Sin precedentes: una ola de solidaridad masiva con Palestina

No es lo mismo ver la guerra en los telediarios que 24 horas al día en las redes sociales a través de los teléfonos móviles.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y ex diputado de Podemos Asturies.

“Unprecedented. Wars have rules”. Así comenzaba Naciones Unidas un dramático hilo de twitter, después de que sus edificios y el personal diplomático de su misión en Palestina se hubieran convertido en objetivo militar para Israel. Asimismo, la campaña “Civilians are not a target” ha recordado que los civiles, los niños y los hospitales nunca deben ser objetivo militar en las guerras. Pocas veces se recuerdan comunicados tan duros por parte de la ONU. Tampoco 63 personas vinculadas a la organización muertas a causa del fuego israelí.

El ataque a población civil de Hamas en Israel, horrible consecuencia del hastío ante décadas de ocupación, bombardeos y miseria en la franja de Gaza, desencadenó una simpatía global de los gobiernos al país sionista, quienes rápidamente la utilizaron para comenzar una invasión del norte de Gaza. Buscan nuevas anexiones territoriales (cada dos décadas, Israel se anexiona una parte de Palestina y les obliga a vivir en territorios controlados por checkpoints o a convertirse en refugiados), cuando no un exterminio de parte de la población de la Franja. Una reacción esperable por Netanyahu e Israel y, quizás, la respuesta buscada con su ataque por Hamás, que es también la principal fuerza política en Palestina, y pretende una internacionalización del conflicto que les saque del impasse de la ocupación.

Movilización por Palestina en Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

Todas las guerras sobrepasan límites y son retransmitidas, a veces incluso son un producto de consumo, hasta que caen en el olvido tras un tiempo. Pero haríamos mal en obviar que estamos ante una guerra sin precedentes, que está provocando una situación no vista hasta la fecha. Miremos un momento al pasado, porque hay momentos decisivos en la historia. La guerra de Vietnam, primera guerra retransmitida en televisión, provocó una ola de solidaridad global y movimientos pacifistas y antiimperialistas en buena parte del planeta. El ataque del 11-S de 2001 a las Torres Gemelas mantuvo pegadas al televisor a miles de millones de personas. “¿Qué estabas haciendo el 11-S?” Mucha gente se acordará y podrá responder a esta pregunta con exactitud. “¿Cómo olvidar ese momento”, dirán. El impacto de ese evento sobre la población estadounidense y occidental tuvo consecuencias: sirvió de justificación para dos nuevas guerras, Afganistán e Irak, pero, más grave, fue la excusa del gobierno americano para lograr la implantación de un sistema de vigilancia y control de las comunicaciones que ahora ya es global y que fue denunciado por Edward Snowden. Todo lo que escribes, hablas o buscas en internet, o que has escrito alguna vez, está siendo vigilado desde entonces por tu gobierno y el de USA. En esas guerras también comenzaron otras novedades, como las primeras emisiones por satélite de cadenas de los propios países árabes (Al Jazeera, fundada por el gobierno de Qatar, había nacido en 1996), que tenían más facilidad para emitir sobre el terreno y que tenían capacidad para generar otra opinión pública.

vamos a ver la mayor reacción de solidaridad de la historia

¿Qué ha cambiado desde entonces? A finales de la primera década del siglo XXI irrumpieron las redes sociales. Facebook y Twitter provocaron un cambio en la forma en que se desarrollaba la comunicación, que pasó a ser “no mediada” por los medios de comunicación, partidos o sindicatos. La consecuencia política, la auto-organización ciudadana, no tardaría en llegar y surgirían las primaveras árabes, el movimiento 15M u Occupy Wall Street. Pocos años después la ultraderecha también aprendería a usar Twitter, Facebook, Whatsapp o Youtube, por medio de la minería de datos, y a la victoria de Trump en 2016, le siguió Bolsonaro en 2018. Comenzaban los tiempos del “efecto burbuja”, donde sólo ves en tus redes las noticias que confirman tus ideas previas, ideas que a su vez se polarizan y vuelven más extremas con el paso del tiempo. Los consensos son más difíciles hoy en día porque cada vez tenemos más argumentos para defender nuestras posiciones y menos para empatizar con los contrarios.

¿Cómo funciona ahora la opinión pública? Si usted recuerda el incendio de Notre Dame y cómo se le encogió el corazón viendo esa noche imágenes en redes sociales sin parar, lo que desató una adhesión mundial, entenderá perfectamente lo que está sucediendo. Los eventos traumáticos con una gran carga emocional producen una orquesta comunicativa en redes sociales que provoca que nuestros sentimientos afloren, nos solidaricemos y actuemos. Cuanto más cercano sea ese evento a nuestra ideología, más información similar nos va a llegar, auto-confirmando nuestras ideas, y más nos polarizaremos.

La guerra en Palestina es la primera de la historia que está siendo contada en stories de Instagram y vídeos cortos de Twitter (X) o Tiktok. Si la población occidental estamos estos días desasosegados recibiendo una cantidad sin precedentes de información (vídeos, historias personales, fotografías) de la masacre en Gaza, ¿qué cree que están en estos momentos viendo las poblaciones de los países árabes y musulmanes? Vídeos del genocidio al cuadrado. Indignación extrema por imágenes de hospitales destruidos, niños mutilados y sollozos de padres y madres. Súmele que en estos últimos años se ha incrementado la infraestructura para generar comunicación de los países islamistas, desde la televisión por satélite de Irán o de Hezbolá (la libanesa Al-Manar) -fuerza más votada en el Líbano- a la producción audiovisual de alta calidad, o que los periodistas árabes de la BBC han sido represaliados por Israel. Como consecuencia, vamos a ver la mayor reacción de solidaridad de la historia. No es lo mismo ver los desastres de una guerra en los 30 minutos de noticias del telediario, que recibirlo 24 horas al día en tu dispositivo móvil, con imágenes sin censura, contado por los propios protagonistas, mezclado entre las noticias del día a día de tus amigos. El impacto emocional extremo va a provocar las protestas más masivas en apoyo a Palestina que hayamos visto, así como una presión creciente sobre los gobiernos de los países árabes para que intervengan. Desgraciadamente, podría haber más ataques terroristas y ‘llaneros solitarios’ que actúen en los próximos días. Estamos en una situación novedosa, la crisis en Palestina se puede internacionalizar y haría mal cualquier gobierno en minusvalorar su impacto potencial. No es lo mismo que la guerra en Ucrania, delimitada en un área determinada. Por eso son de agradecer las voces en el gobierno de España que se solidarizan con Palestina y exigen un curso diferente de nuestra política exterior. El mundo puede ser pronto un polvorín impredecible si no se actúa YA al más alto nivel diplomático para detener el genocidio.

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