“Hay que demostrar que los fascistas son unos vendepatrias y unos vendeobreros”

Mark Bray y Miquel Ramos conversan sobre los trumpismos con Covadonga Tomé en un acto de Somos Asturies.

Recomendados

Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El mundo está revuelto, y los ecos del terremoto en Oriente Medio llegaron también este sábado al barrio gijonés de Pumarín. La condena al ataque de EEUU e Israel a Irán marcó el inicio del acto organizado por Somos Asturies en el Centro Municipal Gijón Sur. La cosa iba de trumpismo y Miquel Ramos quiso recordar en su primera intervención el papel que las bases norteamericanas en España juegan en agresiones imperialistas como la de este sábado. “Los botones para la guerra también se aprietan aquí” explicó el periodista valenciano.

La diputada y portavoz de Somos Asturies Covadonga Tomé ejerció como moderadora y maestra de ceremonias de un acto en el que quiso reivindicar el “buenismo” frente al “malismo”, y que contó con la participación del historiador norteamericano Mark Bray, exiliado en España a raíz de la campaña de amenazas sufrida en su país por parte de la ultraderecha.

Mark Bray. Foto: Pablo Lorenzana.

“Siempre que hay movimientos progresistas hay una reacción” , recordó Bray, que destacó como gran triunfo de Trump haber normalizado el racismo en un país que hasta hace poco tenía a Martin Luther King como un santo laico. Bray expuso que el trumpismo ha llevado al centro de la conversación pública ideas ultraderechistas como la llamada “teoría del Gran Reemplazo”, que sostiene que las elites conspiran para sustituir a la población autóctona por migrantes.

Avance progresista, reacción ultraderechista, y respuesta social. Para Bray la actuación de la ICE en Minneapolis ha sido tan salvaje que está por ver si tras las recientes protestas Trump radicaliza su cacería de migrantes u opta por rebajar un poco las acciones de este cuerpo paramilitar contra el que se ha alzado una inesperada y poderosa resistencia social. “Es cierto que EEUU es un país muy individualista, pero también hay momentos en los que se organizan movimientos sociales muy potentes” señaló el autor de “Antifa”, para el que una de las consecuencias de la violencia de ICE ha sido la pérdida de apoyos de Trump entre la población de origen latino.

Miquel Ramos. Foto: Pablo Lorenzana.

“Quizá habría sido más inteligente mandar ICE a una ciudad menos progresista que Minneapolis” explicó Bray, para el que el futuro de Trump es tan impredecible como un político que, bien asesorado por Steve Bannon, ha hecho del escándalo y la provocación sus principales herramientas de trabajo.

En opinión de Miquel Ramos las democracias no pueden normalizar a figuras como Trump y discursos como el de Vox. “La democracia ha pecado de equidistancia con quienes quieren suprimir derechos y libertades que costó mucho conseguir” señaló el periodista valenciano, especialista en ultraderecha, y que recordó cómo discursos que en los 80 sólo podían encontrarse en fanzines neonazis “hoy se escuchan todos los días en el Congreso de los Diputados”.

Mark Bray, Covadonga Tomé y Miquel Ramos.
Público asistente al acto en el CMI-Gijón Sur.

Para Ramos la extrema derecha tiende permanentemente “trampas” y “señuelos” a la izquierda como el burka. Frente a ello el autor de “Antifascistas” apostó por marcar agenda propia y no seguir la de los ultraderechistas.

Público asistente. Foto: Pablo Lorenzana.

Para Ramos los ultras están fuertes, pero tienen dos grandes debilidades: la economía, porque son profundamente neoliberales, y la política exterior, “porque van de españolistas, pero son unos lacayos de los EEUU“.

En opinión del periodista no es imposible vencer a las extremas derechas, pero para ello hace falta organización y discurso. “Hay que demostrar que los fascistas son unos vendepatrias y unos vende obreros” concluyó Ramos, para el que la izquierda está empezando a entender que “esto va en serio” y que el antifascismo no es una tribuna urbana sino “una emergencia democrática”.

Actualidad

spot_img