“La prensa habla de asesinatos machistas todo el tiempo, pero el arte puedo contarlo con belleza, que es transformado”

La comisaria gijonesa Semiramis González dirige en el Museo Thyssen un ciclo de performances que busca “destacar la relación del arte con los retos que la igualdad de género"

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Cree Semiramis González (Gijón, 1988) que los museos “son la instituión más confiable para la ciudadanía”, que están siempre “en diálogo con la sociedad”. Quedamos entonces en un museo, en el Thyssen de Madrid, donde desde hace pocas semanas es obligatorio abrir bolsos y mochilas antes de pasar al vestíbulo. El activista climático con un bote de pintura oculto bajo la camisa tiene en vilo a los museos de la capital. “Cualquier sitio es bueno para hacer reivindicaciones”, opina esta comisaria de arte independiente, “pero no tengo claro si atacar las obras es la mejor forma, porque provocan más rechazo que comprensión entre el público”.

En cualquier caso, piensa Semiramis que un museo debe ser un espacio abierto al mundo, en el que tengan cabida las inquietudes y desvelos de su tiempo. Sobre esa convicción acaba de concluir en el Museo Thyssen la primera edición de Visión y presencia, un ciclo de performances de artistas mujeres comisariado por la gijonesa y que busca “destacar la relación del arte con los retos que la igualdad de género sigue afrontando en la actualidad”.

Foto: David Aguilar Sánchez

“Este año han sido seis performances entre marzo y octubre”, explica Semiramis, “y han abordado muchos temas: los asesinatos machistas, la invisibilidad de las mujeres artistas en los museos, la discapacidad, las mujeres mayores…”. La última performance del ciclo ha sido Nuestra mayor venganza será estar vivas, obra de Regina José Galindo, en la que un grupo de bailarinas de flamenco, cubiertas con una tela negra en memoria de las mujeres asesinadas, zapatean una salmodia fúnebre frente a El Paraíso de Tintoretti.

Otra de las performances, la de Verónica Ruth Frías, consistió en un recorrido por algunas de las obras del museo pintadas por mujeres o en las que aparecen mujeres. Una perspectiva diferente de la misma colección de siempre: “En los clásicos no se puede cambiar lo que se muestra”, dice Semiramis, “pero estas acciones sirven para darles otra lectura a través del presente. El arte es un lenguaje, es como aprender alemán, y hacen falta algunas nociones para interpretarlo”.

De lo que se trata es “de que la historia no siga siendo contada solo de una manera tan unívoca como se ha contado hasta ahora. Hay que releer la historia con todos los puntos de vista de las que formaban parte de esa historia. Eso es lo que tenemos que hacer desde el presente”.

Paseamos por las primeras salas del Thyssen, vemos vírgenes y santas, y Semiramis se detiene ante la delicadeza de la Santa Catalina de Alejandría que pintó Caravaggio. Es bien sabido que el artista usaba a prostitutas y a mujeres de la calle como modelo para pintar los rostros de santas y vírgenes.

¿Y sirven las performances para conmover, para comunicar, para sacudir?

“Creo que las performances son, con diferencia, la actividad que más público ha convocado en el museo últimamente. Hay una parte viva en las salas que ha atraído a otros públicos que no suelen venir. El arte tiene potencia política, pero solo para una minoría. Tiene que haber un acercamiento al arte que no se está dando”.

Foto: David Aguilar Sánchez

Se le viene a la cabeza un ejemplo muy apropiado para este 25 de noviembre, Día Internacional para Eliminar la Violencia contra la Mujer: “Cuando hice en La Laboral la exposición de violencia machista había una habitación, obra de Paula Fernández, con las paredes llenas de obras en punto de cruz con reproducciones de mensajes de la campaña de Cuéntalo, parecido al Me Too. Me dijeron que a esa exposición vino gente que no era habitual del mundo del arte, público que igual venía de La Calzada, de mi barrio, y salía llorando de esa habitación”.

Y es que “algo nos tiene que remover: la prensa habla de asesinatos machistas todo el tiempo, pero el arte puede contar con la belleza, que es muy transformadora. La belleza es un hilo para hablar de cosas que nos conmueven”. ¿De qué hablar si no? Ya hay suficientes bienales en las que comprar globitos de colores y figuras abstractas para decorar el salón.

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