“En Amazon los trabajadores se convierten en una pieza más de una maquinaria de supercontrol”

En “Amazon desde dentro: el secreto está en la explotación”, la historiadora y periodista Josefina L. Martínez disecciona la multinacional norteamericana.

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Josefina L. Martínez nació en Buenas Aires, vive en Madrid y es historiadora y periodista. Colaboradora habitual de CTXT o Izquierda Diario, acaba de publicar “Amazon desde dentro: el secreto está en la explotación” (Editorial Escritos Contextatarios). “Este libro recoge las voces en primera persona de quienes están enfrentando los retos de construir un sindicalismo que no se conforma con perseguir determinadas mejoras laborales, sino que plantea un cuestionamiento de la ordenación económica y social del mundo desde el corazón de la bestia”, escribe Pastora Filigrana en el prólogo. En poco más de cien páginas, Martínez refleja el funcionamiento interno de Amazon, las condiciones laborales de sus trabajadores, las estrategias antisindicales de la empresa, el uso de la tecnología al servicio de la vigilancia y, lo que a su juicio es más importante, las luchas contra la precariedad que surgen dentro de la compañía.

¿Por qué un libro sobre Amazon?, ¿de qué modo representa Amazon algo así como el nuevo espíritu del capitalismo?

Amazon es presentado un poco como la imagen paradigmática del nuevo capitalismo de las tecnológicas y de las plataformas y de un capitalista, Jeff Bezos, que ascendió desde su pequeña empresa por su capacidad personal hasta convertirse en un millonario, todo ese relato de la meritocracia capitalista. Creo que lo interesante es mostrar la idea de que el secreto de Amazon no es ni la genialidad de Jeff Bezos, ni el Big Data ni la tecnología, sino que el secreto está en la explotación.  El primer dato que llama la atención es que Amazon tiene una fuerza laboral de un millón y medio de trabajadores, que es una fuerza laboral en condiciones de extrema precariedad, que está sometida a mecanismos de control disciplinario del trabajo muy fuertes, que lleva a los trabajadores a decir “no somos robots”. El libro tiene el propósito de oponer a ese relato del capitalismo meritocrático la visión de que el secreto de las ganancias capitalistas sigue estando en la explotación y la precarización de millones de trabajadores.

¿Cuál es la forma en la que Amazon trata de convertir en robots a sus empleados?

Podemos decir que hace lo que hacen todos los capitalistas, que es tratar de controlar todo lo posible el tiempo, extraer la mayor cantidad de tiempo de trabajo a sus trabajadores. Pero la novedad de Amazon es que utiliza formas tecnológicas muy avanzadas para reproducir esas formas de control disciplinario del trabajo. Por ejemplo, los famosos escáneres que cada trabajador tiene que llevar. Un escáner que controla cada movimiento que hace, le cuantifica cuánto tarda entre un movimiento y otro. Luego genera una serie de informes estadísticos de ese trabajador para ver si trabajó más rápido o lento ese día, y eso lleva a que toda una jerarquía de supervisores vayan viendo qué pasó y por qué se retrasó ese día dos minutos más. La utilización de la tecnología en Amazon, en vez de estar al servicio de aliviar las cargas del trabajo físico o mental, está puesto al servicio de extraer más explotación, de controlar e intensificar los tiempos de trabajo. De ahí esta idea de los trabajadores de “no somos robots”, porque los convierten casi en una pieza más de esa maquinaria de supercontrol que hay en Amazon.

Además de la tecnología, está la inmensa cantidad de recursos que Amazon destina a sus campañas antisindicales

Amazon quiere trabajadores esclavos. Quiere que no haya ningún tipo de resistencia a esta forma de explotación del trabajo brutal que ejerce y para eso busca evitar por todas las vías la organización de los trabajadores. En Estados Unidos paga millones y millones de dólares a empresas de, pongámosle entre comillas, recursos humanos, pero que en realidad son lobbies antisindicales que amedrentan a los trabajadores para impedir su organización sindical: desde convocarlos a reuniones individuales con los jefes y hacer campañas terribles contra la organización sindical hasta campañas directamente de desprestigio de los nuevos activistas espiando su vida personal para provocar incidentes o bulos entre los trabajadores. En Estados Unidos hemos vivido estas guerras antisindicales de Amazon, y por eso hay pocos lugares de Amazon en Estados Unidos que están sindicalizados. Y esa justamente es la base: Estados Unidos es el territorio base mayor de esta empresa. Esto nos indica mucho de cómo actúan. Pero los trabajadores de otros centros, por ejemplo, en Madrid o en Barcelona, nos comentan que esa práctica antisindical también se reproduce aquí. Y hay otros mecanismos que utiliza para tratar de que las huelgas no se extiendan, que es sobre todo la contratación masiva de trabajadores temporales y de subempresas que trabajan únicamente para Amazon. Eso es todo un mecanismo para tratar de evitar tener trabajadores directos e impedir la organización sindical. Pero lo interesante, y eso es lo que trato de mostrar en el libro, es que Amazon está siendo desafiado en distintas partes del mundo por trabajadores que son muy precarios, que muchas veces son migrantes, mujeres, de distintos sectores de la clase trabajadora, y están buscando la manera de superar esas trabas y de organizarse.

Cuando Amazon va a abrir una planta en algún lugar siempre se habla de la cantidad de puestos de trabajo que va a crear, de cómo va a dinamizar la economía de la zona pero, ¿cómo es el tipo de empleo que ofrece Amazon?

El que se da en Amazon es un trabajo extremadamente precario, y todos los trabajadores te cuentan que es muy duro física y psicológicamente. Los que recién entran a Amazon porque necesitan mucho el trabajo tratan de cumplir permanentemente con esas metas que les imponen. Amazon fomenta mucho la competencia entre los trabajadores. Esta forma de medir cada día el rendimiento también es una forma de poner a competir a los trabajadores entre sí y tratar de que hagan un esfuerzo más en esa precarización. Y al mismo tiempo la presión psicológica que implican las formas de control. Otro elemento es que en cada gran almacén de Amazon prácticamente más de la mitad de la plantilla son trabajadores temporales con una enorme rotación. Incluso hay muchos trabajadores que pueden pasar varias temporadas haciendo esa rotación y volviendo, y entonces Amazon les promete que si rinden bien, podrán ser llamados de nuevo contratar en otra oportunidad.

“La tecnología en Amazon está puesto al servicio de la explotación”

Esa es otra forma de evitar que se creen vínculos en la plantilla, ¿no?

Exacto. Y cada vez que está anunciada una huelga, las semanas previas hay una gran contratación de trabajadores temporales para tratar de romper las huelgas.  Ese es un mecanismo muy clásico. Otra es dividir a los sectores de la plantilla, por ejemplo, los del reparto. El reparto es una pieza clave en Amazon, pero en general trabaja con sectores externalizados que tienen mucha dificultad para exigir condiciones laborales.

En el libro habla de las consecuencias psicológicas de estar sometido a esa disciplina y vigilancia tan estricta

Sí, hay un alto grado de absentismo. Por ejemplo, los trabajadores de la planta de San Fernando de Henares, que es uno de los primeros almacenes de Amazon en España, nos comentaban que allí hay un grado de absentismo muy alto y es una de sus grandes peleas: el reconocimiento de enfermedades laborales, afecciones corporales, dolores, problemas de espalda…que la empresa no reconoce.

Un trabajador de Amazon muestra el libro frente a la planta de la multinacional en San Fernando de Henares (Madrid)

Parece que, tras el boom de la pandemia, Amazon ha tenido que recular en varios de sus proyectos, al menos en España, y ha despedido a decenas de miles de trabajadores en todo el mundo, ¿qué conflictos está generando esto?

Hay que remarcar que en la pandemia el crecimiento de Amazon fue brutal. Mientras todo el mundo padecía la pandemia, para Amazon fue la gran oportunidad de hacer enormes fortunas. Y lo mismo pasó con otras empresas tecnológicas o de venta online. Pero después de mantener esta política expansiva que le permitió arrasar con la competencia, hacerse de nuevos mercados, ya a comienzos del 2022 empezó a anunciar que iba a despedir alrededor de 18.000, 20.000 trabajadores en todo el mundo. Son empresas que aprovecharon para hacer fortunas en los momentos de la pandemia y cuando llega el momento de reacomodarse a la nueva situación descargan el ajuste sobre los trabajadores y trabajadoras. Eso ha generado ya distintas huelgas y protestas importantes, por ejemplo en Sevilla o Barcelona recientemente, pero también a nivel global. Yo venía siguiendo mucho el proceso de huelgas en Reino Unido, que es muy interesante, y tuve la oportunidad de entrevistar a algunos de los delegados de ese proceso. Y ahí también se da esta combinación de intento de ajustar sobre los trabajadores, pero también la lucha por el salario, por la organización sindical y otras demandas.

Josefina L. Martínez. Foto: Lara Santaella Carretero

Otro tema importante que aparece en el libro es la ingeniería jurídica y societaria de Amazon, que pretende minimizar el pago de impuestos, buscar ventajas fiscales, ganarse el favor de las administraciones…¿cómo funciona su estrategia?

Sí, esto es interesante porque este tipo de capitalista se nos presenta con un discurso que dice que ellos llegaron hasta donde están porque hicieron el esfuerzo, porque mostraron su capacidad; y que el pobre lo es porque no se ha esforzado lo suficiente. Pero en realidad son parásitos que se aprovechan no solo de la explotación de la mano de obra, sino también, de esas ventajas que imponen al Estado y que consiguen en forma de subsidios para poner un almacén en determinado lugar o con distintas formas para evadir impuestos. Es decir, esos capitalistas venden un discurso, pero toda su acción es la contraria. Lo que hacen es vivir de las prebendas que le quitan al Estado, evadir impuestos y además aprovecharse de todas las ventajas contra los propios trabajadores. En el esquema de Amazon esto tiene que ver con que existe a nivel global y tiene distintas sedes fiscales que cambian de acuerdo a su propia conveniencia. Aquí en Argentina hay un caso muy parecido, que es un empresario que puso un sistema que se llama Mercado, pago de venta online, que es hoy uno de los empresarios estrellas de Javier Milei. Para Milei este tipo de capitalistas serían como el modelo a seguir para mostrarnos que eso demuestra el triunfo del capitalismo. Bueno, en realidad muestra que los capitalistas viven a expensas de las prebendas que le quitan al Estado, de evadir impuestos, etc.

Pintada en el almacén de Amazon en Siero FOTO: Luis Sevilla

También refiere en el libro esa tendencia de Amazon al monopolio, a depredar todo el mercado y acabar con la competencia

Sí, algunos investigadores muestran que Amazon se convirtió en algo así como un pulpo que controla todas las redes de las cadenas de valor, de distribución y las cadenas logísticas a nivel global. Pero no solo eso, porque Amazon tiene además el control de la plataforma online y las redes de almacenes y precios que le permite detectar de forma inmediata qué productos se están demandando más que otros en determinado lugar, y así poder ofrecer productos que compitan a precios más bajos. Ese es un mecanismo monopólico típico para arrasar con la competencia y poder quedarse con cuotas cada vez más mayores del mercado. Estas grandes empresas tecnológicas lo que han hecho es reproducir a escala aún mayor la concentración y centralización del capital, es decir, la formación de grandes multinacionales monopólicas que compiten entre ellas como pulpos dejando a los peces chicos fuera de fuera de juego.

Por último, quería preguntarle cómo ve el futuro de Amazon en este contexto en el que se habla de desglobalización, de la crisis de las cadenas suministro just in time, que son las que posibilitan que existan empresas como Amazon. ¿La empresa sería capaz de adaptarse a una economía más proteccionista, si esas cadenas logísticas y de valor tan complejas y extensas como las de las últimas décadas empiezan a fallar?

Es difícil de hacer un pronóstico. Lo que sí creo es que hay que tomar nota de que esas tendencias contradictorias están en el escenario global. Tenemos la posibilidad muy pronto, por ejemplo, de que vuelva Trump al gobierno en Estados Unidos. Tenemos tendencias a mayor soberanismo y choques comerciales entre potencias, por ejemplo, entre China y Estados Unidos, o en la propia en Europa. Pero a su vez se mantiene una estructura del capital global que es difícil de revertir rápidamente. Creo que vamos a ver mayores choques y contradicciones y también escenarios que para la mayoría de la población del planeta son trágicos, como las guerras que estamos viendo o el genocidio en Palestina. En el marco de un mundo más convulsivo no sé cómo será la vía de adaptación de estos sectores capitalistas. No creo que se pueda revertir por completo la internacionalización extrema que ha llegado el capitalismo en el siglo XXI, o por lo menos no se podrá revertir sin grandes crisis. Lo que creo es que vamos a un escenario global convulso y donde también en estas grandes estructuras del capitalismo vamos a ver mayores luchas, mayores resistencias de esa clase obrera diversa y precaria que vemos en distintos lugares, y ese es el ángulo que a mí me interesa. Y yo creo que eso va a ser un gran paso hacia el futuro, porque a veces se habla mucho de Amazon, de su acumulación de riqueza, pero se habla poco del proceso que hay por debajo de resistencia. Y aunque todavía sea inicial, me parece que es muy interesante registrarlo y ver las potencialidades que tiene. Yo termino el librito con la idea de si expropiamos Amazon, ¿qué pasaría? Si toda esa capacidad de logística, tecnológica, de instalación pudiera ser pensada no al servicio de las ganancias de un supermillonario como Bezos, sino al servicio de necesidades sociales. Creo que otra cosa muy diferente se podría empezar a pensar.

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