Hasta el próximo 20 de septiembre se puede visitar en la sala CentroCentro de la madrileña plaza de Cibeles una exposición del artista gijonés Avelino Sala comisariada por la también gijonesa Semíramis González. “La tempestad”, coproducida junto a LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, donde se expondrá entre abril y octubre de 2027. Es una muestra que, en palabras de González, quiere “abordar las crisis y hacernos reflexionar desde el arte sobre lo que está pasando en nuestras sociedades. La exposición parte de la idea de la incertidumbre en la que vivimos y, aunque quizás el arte no pueda dar respuestas, sí nos permite ampliar nuestras reflexiones”.
El mismo título de la exposición, explicó el artista, alude a esa “inquietud por algo que está a punto de ocurrir. Se trata de diez piezas o instalaciones en las que hemos querido que el espectador tenga la posibilidad de relacionarse íntimamente con cada obra”. Esa experiencia se vive ya en la primera de las obras, cuando “te recibe una lluvia de cuchillos que quiere representar la violencia invisible, esos peligros que no vemos y que son uno de los ejes de esta exposición”. Para la comisaria, la idea de “lo siniestro que ocurre en lo cotidiano” hilvana las distintas obras de un artista como Sala, interesado en indagar en los conflictos del mundo contemporáneo.




Una vocación que es patente en las siguientes instalaciones del recorrido. En la “Biblioteca de Babel” los libros se convierten en artefactos de memoria y lucha, materializando discursos y movimientos relegados por la historia oficial. “Son libros que dejan de ser libros, con todo lo que significa el libro como objeto que alberga el poder y el conocimiento”, reflexionó el autor, “y tanto la gama cromática como las proclamas grabadas en cada uno de los libros aluden a manifestaciones y proclamas de la lucha antirracista, del feminismo y de las luchas contra la emergencia climática”.
En la siguiente estancia “L’uomo delincuente” presenta a una cabeza frenológica fabricada en la Cartuja de Sevilla y que para Sala quiere constituir “una representación del psicópata contemporáneo”. Siguiendo el recorrido se llega al que el artista ha bautizado como “el museo arqueológico de nuestro tiempo”: una vitrina con piedras traídas de protestas en distintos lugares del mundo, desde las primaveras árabes hasta los últimos estallidos sociales en América Latina.

“Esa piedra que en principio no significaría nada”, cuenta la comisaria, “aquí tiene un aura que le aporta un significado simbólico que nos dice otra cosa. En la obra de Avelino hay un constante cuestionamiento o reconstrucción de los símbolos”. Y así se aprecia en las sucesivas obras de la muestra: los mapas, las banderas, los minutos de silencio y homenaje…”Se trata de cuestionar los límites del símbolo y ver cómo se desdibuja”, asegura Sala.
Casi al final de la muestra, el visitante se topa con unas paredes negras con unas plumas en las que se han impreso los Desastres de Goya en diálogo con imágenes de la actualidad, desde las guerras en Oriente Medio o el secuestro de Nicolás Maduro. “Empecé a trabajar con las plumas con esa idea del Ícaro moderno. Lo de la Torres Gemelas fue como el golpe simbólico al capitalismo más feroz, y ese personaje que salta es como el Ícaro al que se le han partido las alas y se acerca tanto al sol que se quema. Con esa idea de la pluma, que es algo que no tiene consistencia, que se la lleva el viento, que no tiene valor. Me interesaba mucho esa capacidad de un mensaje tan duro que vaya en algo tan leve. Lo que hace es otorgarle una dimensión poética a la catástrofe”, explicaba Sala en una entrevista a NORTES.
“La tempestad” se construye en definitiva como “una experiencia íntima en la que poder perderte”, pero no aislarse u olvidar las tragedias y peligros del mundo exterior.



























