Necesitamos parques de baterías, pero no de cualquier modo

Es necesario ordenar y definir los espacios destinados a acoger los almacenes mediante criterios que no sean exclusivamente económicos.

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Juan Chaves
Juan Chaves
Es coordinador del grupo de Convocatoria por Asturies.

El informe de 2023 del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) evidencia la brecha entre los compromisos adquiridos en los Acuerdos de París y las medidas implementadas. La conclusión es clara: no estamos avanzando tan rápido como deberíamos en el proceso de transición energética. Esto implica la necesidad de instalar más renovables más rápido. Como mencionaba César Rendueles estos días, “La transición ecológica es un imperativo colectivo que tiene que ver con evitar la destrucción de la civilización.” Aunque a algunos esta afirmación les puede parecer exagerada o apocalíptica, la realidad es innegable: llevamos 12 meses consecutivos registrando el mes más caluroso de la historia, con un promedio de 1,63°C por encima de la media preindustrial de 1850-1900. Esta cifra ya supera el objetivo de no rebasar los 1,5°C para 2100, un límite crítico a partir del cual los impactos climáticos empiezan a ser impredecibles para la seguridad alimentaria, la biodiversidad, la salud pública y la estabilidad global.

La solución la conocemos sobradamente: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y disminuir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Alcanzar este objetivo requiere principalmente la electrificación de nuestra sociedad mediante energías solar y eólica. Sin embargo, a pesar de ser las energías más económicas, no contaminantes y virtualmente infinitas, tienen un problema inherente, su intermitencia. El sol no siempre brilla y el viento no sopla siempre, lo que plantea un desafío para garantizar un suministro de energía constante y confiable.

Entonces, ¿cómo aseguramos un suministro constante y fiable de energía cuando no hay sol o viento? La respuesta reside en las baterías. La tecnología de baterías ha evolucionado considerablemente en los últimos años. Al igual que ocurrió anteriormente con los paneles fotovoltaicos, el precio de las baterías se ha vuelto muy competitivo, con una reducción de costes de hasta el 76% en la última década. Hay diversos modelos, las más habituales por su alta densidad energética y eficiencia son las de ión litio, sin embargo, la búsqueda de soluciones más sostenibles y eficientes ha impulsado el desarrollo de nuevas tecnologías como las baterías de estado sólido, las de flujo redox, ión sodio o  las de metal-aire, entre otras. Cada una de estas tecnologías ofrece ventajas específicas y puede adaptarse a diferentes necesidades y aplicaciones dentro del sistema energético.

Las baterías son esenciales para culminar con éxito la transición ecológica por su capacidad de almacenar energía cuando hay un exceso de producción y liberarla cuando la demanda excede la capacidad renovable. Por ejemplo, durante un día soleado, se almacena el exceso de energía no consumida para liberarla por la noche cuando el sol no produce. Este almacenamiento ayuda a equilibrar la oferta y la demanda de electricidad, estabilizando la red eléctrica y evitando apagones o la necesidad de recurrir a fuentes energéticas de respaldo contaminantes como el gas.

Para lograr este respaldo se necesita una gran capacidad de almacenamiento. Como en toda implementación de renovables, se deben considerar cuidadosamente no sólo la disponibilidad del recurso renovable en el caso de la solar y la eólica, sino también conseguir la aceptación social del territorio a través de la participación activa de la comunidad en el desarrollo y beneficio de los proyectos. Es importante aclarar que a pesar de lo que se lee por ahí,  los almacenes de baterías son inocuos y no generan cáncer a través de campos electromagnéticos ni tienen altas posibilidades de explosión, está claro que hay que hacer un esfuerzo pedagógico en explicar cuáles son las características concretas de un almacén de baterías y así evitar alarmismos innecesarios.

Además, es imprescindible cuidar la comunicación y el desarrollo de los proyectos. No se puede consentir que un ayuntamiento se entere de un proyecto que afecta a su municipio a través de la prensa, algo extensible a los vecinos. La primera noticia y el primer acercamiento al proyecto renovable por parte de quienes lo van a recibir en su territorio no pueden ser por sorpresa. Por norma general y a pesar de las películas, a la gente no les gustan las sorpresas, por eso, hay que conciliar el hacerlo todo en todos lados al mismo tiempo, con la planificación, comunicación y aceptación local por parte de los ayuntamientos de aquellos proyectos que afecten a sus concejos. La administración local es la más cercana a los ciudadanos y por ende la más importante en todo el proceso de transición, por lo que es difícilmente entendible que se maltrate a los ayuntamientos en el proceso, su consentimiento debe ser condición indispensable para la realización de dichos proyectos.

Concretamente en el caso de las baterías hay que cuidar el espacio donde se instalan, porque si bien como decíamos antes no generan ninguno de los perjuicios que se leen últimamente, no está de más tener la deferencia de informar y obtener la aceptación previa del ayuntamiento y los vecinos. A diferencia de las instalaciones solares o eólicas, la ubicación de las baterías no depende del recurso natural disponible, sino de factores como la cercanía a subestaciones eléctricas, los lugares donde se vaya a utilizar la energía almacenada o el precio del suelo donde se ubica.

Sí algo tenemos claro es que la transición no puede ni debe hacerse a costa de los territorios ni de los vecinos. Se necesita acelerar la capacidad renovable y de almacenamiento, pero esto no puede dar carta blanca a ninguna empresa para actuar sin restricciones en los territorios. Es necesario ordenar y definir los espacios destinados a acoger los almacenes mediante criterios que no sean exclusivamente económicos, establecer mecanismos de diálogo con la comunidad, escuchar activamente las preocupaciones y necesidades locales, y explicar claramente los impactos y beneficios de los proyectos. En definitiva, la implementación de buenas prácticas en la instalación de proyectos renovables minimizará las tensiones con los territorios. En este camino, necesitamos ir rápido y para ello se necesitan alianzas, no confrontación. Por eso, desde Convocatoria por Asturies queremos avanzar en la transición ecológica desde la rigurosidad, la escucha y el convencimiento de que no hay alternativa, pero sí margen desde la administración pública para poner la salud y necesidades de los vecinos por encima de la voracidad de las empresas, en definitiva ordenar desde lo público una transición al servicio ciudadano y no al dictado de las empresas

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