Aventuras en los últimos días del comunismo primitivo

Pilar Sánchez Vicente publica "Madrebona", una novela histórica protagonizada por un buhonero del 4.500 antes de Cristo.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

En sus escritos históricos Karl Marx y Friedrich Engels definieron el tiempo previo a la revolución neolítica como la larga era del “comunismo primitivo”, miles de años en los que las sociedades humanas se dedicaron a la caza y la recolección, viviendo en pequeñas comunidades seminómadas, muy horizontales, en las que apenas existían las posesiones y la desigualdad social. “El jefe era el más sabio y no el más rico” resume la novelista e historiadora Pilar Sánchez Vicente sobre un mundo que también tenía sus propios dioses que entrarían en crisis con el paso a la agricultura y la ganadería.

En los últimos días de aquel mundo que iba a ser barrido por la llamada revolución neolítica, se ambienta “Madrebona”, una novela histórica y de aventuras en la que su protagonista, Ekro, recorre el Mediterráneo del 4.500 antes de Cristo, para acabar recabando en la costa asturiana, donde habitan los últimos seguidores del culto a la luna, en el que había sido educado en Creta por su madre. Son los cazadores recolectores asturienses, un pueblo que vive de la caza, la pesca y el marisqueo, y que está a punto de ser devorados por una civilización neolítica que llega desde Oriente Medio, pero que en su expansión también está transformando radicalmente las formas de vida en la cornisa cantábrica.

Sánchez Vicente ha querido fijarse en el crepúsculo de esta “virginidad de la especie”, previa a la aparición de la propiedad privada

Sánchez Vicente, que vuelve con esta, su novela número 12, al género histórico, ha querido fijarse en el crepúsculo de esta “virginidad de la especie”, previa a la aparición de la propiedad privada y las desigualdades sociales, no sólo de riqueza, sino también de género, ya que el neolítico va a inaugurar un nuevo tiempo marcado por la dominación masculina. “Las sociedades de cazadores y recolectores eran pequeñas y todo el mundo hacía falta en todo. Las mujeres participaban en igualdad en todas las tareas. Eso empieza a cambiar con el neolítico” explica.

Pilar Sánchez Vicente en el Museo Arqueológico de Asturias con una punta paleolítica. Foto: Alisa Guerrero

Historiadora de formación, Sánchez Vicente cuenta que comenzó a imaginar la trama de “Madrebona” en sus años de estudiante en la Universidad de Oviedo/Uviéu. El arqueólogo Javier Fortea, reconocida autoridad académica en lo que respecta al paleolítico, planteó en un examen la pregunta de cómo una pieza de cerámica mediterránea podía haber aparecido en un yacimiento asturiense del final del paleolítico. Una joven Sánchez Vicente echando la imaginación a volar escribió varios folios sobre un buhonero que habría llevado la pieza desde un punto a otro del Mare Nostrum a través del intercambio comercial. La explicación, tan especulativa como convincente, cayó en gracia al reputado arqueólogo, que calificó con un sobresaliente a Pilar. Era el año 1979, y faltaban más de 40 para que aquella improvisación de una estudiante se convirtiera en una novela de 300 páginas que ahora publica Roca, editorial del grupo Penguin Random House.

Ekro, un crentense en la Asturies epipaleolítica

Ekro, el primer protagonista masculino en una novela de Sánchez Vicente, es un cretense
que disfruta de una vida apacible y tranquila hasta que unos invasores asaltan su pueblo, asesinan a su familia y le convierten en esclavo. Llevado a la costa de Oriente Medio, conoce en Tiro, en el actual Líbano, la sociedad más urbana y avanzada de su época, pero siguiendo la voz de la diosa Madrebona se las apaña para migrar hacia el Oeste junto a una niña sordomuda a la que salva de ser linchada.

“Me atraía mundo que el protagonista se convierta en el testigo de un mundo que está viviendo la mayor transformación histórica hasta la revolución industrial”

Ekro, el buhonero que Sánchez Vicente había imaginado en 1979 en la Facultad de Filosofía y Letras, “aprende a coser y trabaja al principio como cosedor itinerante, pero luego empieza a intercambiar objetos y se convierte en buhonero” explica la autora, que matiza que las sociedades del 4.500 a.C. también conocían el comercio y los intercambios culturales.

Pilar Sánchez Vicente en el Arqueológico. Foto: Alisa Guerrero

“Me atraía mundo que el protagonista se convierta en el testigo de un mundo que está viviendo la mayor transformación histórica hasta la revolución industrial” expone la novelista. Las cosas no fueron en todo caso de un día para otro, y tampoco de un modo siempre pacífico. Mientras surgían sociedades urbanas, desiguales, jerárquicas y con acumulación y desposesión de riqueza, muchos cazadores y recolectores seguían con sus estilos de vida tradicionales y no manifestaban demasiado interés por cambiarlo. “Es un proceso lento en el que llegan a convivir comunidades con modos de vida muy distintos. En Asturies por ejemplo coexisten los megalitos con los últimos restos de la cultura aziliense” relata Sánchez Vicente, que compara lo que sucede en esos siglos con otros momentos de choque de civilizaciones como fueron las sucesivas llegadas de europeos al continente americano. También, dato importante, por el grado de violencia.

Y es que Madrebona va también de genocidio y resistencia armada. Un enfrentamiento a orillas del Mar Cantábrico en el que los habitantes de la Playa de Madrebona, en el concejo de Carreño, se resisten por todos los medios, a la colonización que quieren imponerles los habitantes del cercano monte Areo, en los limites con Xixón. Todos los ingredientes pues para una novela de aventuras que quiere sumergir al lector en el ocaso y el inicio de todo.

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