Este martes, cuando despedimos a Anita Sirgo, la mañana apareció amenazadora. El cielo era una nube negra, llovió, salió el sol y una espesa bruma tampoco quiso faltar a la cita, a ratos. Un día gris, invernal y asturiano, como si la tierra se sumara al homenaje a una de las mujeres que hizo historia entre su gente por su fuerza indomable, su coraje, su dignidad y su rebeldía. Pero finalmente dio paso a una tarde agradable durante la manifestación con la que Anita quiso que la recordáramos en su adiós. La naturaleza, que a veces desborda con su ira desatada, como hacía Anita frente a las injusticias, también mostró ayer su rostro apacible, que ella siempre tuvo con los oprimidos.
En el salón de actos de la sede de CCOO en La Felguera, donde se instaló la capilla ardiente, hubo una ceremonia de emotiva y sincera comunión de la izquierda asturiana. Anita era comunista, pero sobre todo un símbolo de la unidad de la izquierda por las bases, como atestiguaban la presencia y las sentidas palabras del presidente asturiano, el socialista Adrián Barbón. Cuando en esa misma cuenca minera, donde Anita se convirtió en un símbolo, la unidad de la izquierda llegó de las bases a las cúpulas, políticas y sindicales, mientras los mineros eran la vanguardia obrera que iba a cambiar al mundo de base, estalló la última revolución proletaria.
Las intervenciones ante el féretro con los restos de Anita tuvieron algo de homilía laica, con los clásicos ritos de la izquierda: la foto de la fallecida y los eslóganes en el estrado, los puños en alto y el canto final de La Internacional, que sonaba hermoso y emotivo en las voces de un improvisado coro rojo lleno de veteranos y veteranas que conocen bien la letra y entonan en perfecta armonía. Aunque cuando intervino el alcalde de Llangréu lo cierto es que la homilía, por su tono y su oratoria, más bien parecía religiosa, lo que es de entender teniendo en cuenta que Roberto García fue cura en esta misma cuenca del Nalón. Tanto recordaba a sus intervenciones ante sus feligreses en la iglesia de Ciañu que al final de su discurso hizo una alusión figurada a la necesidad de levantarse, como siempre hizo Anita en la vida, y algunos asistentes lo hicieron inmediatamente en medio de cierta confusión. Como Anita, pese a la represión que padeció y las desgracias que le deparó la vida era una mujer muy alegre que prefería las risas a las penas en su despedida, no es herejía sino cultivar el humor que ella siempre tuvo recordar el lema con el que Roberto García se presentó a la alcaldía con IU: Los problemas de Llángreu tienen cura.
Pese a la represión que padeció y las desgracias que le deparó la vida era una mujer muy alegre que prefería las risas a las penas en su despedida
Con Anita Sirgo no solo se va una mujer ejemplar con la que nunca pudo el franquismo ni el desánimo. También un mundo en el que ya faltan viejos luchadores como ella, el sonido de los turullos de las minas y las fábricas con las que se recibió su féretro en el pozu Fondón, las chimeneas arrojando humo, el río Nalón negro de carbón, las asambleas, las huelgas y los comités de solidaridad, una palabra sagrada en las cuencas mineras, santo y seña del movimiento obrero.

Asturias ya no es esencialmente obrera, el sector servicios es el más importante en su economía desde hace décadas y ahora pretende incluso potenciar ese cambio impulsando el turismo, un error que delata la miopía de sus gobernantes y sus clases dirigentes. En las dos principales ciudades, Uviéu y Xixón, gobiernan las derechas y la Asturias roja, revolucionaria, borracha y dinamitera se va perdiendo entre las nieblas del pasado, aunque perviva el mito. Pocas evidencias políticas más esclarecedoras de este tránsito que la crisis del socialismo en las dos grandes cuencas mineras asturianas, Llángreu y Mieres. La histórica FSA fue barrida electoralmente en dos concejos que son la cuna del socialismo español, en favor de IU, y el partido está en manos de gestoras. Ha influido indudablemente el escándalo de la corrupción del villismo y sus prácticas clientelares, pero también una dinámica histórica que hace retroceder a la izquierda en lo que fueron sus grandes feudos.
¿Se está haciendo Asturias de derechas y seguirá los pasos de Andalucía, donde el conservadurismo parece que llega para quedarse? ¿También aquí, tierra de lucha y resistencia, donde los cíclopes salieron de las entrañas de la tierra para asaltar el cielo, van prendiendo la resignación y el nihilismo? Anita Sirgo alertaba contra esa posibilidad, pero no podrá comprobar si se convierte en realidad.

Cuando la última manifestación que encabezó Anita llegó al pozu Fondón un cálido viento del Sur se abrió paso para recibirla, como si se sumara a aquel sentido homenaje multitudinario. Al salir de la sede de CCOO la primera mujer que pude ver portando el féretro era Rocío Antela, ahora concejal de Cultura de Mieres, una joven con el remangu, la vitalidad, la rebeldía y el espíritu de lucha de Anita. Luego la volví a ver, con otras compañeras, rojas y feministas como ella, golpeando el suelo con sus madreñas mientras gritaban: Compañera Anita, gracias por dar tira.
Habrá que ver si Asturias se hace de derechas. Puede que el proceso no sea inevitable, el futuro nunca está escrito. Anita, y con ella tantos hombres y mujeres heroicas de la Asturias del siglo XX, la que nos trajo el Estado del Bienestar ahora cuestionado, deja ejemplo, magisterio y seguidoras. Tiraba maíz a los esquiroles, pero es como si hubiera plantado también la semilla de la insurrección para las generaciones venideras. Y contemplando su poética despedida en el pozu Fondón, parece claro que cuajó.



























