La mina de oro más grande de Europa está en Rumanía, en Transilvania. Se trata de Roșia Montană (La Montaña Roja). Existen evidencias de su explotación por los romanos entre el año 131 y el 271 de nuestra era. Prospecciones geológicas recientes valoran sus reservas en más de 314 toneladas de oro y 1.480 toneladas de plata. Esos recursos hacen de Roșia Montană el yacimiento conocido de oro más grande de Europa, diez veces superior en oro a las previsiones más optimistas para Salave (Tapia de Casariego, Asturias). La mina fue explotada en tiempos comunistas por el Estado rumano y, después, a cargo de Rosia Montana Gold Corporation (RMGC), empresa con más del 80% del capital de la minera canadiense Gabriel Resources que, en 1997, consiguió una concesión para 20 años. En la actualidad, como se explicará a continuación, Roșia Montană está definitivamente cerrada pese a sus enormes reservas.
Aunque, en un principio, la aurífera canadiense fue autorizada incluso a expropiar casas y terrenos alrededor del yacimiento, tras multitudinarias protestas que se agudizaron en 2013, el gobierno rumano falló en contra de emitir los permisos a Gabriel Resources para continuar explotándolo y aprobó varias leyes que protegían el territorio de Roșia Montană. No fue nada fácil. La población estaba dividida, empezando por los 2300 trabajadores que se quedaban sin empleo y que fueron el primer argumento esgrimido por RMGC para evitar el cierre, junto con una valoración cercana a los 4 mil millones de dólares.

En 2016 RMGC llevó a juicio a Rumanía ante el CIADI, Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones, dependiente del Banco Mundial, exigiendo el pago de más de 4.400 millones de dólares (unos 4 mil millones de euros) en compensación de daños. El fallo del Tribunal del CIADI está al caer: se conocerá probablemente antes del 12 de marzo de 2024.
Pero la población rumana está muy sensibilizada con el medio ambiente desde que el año 2000, en Baia Mare, al noroeste de Rumanía, se produjo una fuga de una balsa de residuos mineros y se vertieron en un afluente del Danubio 100.000 m3 de agua con toneladas de cianuro y de metales pesados que contaminaron el agua potable de millones de personas. En 2017 el gobierno rumano solicitó incluir Roșia Montană en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. El debate posterior fue intenso. Coincidió con un cambio de partido gobernante y el replanteamiento de la conservación del patrimonio. Pero la consideración de Roșia Montană como Patrimonio de la Humanidad llegó finalmente en julio de 2021 con las consiguientes protecciones legales que parecen poner fin a cualquier posibilidad de minería.
A quien haya leído hasta aquí quizás le haya extrañado el titular de este artículo, similar pero contradictorio con las más de tres decenas de publi-reportajes casi idénticos que hemos gogleado —seguro que son más—que siguen apareciendo en la prensa española para deslizar la falacia de que Salave sea el mayor yacimiento de Europa.
Sin embargo, los paralelismos entre el yacimiento transilvano y el tapiego —salvada la escala y la situación actual— son múltiples: ambas son antiguas explotaciones mineras romanas que dejaron abundantes restos arqueológicos, son —o fueron— pretendidos por multinacionales canadienses interesadas en su oro, han —o hubieron— de soportar colaboracionismos locales y ataques medioambientales que llegan al ecocidio —como la salvaje tala de Salave en abril de 2022—, con absoluta desprotección ambiental y patrimonial —hasta la intervención de la UNESCO en Rumanía— y la situación de ambos territorios ha generado una gran movilización ciudadana. Añadamos que tanto Roșia Montană como Tapia de Casariego tienen un prometedor futuro basado en sus recursos naturales, paisajísticos, ambientales y patrimoniales, más allá de la pesadilla de ser ricos en oro. De hecho, Transilvania ya celebra la salida de los vampiros canadienses y en Tapia falta poco para que el dragón negro haga lo propio.

Aún así, la mentada cascada de publi-reportajes sobre Salave publicados en diversos medios muestra el intenso acoso que sufre el concejo de Tapia de Casariego y toda la comarca occidental de Asturias dadas las pretensiones extractivistas de las sucesivas multinacionales auríferas convocadas por la empresa local Exploraciones Mineras del Cantábrico que detenta los derechos de concesión minera hasta 2048. Mientras, el hartazgo de la población aumenta.
Al corear la noticia de que “la mina de oro más grande de Europa se encuentra bajo un bonito pueblo asturiano” pocos medios se molestan en investigarla
Al corear la noticia de que “la mina de oro más grande de Europa se encuentra bajo un bonito pueblo asturiano” pocos medios se molestan en investigarla. Algunos introducen algún matiz, como la pesadilla de los vecinos o la supuesta división del pueblo. Varios despistados añaden un cero a la derecha a las reservas de oro o lo ubican en un mapamundi de Bilbao: “El pueblo con más oro de Europa está cerca de Euskadi” (El Correo, 15-6-2023). El debate bajo presión está servido a partir de una falacia, porque, en Tapia, ni hay mina abierta ni, en absoluto, está el mayor yacimiento de Europa occidental. Resulta especialmente escandaloso que diarios nacionales supuestamente informados adjunten el oro de Salave a la riqueza de los españoles:

Para 2022, y según World Gold Council, España acumulaba 280 toneladas de oro (unos 14.000 millones de euros) como parte de la reserva internacional del país… Unas cifras que, sin embargo, podrían superar con creces las 300 toneladas contando con las supuestas 30 toneladas de oro que alberga Tapia de Casariego, Asturias, bajo sus pies. (El Economista, 3-12-2023)
En este mundo de verdades alternativas y de fake news todo es susceptible de ser creído por alguien. Sin embargo, la Ley de Minas de 1973 exige demostrar el beneficio para la comunidad de una actividad minera para autorizar su explotación por terceros. La respuesta de los grupos municipales, asociaciones y entidades locales movilizadas contra la mina de Salave, pese al acoso mediático, es rotunda: la minería de oro en Salave sería una catástrofe para toda la comarca.
































