La necesidad de un Centro de Documentación de Artes Escénicas de Asturies

El patrimonio escénico asturiano está sin catalogar ni sistematizar y el acceso al mismo es complicado, diseminado en colecciones personales.

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Antón Caamaño
Antón Caamaño
Actor y direutor d’escena. Doctor n’Artes Escéniques.

La Comédie-Francaise se funda en París en el año 1680, a partir de un decreto del
Rey Luis XIV, con la intención de unir dos compañías de teatro rivales de aquel
tiempo, la del Hôtel Guénégaud y la del Hôtel de Bourgogne. Actualmente tiene
ámbito estatal y cuenta con una plantilla estable de actores; un modelo similar al
que siguió muchos años más tarde el Centro Dramático Nacional español (CDN) que
se crea en el 1978. El CDN tenía encomendadas tres misiones fundamentales:
cuidar el patrimonio del teatro clásico español; difundir las creaciones de nuevos
dramaturgos, e investigar en nuevas formas escénicas. Ese modelo —con
variaciones— fue adoptado posteriormente por la mayoría de las administraciones
de las Comunidades Autónomas españolas para sus respectivos territorios, a
excepción de alguna como Asturies.

Numerosas voces, empezando por la del actor Pedro Granda, y hasta los más
actuales Nel Amaro, Adolfo Camilo Díaz o el grupo Telón de Fondu, en innumerables
encuentros del sector o a través de publicaciones fijan los términos del debate sobre
lo que es o debe considerarse Teatro Asturiano, sobre la validez o no de la llingua
asturiana como instrumento del mismo, o sobre las perspectivas de su desarrollo. En
los años posteriores a la transición, el entonces Consejo Regional de Asturias
recogería la propuesta de la Asamblea de Permanente de Teatro (1976-1984) sobre
la creación de un centro regional de teatro que asumiera funciones archivísticas,
educativas o de gestión, y mantendría con esa intención reuniones con actores,
compañías e investigadores. En un acta de dicho Consejo de fecha 22-02-1982,
queda recogido lo siguiente: “…se presentó un proyecto estructurado de Centro
Dramático Asturiano. Desde ese proyecto, se han venido celebrando una serie de
reuniones en las cuales la idea original ha sufrido una serie de modificaciones hasta
convertirse en el Instituto del Teatro de Asturias”. Efectivamente, el desaparecido
ITAE disponía de un Centro de Documentación, función que al poco tiempo dejaría
de ser una prioridad, centrándose en su cometido como escuela. En aquel tiempo,
tanto la asociación de compañías profesionales ACPTA como el sindicato Unión de
Actores de Asturies se hacen eco en diversos documentos de la inexistencia de un
centro de documentación y de un centro de producción teatral público de titularidad
autonómica. En suma, aún se conservan algunos materiales del antiguo centro de
documentación del ITAE en la biblioteca de la actual ESAD, y, por otra parte, a nivel
particular, el investigador y hombre de teatro Boni Ortiz levanta acta heroica y
puntualmente de la actividad teatral que se registra en Asturies en los Anuarios que
viene publicando desde el año 2003. Eso es todo.

Compañeros de profesión de José Antonio Lobato junto a su vida Gladys y su hija Elisa. Foto: Iván G. Fernández
Producción de Higiénico Papel. FOTO: HPT.

El legado de las Artes Escénicas asturianas con denominación de origen (que no se
limita a teatro costumbrista o popular) es muy relevante; no sólo en cuanto a textos
dramáticos se refiere, sino también trabajos de investigación, debates,
publicaciones, vídeos, tesis y otros materiales.

Actualmente, aparte de los ejemplos mencionados, el patrimonio escénico asturiano está sin catalogar ni sistematizar y el acceso al mismo es complicado, ya que se halla diseminado por diversos museos, bibliotecas, colecciones particulares, archivos de compañías o estanterías sumidas en el olvido. Como para todo lo relacionado con la cultura o las artes escénicas, en esta comunidad llevamos unos cuarenta años de retraso respecto al resto, y gran culpa la tiene el no habernos dotado en su día de los instrumentos necesarios para su afianzamiento y desarrollo, o, si los hubo, el que no fueran efectivos. Parece necesaria, pues, al par del feliz proceso de recuperación de la Filmoteca Asturiana – un caso bastante similar al que nos ocupa, incluso complementario al mismo– la creación de un Centro de Documentación de Artes Escénicas, donde el sistema escénico asturiano se pudiera reconocer y se homologara con el de otras CCAA del
territorio del estado; desde donde se promovieran investigaciones y propuestas en
el marco educativo; y a partir del que se creara un centro de producción para el
repertorio propio de nuestra comunidad, dentro del que compañías y artistas
articularan su participación y trabajo sobre éste si lo consideraran pertinente. Luego
ya se entraría en discusión sobre qué modelo seguir para todo ello: puede haber
muchos. En todo caso, lo más lógico sería que se tratase de una iniciativa pública,
ya que las instituciones tienen el deber de cuidar del patrimonio cultural; no obstante,
tampoco se puede descartar una iniciativa privada en ese sentido, aunque eso
supusiera en principio un titánico esfuerzo: no todo el mundo es Luis XIV.

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