Cooficialidad: zona políticamente radioactiva

Álvaro Queipo no tiene suficiente poder interno para iniciar el debate sobre el reconocimiento del asturiano.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

La cooficialidad se ha convertido en el termómetro que mide el verdadero liderazgo de las dos grandes fuerzas políticas de esta región. Para el PSOE, significa admitir que no tiene parlamentarios suficientes parar iniciar la modificación del Estatuto de Autonomía. También expresa la debilidad de Adrián Barbón, su Secretario General, en términos de voto, y el intento de arrastrar al resto de fuerzas políticas y sociales hacia un voluntarismo que conduce a la frustración. La FSA ha perdido peso en la Junta del Principado. Proponer la reforma del Estatuto, que no la cooficialidad, en esta tesitura parlamentaria, lejos de ensanchar el bloque de la izquierda, lo encoje. Para el PP, en cambio, la cooficialidad supone reconocer que su líder, Álvaro Queipo, no tiene suficiente poder interno para iniciar ese debate, aunque esté dispuesto a afrontarlo en otros términos. Queipo es el Presidente del PP pero todavía no es el líder absoluto del PP. Sabe que si se incorporase a ese debate provocaría un movimiento bastante violento e insólito en su organización que pondría en serios aprietos al bloque de la izquierda al tiempo que abriría una grave crisis interna. El propio pragmatismo de Queipo, tan útil en otras circunstancias, le impide dar ese paso porque la cooficialidad también le pondría en serios aprietos a él mismo. Ni Luis Venta, ni Beatriz Polledo en la Junta, ni Esther Llamazares en el Congreso ni Mercedes Fernández en el Senado la quieren y lo han expresado abiertamente desde hace muchos años: “asturiano sí, oficialidad no”.

Foto: Gobierno de Asturias

La cooficialidad de la llingua es una zona políticamente radioactiva para uno y otro. Desde que Adrián Barbón es Presidente del Principado, el debate institucional de la cooficialidad se ha convertido en el conejo que siempre llega tarde a los sitios. Barbón, con la cooficialidad en la mano, se ha convertido en el conejo de Asturias. En la legislatura pasada, la cooficialidad irrumpió en el parlamento tras rebasar el meridiano y con un escaso horizonte político por delante. El debate de la cooficialidad ocupó varias semanas. Llegó tarde, se quedó en nada y dejó un rastro gris en la gestión, resuelto con pocas leyes y un claro declive político que casi le cuesta un gobierno a la FSA. Para Álvaro Queipo, el acercamiento a la Academia de la Llingua de las semanas pasadas es el infructuoso intento de ejercer un liderazgo más allá de su partido que no termina de cuajar. Sostenido por Tellado y Feijóo, aún necesita tiempo y suficientes garantías como para asegurar que sea el próximo candidato del PP. Como decíamos aquí hace unos días, las fuerzas vivas de su partido le han dicho que por ahí no. En realidad, Queipo tiene una autopista para él y su partido en otras materias en las que puede resultar atractivo, incluso, para un votante de centro izquierda. La cooficialidad convertida en señuelo, no lo es.

En la última sesión de control parlamentario que tuvo lugar en Fruela, Adrián Barbón anunció que iría a una votación sobre la cooficialidad, “hasta el fin”, es decir, hasta la reforma del Estatuto. En la FSA han reproducido un dejá vu, porque han sabido detectar la grieta del PP. Pero están más preocupados en poner de manifiesto las contradicciones internas de los populares que enfocados en desarrollar la importancia de la Llingua en términos políticos o jurídicos. Por su parte, Queipo, que suele hacer unas lecturas muy inteligentes y acertadas de cada momento parlamentario, logra escabullirse de la trampa habitualmente, sumándose o retando a Barbón. Esta semana repelía el ataque del Presidente del Gobierno con otra propuesta, el más difícil todavía, al proponer a Barbón a unas elecciones anticipadas. Las encuestas que manejan los populares dibujan una derrota de los socialistas. Un diputado menos en el oriente y en caída.

Queipo, Feijóo y Canteli. Foto: Iván G. Fernández

¿Está el PP en condiciones de afrontar una reforma del Estatuto de Autonomía? Claramente, no. ¿Está la FSA en condiciones de ganar en estos momentos unas elecciones? Obviamente, tampoco. Pero en el cómputo total de desventajas, quien pierde más puntos entre los votantes retomando el debate de la cooficialidad está siendo la FSA y el bloque de la izquierda. Sumergido en una espiral de desencuentros con agrupaciones territoriales, ministros y socios de gobierno, Barbón no hace otra cosa que debilitarse y acentuar su soledad, cansado y errático en la toma de decisiones. Si dibujáramos una estadística que midiese la frecuencia con que el Secretario de la FSA comete errores propios en su gobierno, observaríamos que cada vez resultan más recurrentes y cercanos entre sí. Si Queipo es un dirigente que conserva las expectativas entre su electorado para consolidarse como líder del centro derecha, Barbón es un líder que las pierde, más distraído en defender la “autoritas” entre los suyos antes que en gobernar. Permanecer mucho tiempo en zona radioactiva, produce alteraciones de la realidad y puede ser políticamente mortal.

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