Templos de Baalbek

Israel ha ordenado evacuar uno de los siete enclaves del Líbano considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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Marta González
Marta González
Traductora y profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga. Asturiana a distancia.

El ejército de Israel ha ordenado la evacuación de Baalbek. Esta ciudad, junto con Biblos, Tiro (también bombardeada), el Valle del Qadisha, Anjar y Trípoli, es uno de los siete enclaves del Líbano considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

¿Para qué sirven los organismos internacionales? ¿De qué sirve esta declaración si no es para proteger estos lugares que son patrimonio de todos nosotros? La ciudad de Baalbek, la Heliópolis (“Ciudad del Sol”) de época helenística, está al este del Líbano. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1984, tiene una historia de más de 5000 años, una historia escrita por fenicios, griegos, romanos … ¿quiénes son estas bestias para exigir su evacuación, para bombardearla? Tras la muerte de Alejandro Magno, la ciudad cayó bajo el dominio de la dinastía egipcia de los Ptolomeos, momento en el que su nombre pasó a ser Heliópolis, fue posesión de los Seleúcidas hasta el siglo I d.C. y, después, bajo control de Roma, se construyeron los templos que la han convertido en sede de uno de los yacimientos más importantes del Imperio romano. El ejército de Israel destruyó el lunes 28 de octubre dos murallas en Baalbek, una de época otomana, otra de tiempos del mandato francés en Líbano. Nada ni nadie está a salvo de su violencia.

Europa puso sus ojos en las ruinas de Baalbek ya en el siglo XVI y las excavaciones, dirigidas por arqueólogos alemanes, comenzaron a finales del XIX. La belleza de las columnas del templo de Júpiter, que se terminó de construir en el siglo III d.C., es impresionante. Sólo seis permanecen en pie. No hay esperanza ninguna de que el mundo reaccione si no lo ha hecho ya ante crímenes espantosos, ante miles de niños ejecutados, despedazados, de enfermos abandonados en hospitales, de gente muerta de hambre, o quemada viva. Tampoco lo va a hacer ahora si los terroristas abaten estas columnas.

Sabemos que nadie los va a detener porque ya han arrasado impunemente el patrimonio cultural de Gaza, donde, por citar solo dos ejemplos, la Gran Mezquita Omarí, la más antigua del territorio, o San Porfirio, la iglesia ortodoxa construida por los cruzados en el año 1150, han quedado reducidas a escombros. Esta última bombardeada cuando estaba llena de refugiados palestinos. Otras bestias, los terroristas del ISIS, arrojaron bombas sobre la hermosísima ciudad siria de Palmira, aunque entonces la condena internacional fue más contundente por venir la destrucción de otras manos, no de “el ejército más moral del mundo actuando en legítima defensa”.

Mi padre tenía en su biblioteca el libro De un lejano país, de Julian Huxley, hermano de Aldous y primer Director General de la UNESCO. Huxley realizó un viaje por Oriente Medio en 1948, que dio lugar a la publicación de este libro en 1966. Visitó con detenimiento los lugares arqueológicos de la región acompañado por las autoridades y por los responsables de las excavaciones. Las fotos que tomó entonces en Siria, Líbano, Jordania…, serían hoy irrepetibles, y también lo sería su experiencia, privilegiada debido a su cargo; todo esto es impensable hoy, no sólo por culpa del ejército sionista, por supuesto. Pero habrá que decir basta en algún momento. El estado de Israel, aunque abandonara la UNESCO en 2018 después de que lo hicieran también los Estados Unidos bajo el gobierno de Trump, aunque haya pataleado cada vez que este organismo incluía como Patrimonio Histórico enclaves de Gaza o Cisjordania, está obligado por la Convención de La Haya de 1954 a preservar los bienes culturales. Pero el ejército de Israel ha ordenado la evacuación de Baalbek, ordena lo que le da la gana, sabiéndose intocable, ordena, día tras día, la muerte de la humanidad y la muerte de la belleza.

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