Decía Manuel Vázquez Montalbán que no era una genética especial la que permitía a los seres humanos tener la capacidad de sacrificio para responder a los desafíos históricos, sino que eran estos mismos desafíos los que “nos construyen la musculatura” para enfrentarnos a ellos.
Anita Sirgo forma parte de esa minoría de personas, que sin estar dotadas de una genética especial, construyeron en la lucha esa “musculatura” de la que hablaba Montalbán, una musculatura necesaria para enfrentarse a los interrogatorios con torturas sin delatar a los compañeros, para resistir a las huelgas que dejaban la hucha y la despensa vacías o para soportar los rigores de una clandestinidad que obligaba a vivir bajo una identidad falsa. El siglo XX no se entiende sin ellas.
El ejemplo de Sirgo, su combate cotidiano por la democracia, la justicia y la igualdad social, convocó este martes a más de 2.000 personas en las calles de Llangréu. Algunas muy cercanas, familiares, amigas, vecinos o compañeros, otras que quizá la habían visto alguna vez en alguno de los muchos actos a los que Sirgo solía acudir, o que tal vez sólo conocían a esta vecina de Lada que aprendió mucho antes a trabajar y a luchar que a leer y escribir, por los libros, los documentales y las canciones, por ser una de las mujeres que en la primavera de 1962 desafiaron al franquismo y su patronal en unas huelgas que saldaron con una de las primeras victorias de la clase trabajadora desde el final de la Guerra Civil.
“A personas como Anita no se les entierra, se les siembra”, afirmó Roberto García, alcalde de Llangréu, en un abarrotado salón de actos de CCOO en La Felguera. “Transmitió su lucha a los más jóvenes y las mujeres” destacó Arantxa Carcedo, de la dirección del Partido Comunista de Asturias, en referencia al fuerte compromiso de Sirgo en los últimos años de su vida por dar a conocer a las nuevas generaciones la memoria del antifranquismo.

Militante obrera y comunista, la figura de Sirgo fue también releída en los últimos tiempos desde el punto de vista de género, como pionera de un cierto feminismo popular y de clase. Esther Barbón, secretaria de la Unión Comarcal del Nalón de CCOO, agradeció a Sirgo y su generación haber sido también pioneras como mujeres: “Que yo hoy esté aquí es uno de sus logros”. Barbón destacó también de Anita dos de los mensajes en los que más solía insistir cada vez que tenía ocasión: “nunca nos regalaron nada” y “no podemos dar nada por conseguido para toda la vida”. “La clase obrera y las mujeres no podemos dejar nunca las calles” recordó la secretaria general del sindicato, que llamó a una movilización permanente por unos derechos que siempre están en disputa.

“Tenía muy claro como quería que fuese el día de hoy, un día de lucha y de reivindicación”, expuso Ovidio Zapico, coordinador de IU Asturies y Consejero de Vivienda y Derechos Ciudadanos que en su intervención destacó la “generosidad” y la lucha de Sirgo por “un horizonte socialista que todos compartimos”. Para Zapico, su reconocimiento y magisterio no se agotaban en las siglas del PCE, IU y CCOO: “Anita es patrimonio de toda la izquierda y de todos los demócratas”. Una idea en la que también insistió el presidente autonómico Adrián Barbón, que agradeció la invitación a intervenir en la despedida a “una persona que luchó toda su vida por la democracia”. El también líder de la FSA, recordó algunas de sus conversaciones con ella, la última cuando la llamó por teléfono para felicitarla por su 90 cumpleaños: “Me dijo no te olvides de luchar“.
Una fuerza de la naturaleza, inasequible al desaliento. “Venía casi a diario al sindicato a ponernos las pilas” recordó José Manuel Zapico, secretario general de CCOO de Asturies, que la definió como una persona “imparable”, con tanta energía como generosidad.


El Frente Popular no faltó a la cita con Anita, que logró por un día reunir tras ella a todas las izquierdas asturianas. Comunistas del PCE, compañeros de IU y de CCOO, militantes de otras organizaciones como el PSOE, Podemos, Aína, el PCTE, Anticapitalistas, UGT, la CSI, SUATEA, CNT, CGT o LCT, marcharon en unidad y manifestación, tal y como ella siempre había pedido, hasta el Pozu Fondón, el lugar donde su marido Alfonso había sido minero, y donde ella misma se enfrentó a los esquiroles que amenazaban con romper la huelga en la primavera de 1962.



El féretro, llevado a hombros, y cubierto por las banderas roja y tricolor, recorrió casi dos kilómetros, con un multitudinario cortejo en el que destacaban las voces del movimiento feminista asturiano cantando “Gracias por dar tira, compañera Anita”. El 8M había llamado a acudir con zapatos de tacón y madreñes, dos símbolos asociados a la vida y la lucha de Anita. No fallaron.
Un mensaje de Unai Sordo, secretario general de CCOO, leído por José Manuel Zapico unas palabras de su bisnieta, Deva Carreño, agradeciendo en nombre de la familia las muestras de cariño, la plantación de un árbol y el canto de La Internacional, puño en alto, cerraron el acto a los pies del castillete del Pozu Fondón.



























