantidad de toneladas que tienen previsto subir por ahí podrían tirar la casa abajo, es una casa de ladrillo. Yo digo que cambien el lugar de acceso, pero están emperrados en que sea por aquí.”

“la inmensa mayoría de esos que han firmado no viven aquí, viven en Madrid o en Gijón. Los que vivimos aquí, prácticamente todos, nos oponemos.”

Además, “el eólico que ponen más cerca de mi vivienda estará a 600 metros, cuando la recomendación es que lo esté al menos a un kilómetro.” Le pagarían por ello. “Sí, ya, pero ¿qué pasa con la contaminación acústica y con lo que no se ve? Que esté tan cerca de las casas no creo que sea muy saludable.” Para este exganadero las compensaciones económicas no son suficientes: “somos jubilados y si firmamos tendremos que hacer la declaración de la renta, y pagar el IVA. Nos prometen 9.000 euros anuales, pero al final es casi lo comido por lo servido.” Pero si no firma le podrían expropiar. “Ya lo se, pero es que aquí no lo queremos”. Manuel García se siente respaldado por su ayuntamiento. “Pedimos que se respete la voluntad del Pleno”, dijo el Alcalde hace unos meses desde la corporación, si bien hay vecinos que ya han firmado con las empresas. Manuel García afirma que la mitad de los propietarios ya han firmado, “pero la inmensa mayoría de esos que han firmado no viven aquí, viven en Madrid o en Gijón. Los que vivimos aquí, prácticamente todos, nos oponemos.”

Algo similar describe Rosa que tiene tres montes de su propiedad muy cerca de San Pelayo, Valdés, por donde se quiere instalar una línea de evacuación. “Empezaron a tener contacto con los vecinos en 2007. Entonces no se sabía mucho y algunos firmaron, muy pocos. Ahora que han vuelto a retomar el proyecto, te digo que casi nadie quiere firmar. Seguramente estamos hablando de más del 95% de los que vivimos aquí. Los que han firmado, la mayoría son gente que no vive en el municipio.” La razón, según ella: “ El parque eólico estaría muy cerca del pueblo, muy cerca del manantial donde se coge agua para todos y seguro que se vería afectado por las obras y por los aceites.” Tanto Rosa como Manuel no se fían de las evaluaciones de impacto medioambiental.

Marcha a la Sierra de Bobia.

Sin embargo, desde la Consejería de Industria del Principado afirman que “los contenidos exigidos para la elaboración de un estudio de impacto ambiental de un parque eólico son muy exhaustivos, y requieren una alta especialización y dedicación.” Desde el gobierno confirman que la empresa eólica es la que elabora el estudio de impacto ambiental, pero luego la revisión corresponde a la administración que considera “los informes sectoriales de los departamentos de medio natural, vida silvestre, patrimonio cultural, ordenación del territorio, montes, etc; además de las consideraciones de otros organismos, como la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, y las alegaciones de los interesados.”

Empleos en las zonas rurales

El sector eólico representó en 2021 un 0,49% del PIB español con una tendencia creciente. Según un estudio realizado por la la Asociación Empresarial Eólica (AEE) en 2021, en España un 9% de los municipios tiene presencia eólica. En Asturias este porcentaje sube hasta el 22%. Por otro, lado mientras que en el cómputo total del Estado un 11% de la población viven en lugares con eólicos, en Asturias esta proporción se reduce al 6%, concentrada casi toda en el occidente asturiano. De acuerdo con esto, solo siete provincias no cuentan con complejos eólicos: Córdoba, Girona, Alicante, Badajoz, Madrid, Ceuta y Melilla. Las cifras proporcionadas por la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica sitúan a Asturias en abril de este año con 23 complejos eólicos activos con 500 aerogeneradores; y 54 en proyecto que supondrían 394 aerogeneradores más.

El Estudio Macroeconómico del Impacto del sector Eólico en España realizado por AEE concluyó que el desarrollo de la actividad eólica en España permite a los municipios en que se localiza incrementar la riqueza y el poder adquisitivo de sus habitantes. Esta afirmación se basa en que en la mayor parte de las provincias la renta neta media por persona es superior si cuentan con presencia eólica. Sin embargo, según ese mismo estudio esto no ocurriría en Asturias. La renta por persona media en los municipios es en esta región de 12.178,80 euros, mientras que en municipios con parques eólicos cae hasta el 11.987,58 euros.

El estudio calcula en unas 30.000 las personas las que actualmente trabajan en el sector eólico del país. Por su parte, Unieléctrica hizo una proyección el año pasado asegurando que entre puestos directos e indirectos la cifra se dispara hasta las 468.000 personas. Esta empresa cree que a lo largo de esta década se pueden llegar a crear 2.800 empleos directos y algo menos de 1000 indirectos en el sector eólico de Asturias. Además, afirman que alrededor del 68% de los empleos generados será de carácter permanente durante veinte años. Sin embargo, el estudio no especifica cuántos de estos empleos se crearán y ya se han creado en las áreas rurales donde se instalan los complejos eólicos.

“El impacto de las eólicas en el empleo de las zonas rurales es muy pequeño.”, asegura Xabier Simón, director del Observatorio Eólico de Galicia (OEGA), quien afirma que “la parte más importante del pastel en ningún caso es para los propietarios ni para los ayuntamientos.” Xabier Simón señala que “por supuesto que las empresas eólicas pagan impuestos, pero que paguen impuestos no quiere decir que las cuantías que se estén pagando permitan a los ayuntamientos poner en marcha políticas que sirvan para transformar dinámicas estructurales a los que se enfrentan los municipios rurales”.

Aerogeneradores en el Puerto del Palo, Grandas de Salime. Foto: Iván G. Fernández

Pone el ejemplo de Muras, municipio situado en el norte de Lugo, que es el que cuenta con la mayor concentración de eólicos de Galicia. Su superficie es alrededor de la suma de los municipios asturianos que más élicos tienen en sus terrenos, Valdés y Tineo, pero con mucha más insfraestructura eólica: hasta 480 aerogeneradores. Desde estos dos ayuntamientos asturianos a preguntas de NORTES no han sabido contestar con exactitud a la pregunta de cuántos empleos y beneficios generan las eólicas en sus respectivos municipios: “Habría que mirarlo.”

“En Muras, a pesar de lo que produce anualmente, que es mucho, el impacto en el empleo ha sido mínimo”, responde Xabier Simón. Las cifras están en torno a 18 personas. “Y además no fija población porque la tendencia es que el municipio sigue perdiendo habitantes”. Las cifras oficiales muestran que en el año 2000 en Muras había 1151 habitantes. En 2020 la población se ha reducido a la mitad con 619 vecinos. “En Galicia, desde OEGA, no conocemos ningún ejemplo en positivo, ni siquiera en Muras. El PIB per cápita solo habla de la actividad económica. Pero, claro, las rentas son de las empresas eólicas y eso no tiene traducción para los habitantes de las zonas rurales”.

“No hay impacto en el empleo aunque sí en el desempleo. Esta aparente contradicción tiene una explicación. Los nuevos trabajadores residirán en el municipio, pero serán contratados en su mayoría por empresas de fuera del lugar”

Las palabras del director de OEGA están avaladas por un informe realizado recientemente por el Banco de España: ¿Do Renewables create local jobs? (¿Las renovables crean empleos locales?). El informe muestra que las plantas solares tienen un impacto positivo en el empleo de las empresas locales, si bien algunos de los nuevos empleos acaban en manos de personas que no viven en el lugar. Sin embargo, el impacto con las eólicas es mucho más débil. No hay impacto en el empleo aunque sí en el desempleo. Esta aparente contradicción tiene una explicación. Los nuevos trabajadores residirán en el municipio, pero serán contratados en su mayoría por empresas de fuera del lugar. De hecho, el estudio también encuentra que algunas personas de estos lugares “abandonan el mercado laboral local porque se vuelven inactivos o se mudan a otra ubicación”. El estudio pone de ejemplo un municipio tipo donde se invirtieron un millón de euros para un complejo eólico: durante la fase de mantenimiento, es decir, tras las construcción, el porcentaje de personas desempleadas se redujo un 0,114 por ciento. El estudio concluye además, tal y como afirma Xabier Simón, que en ningún caso las eólicas fijan población en el territorio donde son instaladas.

¿Compensaciones o expropiaciones?

Las empresas tienen tres posibles formas de acceder a los terrenos que necesitan para la instalación de aerogeneradores: compra o alquiler a los propietarios y solicitar la expropiación a la administración.

“Vienen y te dicen que si no estás de acuerdo en firmar el contrato, te expropiarán”, denuncia Manuel García desde Vegadeo. “Nos deberían haber juntado a todos los vecinos y explicarnos las condiciones a todos juntos, pero no lo hacen así. Van de casa en casa, te enseñan fotos de vacas pastando bajo unos molinos, te ofrecen dinero, un precontrato, con unas condiciones que ponen ellos y te presionan diciéndote que los otros ya han firmado, que si no accedes te quedas solo y que te expropiarán forzosamente.” Esta situación le indigna y apunta a la vecina comunidad gallega: “allí la gente está más avanzada que en Asturias. En Galicia han empezado a organizarse antes y a protestar por todas estas cosas que están haciendo las eólicas. Aquí somos pocos en el occidente y hemos empezado hace poco.”

“es infinitamente mejor encontrar una solución mediante contrato que mediante la expropiación”

Xabier Simón desde Galicia apunta que “es infinitamente mejor encontrar una solución mediante contrato que mediante la expropiación. Nadie quiere una expropiación. Solo hay que ver cuando en un mismo proyecto eólico conviven la soluciones mediante contrato y las soluciones mediante expropiación. Los precios que se pagan son muy diferentes. Un contrato es un pago anual que se actualiza con el IPC y, dependiendo de cómo se haya firmado el contrato, puede modificarse después en función de la producción. Una expropiación es un pago único y se paga mucho menos porque no se paga por el uso industrial que tendrá, sino por el uso previo que está vinculado al uso forestal o ganadero.” Añade que “las empresas tienen tendencia a comprar parcelas pequeñas, pero para el propietario es una mala opción. Es mejor mantener la propiedad y beneficiarse de las posibles modificaciones. Si vendes, ya no cuentan contigo para nada.”

NORTES ha preguntado a la Unión de Consumidores de Asturias por las quejas que hay en esta comunidad en torno a los contratos con las eólicas. Su respuesta ha sido que nadie se ha dirigido a ellos sobre esta cuestión. En una entrevista realizada en esta publicación recientemente, Manuel Germade, de la Asociación de Consumidores y Usuarios de Galicia, afirmaba por el contrario que ellos sí reciben quejas: “Muchísimas. Todos los días nos llega alguna.”

Xabier Simón lo corrobora: “Claro que hay quejas. Y grandes. El marco normativo que hay es para defender los intereses de las empresas. El objetivo es incrementar la potencia, llenar todo de aerogeneradores y se olvidan de otros sectores afectados, como la ganadería.” El dinero que se paga como compensaciones a través de los contratos “son precios aceptantes.” Eso sí, asegura que “en estos últimos 25 años ha habido un proceso de aprendizaje de las zonas rurales en Galicia, de los sindicatos, de las asociaciones. Al principio los precios eran ridículos con alrededor de 1.200 euros al año por megavatio por año. Ahora la cifra está en 3.8000 euros por megavatio al año de media. Aun así, como digo, es una cantidad que necesitaría mejorarse mucho.”

Rosa y Manuel no quieren firmar. Como ellos, otros vecinos de Valdés y Vegadeo. Saben que si no acceden podrían expropiarles. “No nos desanimamos”, dice Rosa, “lo estamos intentando, pero es muy difícil aunque seguimos haciendo movilizaciones para que se nos escuche.” Manuel quiere lanzar una pregunta al Principado antes de acabar la conversación: “si la mayor parte de los propietarios que vivimos aquí no queremos eólicos ¿por qué tenemos que elegir entre firmar contratos con estas empresas o arriesgarnos a ser expropiados?”

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