El caos es de derechas ahora. La ignorancia, siempre

En la jerga de las oligarquías y sus derechas, la riqueza es la que tienen los ricos y crear riqueza es que crezca la riqueza de los ricos.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

Todos luchan contra la pobreza, pero nadie con más ahínco que las derechas y sus amos. Hay varias formas de pervertir el significado de pobreza para que luchar contra la pobreza sea luchar contra los pobres. Una es tomar pobreza como un colectivo, como quien dice muchachada, realeza o chusma. Así como la realeza son los miembros del cotarro monárquico, la pobreza es toda esa gente que se junta en casas muy pequeñas en barrios con malos servicios, porque, según Ayuso, son sus costumbres. No está en el DRAE esta acepción, pero sí en el espíritu del facherío. Otra forma muy querida por los pijos es la de darle sentido metonímico, de manera que pobreza no quiere decir pobreza, sino cualquier cosa asociada con ella. «La tapa gratis transmite sensación de pobreza», declaraba con magisterio el maestro de cocina Magín. Siguiendo la pauta empresarial de no buscar el beneficio sino el máximo beneficio, algunos caciques del turismo empiezan a mirar con ojeriza los pinchos que nos suelen poner con la consumición y que tanto bien nos hacen. Así que lo asociamos con la pobreza y cobramos el pincho para luchar contra la pobreza. La lucha contra la pobreza de los amos hosteleros es tan sentida, que empiezan a ser tan creativos con el lenguaje como con la cocina. Ya habían inventado lo del turismo de calidad para no decir turismo de ricos, como recordaba para Nortes Ernest Cañada. Ahora ya van por lo de los precios dinámicos para los clientes y los salarios emocionales para los camareros. En la jerga de las oligarquías y sus derechas, la riqueza es la que tienen los ricos y crear riqueza es que crezca la riqueza de los ricos. Como buen antónimo, la pobreza crece cuando merma la riqueza de los ricos. Cuantas más veces pueda subir Jeff Bezos al espacio en viajes de dos millones y medio de dólares por minuto, más riqueza habrá. A su vuelta se deshizo en gratitud a clientes y trabajadores, derrochó salario emocional. Elon Musk dijo del impuesto sobre grandes fortunas que andaba remoloneando en los papeles de los demócratas (Biden igual no se acuerda): «cuando acaben con el dinero de los demás, irán a por ti». Ya saben los de abajo: cuando «los políticos» me hagan menos rico y tú tengas médico y pensión, entonces irán a por ti. O algo así. La pobreza es una expresión que solo tiene sentido político en boca de los ricos. En boca de los pobres la palabra pobreza se asocia al infortunio, a una china que le cayó a alguna gente. Nada político. En boca de los ricos, la pobreza es lo que crece con impuestos a Elon Musk. Y es lo que le pasa a la gente que no estudia y no se esfuerza. Miren a Nadal, miren a Amancio Ortega y miren a su hija, de la que dicen que empezó planchando camisas. Y ahora es rica, de tanto que se esforzó.

Para ganar la lucha contra los pobres, siendo como es la condición de cada vez más gente, se necesita ayuda, no hay bastantes ricos. Hay que buscar apoyos donde los hay: en los pobres. Pobres que luchen contra pobres. No se sacan los votos de Milei sin pobres en lucha contra los pobres. El edificio europeo aguanta, con Poltergeists amenazantes resonando en las junturas, pero aguanta. Pero se vio crecer en las últimas elecciones la legión de pobres airada contra los pobres. Hay una forma débil y una fuerte que hace a los pobres luchar contra los pobres. La débil es semántica, es hacer creer al pobre que esa palabra no le es aplicable a él. Se hace sobre todo mediante modelos. Los locos años de la beautiful people del PSOE de los 80 convencieron a todo el mundo de que él no era proletario ni obrero. Hagamos la precisión semántica. Vallín y Gomá recuerdan que, a medida que gana la dignidad humana, aumenta el umbral de ofensa a la dignidad humana, cuanta menos violencia, más faltas nos parecen violencia. Así que hay que tener una referencia simple, pero no simplona, de lo que es la pobreza. El límite de la pobreza lo marcan cinco cosas: vivienda, comida, educación, sanidad y jubilación. Quien no llegue a alguna de las cinco es pobre, quien tiene la cinco subsiste y quien tiene algo más tiene bienestar. Esa es la pobreza.

El límite de la pobreza lo marcan cinco cosas: vivienda, comida, educación, sanidad y jubilación

La manera dura de reclutar a los pobres contra los pobres es convencerlos de que otros pobres son los privilegiados responsables de su pobreza. Esto no se logra sin odio, no se llega a esto por la razón. A esto se llega predicando que hay algo por encima de ser rico o pobre, algo que en la confusión del mundo actual sea un refugio, una certeza que defender: la raza, la nación, el sexo, la religión, la orientación sexual. Antes que pobre, eres español, blanco, católico, varón, heterosexual, …, todo eso por lo que no importas a nadie, todo eso por lo que solo tienen derecho los homosexuales y los inmigrantes, todo eso por lo que los progres que no saben nada de ti y tienen coches eléctricos te miran por encima del hombro.

Elon Musk

Esta lucha contra los pobres tiene un enemigo formidable. Las democracias occidentales consiguieron lo que los militares mentecatos de Juegos de guerra habían logrado para la guerra: deshumanizar el sistema. El tándem de sufragio universal con un enrevesado sistema de contrapesos institucionales independientes y automáticos hicieron del estado de derecho un monstruo que garantiza derechos y dignidades por encima de la indignidad o idiotez de los humanos que pasen por los mandos. Por eso ahora necesitan motosierras y caos. El caos tiene dos ventajas. Una es que va royendo ese edificio. La otra es que el caos activa el resorte humano de refugio en lo conocido y lo uniforme. El inolvidable yagunzo del Gran Sertón recomendaba no estar con gente muy diferente de uno mismo: «aunque maldad propia no tengan, tienen una herida cerrada en la costumbre de sí. Usted es de los externos. En lo sutil sufre usted peligros». En el caos gana predicamento buscar refugio en ser español, blanco y todo eso. Jueces prevaricadores, esbirros con credencial de periodistas, difusores de bulos, tertulianos gritones y bobos irrecuperables son el ejército de hormigas. Necesitan además lo que todo totalitarismo necesitó siempre: ignorancia y avaricia cognitiva. La ignorancia se está cultivando mediante el negacionismo. No olvidemos lo que es esto. No es negar lo que se sabe. Es sembrar desconfianza y negar validez a los canales ordinarios del conocimiento. Yo nunca vi la esfericidad de la Tierra. Solo vi imágenes y leí libros. Casi todo lo que sabe cualquiera es así: cosas que leyó, que le contaron, imágenes que le pasaron. Quizá todo era manipulado. Sin canales fiables, nadie sabe nada y todo el mundo sabe de todo, vale igual lo que diga un historiador de la colonización de América que lo que se le ocurra a Nacho Cano, lo que los médicos digan del sol y el cáncer de piel que lo que predique el nazi de tebeo Marcos Llorente y se pueden hacer diagnósticos médicos colectivos a 7291 pacientes sin médicos. La alteración emocional y el odio dispara otro resorte humano, que es la avaricia cognitiva. Es la tendencia a no emplear el conocimiento y raciocinio en la conducta y las decisiones. Igual que el avaro tiene dinero y no quiere gastarlo, el avaro cognitivo no usa su conocimiento y sentido común. No importa si estudió o no. El avaro cognitivo se parece a un ignorante como un avaro a un pobre. Una trinchera clave en la defensa del edifico del estado de derecho es reenfocar la ansiedad a rencor de clase. No bondad, rencor. El mensaje clave es que ningún pobre es privilegiado ni causa de tu pobreza. Si en tu pueblo un curandero curó un cáncer, no puedo saber lo que pasó, pero sé que te equivocas. Si la causa de que no aguantes es el privilegio de otro humilde, también sé que te equivocas. Siempre. Detrás de tus problemas siempre hay ricos. Y otra trinchera es la información. Dejemos de desmentir bulos y vayamos al amo. Siempre hay ricos detrás de los ultras. Vivendi es el nutriente de los ultras franceses. Y tiene muchas acciones en El País. No es que la línea del diario se asemeje en nada a Le Pen, es ver dónde están, por dónde asoman y que vean que los vemos. El rastro del dinero lo explica todo, los bulos se explican de golpe mostrando a los amos. No se trata de señalar. Se trata de campañas en toda regla señalando. Y que las izquierdas dejen de explicarnos por qué cada una es la izquierda auténtica y que hagan su trabajo

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