Oviedo bajo la influencia: así se reparten los fondos de inversión el pastel

Dos empresas suizas, Varia Structured Opportunities, y Ginkgo, protagonizan controvertidas operaciones urbanísticas en la capital asturiana.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El gobierno de Alfredo Canteli ha decidido a hacer un más rico a un rico. El afortunado se llama Jaume Sabater, es hijo del que fuera correligionario y banquero favorito de Jordi Pujol, y es el CEO de Stoneweg, matriz de Varia Structured Opportunities, el fondo de inversión hispanosuizo que va a revender la fallida galería comercial del Calatrava al Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu por 4,856 millones de euros. Spoiler: se va a llevar un buen pellizco en la operación.

Sobre Sabater y sus múltiples escándalos inmobiliarios sabemos mucho, sobre qué qué se va a hacer desde el Ayuntamientos con esos 63.000 metros cuadrados de Calatrava casi nada. Es todavía un enigma que nadie quiere responder en el gobierno local aunque desde la oposición se haya preguntado reiteradamente sobre ello.

El fondo de inversión, recordemos, se quedó el Calatrava a finales de 2022, tras un concurso de acreedores, a cambio de asumir las deudas de su anterior propietario, Estabona, con el Ayuntamiento: 3,6 millones de euros en impagos del IBI.

En prensa anunciaron a bombo y platillo su proyecto de relanzamiento del edificio, pero todo al cocer mengua

En prensa anunciaron a bombo y platillo su proyecto de relanzamiento del edificio, pero todo al cocer mengua, y en este caso todavía más. El papel de Stoneweg ha terminado siendo no el de un “revitalizador”, sino el de un “revendedor”, un mero intermediario que traspasa al Ayuntamiento, por casi 5 millones de euros, un auténtico muerto urbanístico con el que nadie sabe qué hacer. Dato importante: no han gastado ni un euro en una mano de pintura desde que se quedaron la fallida galería comercial. Por esta operación ganarán 1,2 millones de euros. Un negocio redondo, muy lejos de “gratis total” que había prometido el alcalde Afredo Canteli, que en su anterior mandato se enfrentó al edil del PP Javier Cuesta por decir que esto no lo veía muy claro. Hoy Cuesta está fuera y el Calatrava dentro.

Jaume Sabater Martos, CEO de Stoneweg.

Ginkgo contra el patrimonio industrial

Ubicada en pleno corazón del casco histórico ovetense, la vieja Fábrica de Gas de la ciudad aguarda desde hace décadas una nueva vida. Estuvo a punto de ser adquirida por el Ayuntamiento en el gobierno de la izquierda ovetense, pero la compra no llegó a formalizarse, y Canteli la descartó. Finalmente EDP, propietaria del recinto, de 1850, lo vendió a Ginkgo, fondo suizo especializado en lidiar con terrenos contaminados y antiguas parcelas industriales.

Los suizos buscan la máxima rentabilidad a su inversión y eso choca con la protección que a día de hoy cuenta el conjunto fabril. Dado que el fondo aspira a construir 158 viviendas, 63 más de las que hoy se permiten, Ginkgo pide rebajar protección y rellenar por ejemplo el gasómetro de pisos. El fichaje del prestigioso arquitecto Patxi Mangado juega un papel clave en embellecer la operación urbanística y legitimar desde la posición de un Premio Nacional de Arquitectura lo que sería en la práctica arrasar una de las últimas fábricas de gas que se conservan íntegras en Europa.

Recreación del impacto del Plan de Patxi Mangado sobre la Fábrica de Gas de Oviedo. Foto: Fábrica de Gas e Ideas.

PSOE, IU, Vox y Fábrica de Gas e Ideas han pedido a la Consejería de Cultura que se mantenga firme en la defensa de la protección del patrimonio industrial. De momento el Principado se mantiene su compromiso de no rebajar la protección del conjunto, por otro lado no muy alta, y limitada sólo a algunos elementos concretos, entre ellos el gasómetro, la marquesina interior y el edificio de azulejos de la calle Paraíso.

En un registro muy distinto, el Ayuntamiento se ha mostrado desde el primer momento como un facilitador de las exigencias de Ginkgo, que ya está trabajando en la fábrica. “Hay que evolucionar” ha respondido Canteli, partidario de derribar lo máximo posible, a los defensores de preservar el patrimonio industrial.

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