‘El abismo del olvido’, un grito de libertad

El historietista Paco Roca y el periodista Rodrigo Terrasa firman un cómic sobre el proceso de exhumación de las fosas de Paterna, Valencia.

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Arantza Margolles
Arantza Margolles
Es historiadora.

El encuentro fue en el 1 de la plaza de Riego, en la sala de actos, abarrotadísima, de la librería Matadero Uno, pero por un momento el público asistente a la presentación de la magistral ‘El abismo del olvido’, de Paco Roca y Rodrigo Terrasa, viajó en la distancia hasta la plaza del Carbayón. Allí se alza la escultura que Esperanza d’Ors concibió bajo el título ‘Cabeza de manifestación’ y el gabinismo imperante en 1997 renombró “La concordia”. Por si las molestias. Lo recordó en su presentación Celso Miranda. Aquello fue hace 27 años pero hoy, a escasas semanas del nacimiento de la Ley de Concordia de PP y Vox en Castilla y León, nos suena a una premonición que en su momento no supimos ver. Frente a la corrupción de la palabra en estos tiempos complejos para la Memoria, la obra de Roca y Terrasa lanzó al viento ayer su grito de libertad.

La reivindicada por Pepica Celda, por ejemplo, hija coraje de 91 años hoy y que tenía ocho cuando su padre José fue fusilado junto a otros once hombres y arrojado a una de las fosas comunes del cementerio de Paterna, en Valencia, para recuperar el cuerpo de su padre. No lo tuvo fácil. En el año 2013, Rodrigo Terrasa recuperó su historia para el diario ‘El Mundo’, y de aquel artículo nació una necesidad: que Paco Roca la dibujara. Pero el valenciano, tal y como reconoció ayer en Matadero Uno, no las tenía todas consigo. “Un cómic es un proceso muy largo”, dijo; “yo ya había tratado el tema de la posguerra y la represión en ‘Regreso al edén’”…  pero Terrasa insistió. Y de ahí nació la obra que hace unas semanas ‘El País’ definió como aquella que había roto “los límites del cómic”.

Celso Miranda, Paco Roca y Rodrigo Terrassa. Foto: Alisa Guerrero

También de eso se habló en Matadero Uno. “’El abismo del olvido’ trasciende al cómic”, defendió Celso Miranda, directivo de La Ciudadana y presentador del acto, quien prefirió denominarla como ‘novela gráfica’. Los autores evitaron la discusión sobre el género, inevitable desde el golpe en la mesa de ‘Maus’ (1991) como captador de lectores ajenos al mundo del cómic, y se centraron en proceso de creación de ‘El abismo del olvido’, una obra en la que fue esencial una intensa documentación y el contraste de los testimonios orales con la realidad. “En algunos de aquellos testimonios, que eran relatos ya creados tras años de ir de boca en boca, se decía que las monjas de la cárcel portaban pistola”, recordó Roca. “Nos hubiera encantado dibujarlas, pero los historiadores a los que consultamos nos disuadieron de la idea”.

Público asistente al acto. Foto: Alisa Guerrero
Público asistente. Foto: Alisa Guerrero
Paco Roca. Foto: Alisa Guerrero

La imagen de una monja armada hasta los dientes hubiera sido, qué duda cabe, muy gráfica, pero con la realidad basta. La luz, esencial en el relato, también salió a la palestra con las primeras viñetas del cómic: un fusilamiento bajo el sol radiante de una tarde de septiembre en Valencia. “Era mucho más dramático mostrar la escena con sol”: tal y como había ocurrido. Así, “huyendo del discurso más electoralista y tóxico”, defiende Terrasa, y centrando “lo esencial en los personajes” se ha construido el cómic del año. Un oasis de calma, que no de concordia, en medio del farragoso terreno político donde, según Roca, “hay siempre un yin y un yan, demasiado ruido”.

Sobre las enervadas discusiones en Twitter (ahora X), sobre leyes que deforman la Historia, sobre el odio y sobre una historiografía “que aún hoy habla de alzamiento nacional y no de un golpe de estado” emerge, eterna, la figura de Pepica Celda. Una mujer que quizá, como decía Miranda, “no detendría con violencia un mítin de Vox”, pero que ya octogenaria consiguió poner en marcha la exhumación de centenares de víctimas de la represión franquista con el único afán de recuperar los restos de su padre. Se dice pronto y se cuenta en las 296 páginas de ‘El abismo del olvido’, que ayer, en Oviedo, congregó a un centenar de personas y dos horas largas de firma posterior.

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