Cuenta Tito Montero que este libro es su “contribución al país”. Varios años de trabajo y miles de fuentes consultadas para alumbrar “Ciudadano Riego. El asturiano que no quiso ser Napoleón”, un libro que nació de la intuición del autor y de su fascinación por la figura del general Rafael del Riego, pero que exigió una ardua tarea para “encontrar citas y datos que lo refrendasen”. Más allá de contar la peripecia biográfica del político y militar tinetense ejecutado en la Plaza de la Cebada de Madrid, Montero quería descubrir cómo “hay otra manera de trazar nuestra historia, y que es más interesante para quienes menos tienen. Una de las ideas fuerza del libro es que la patria son los débiles, y eso construye una forma de mirar el mundo”. A la postre, este ensayo deriva en una fascinante exploración de los rincones menos transitados de nuestra historia y de los problemas más urgentes de nuestra época: “Es un libro que entra en los grandes debates políticos de nuestro presente”.
¿Qué te llamó la atención de Riego para empezar a investigar su figura?
Yo miro el mundo desde Asturias, que es el punto de partida que tomé cuando decidí que tenía algo que contar. Me interesaba saber si Asturias le tiene que contar algo al mundo en este momento de la historia. Yo creo que sí, y que una de las cosas más importantes que tenemos que decir está en nuestra historia, pero es una historia que está leída de aquella manera. La historia de Asturias es muy fructífera artística y políticamente, puesto que creo que es la base de la posibilidad de deconstruir aspectos de nuestra historia, cómo se contaron y quién asumió qué mitos fundacionales. Claro, es un territorio minado. Desde la primera vez que escuché hablar de Riego me pareció un personaje alucinante. Tiene una importancia descomunal, pero muy concentrada en el tiempo. Y el punto de partida original es que no tiene tumba, y las personas sin tumba siempre me llamaron mucho la atención. En el caso de Riego, aunque no lo consiguieron, hubo un intento de borrar su espíritu. Hubo fuerzas históricas muy poderosas intentando eliminarlo. Y no son capaces. Para lo antidemocrático, la potencia de Riego es devastadora.
¿Y por qué quisiste contar esta historia con ese género del ensayo collage, tan fragmentario?
Era una búsqueda formal. Quería contar esta historia de una forma propositiva, que interpele al lector y le permita construir. La idea es que sea un proceso intelectual para generar un dibujo diferente sobre el relato histórico y la construcción del poder. Tiene muchas capas de lectura. El libro es también una suerte de biografía de Riego donde lo capital es poner en valor su figura política, que es una de las más opacadas. Si algo descubres cuando rascas en la historia de la persona y del mito es que hubo una beligerancia extrema para minimizar su aportación. Y eso me llama más la atención: ¿por qué están tan interesados en ningunearle, por qué le tienen tanto miedo?
También es una excusa para explorar temas más o menos aledaños a la figura y al mito de Riego, ¿no? Flórez Estrada, Evaristo Valle, la revolución del 34…
El libro propone muchas cosas que pueden parecer locas, pero que creo que tienen una coherencia evidente. Se trata de poner juntas cosas que nunca lo estuvieron, y la sorpresa es que construyen algo diferente. En Asturias tenemos la capacidad y la obligación de discutir el relato histórico, porque la constitución del Estado Nación está asentada en gran parte sobre nuestros mitos fundacionales, que se se pueden leer de una manera o de otras. Eso construye la posibilidad de un país diferente. Y eso creo que fuera, más allá de la cordillera, no se entiende, y por eso no son capaces de pensar un Estado diferente, porque necesiten conocer el origen, y el origen está aquí.
Cuentas que la gran tragedia de Riego fue que no tuvo un Goya o un Gisbert que lo retratase
A mí me sigue llamando la atención. En el libro hablo de la historia de ese pequeño retrato de Teresa del Riego que pinta Goya. La clave es cómo Goya, que estaba determinado a traducir artísticamente la política de su tiempo, no se fijó sin embargo en la figura capital del momento. Es extraño. Me resulta sorprendente que no fijase su mirada en él para un cuadro importante, y quiero pensar que a lo mejor es un cuadro perdido. En cualquier caso, la construcción de la historia a través de la pintura que se hizo en el XIX obvió la figura de Riego, porque obvió las partes capitales del primer tercio del XIX, que eran las que podían construir algo diferente. Y ahí siempre encontramos las figuras de Riego y de Flórez Estrada, que tampoco tiene un retrato que haga honor a su importancia. El caso de Flórez Estrada es todavía más sorprendente, porque su carrera es muy prolongada, pero en realidad siempre fue a la contra. Era radical en su pensamiento, y se enfrenta a la desamortización por cómo se está haciendo, no porque no crea que haya que hacerla. La historia demuestra que Flórez Estrada estaba en lo cierto. Si miras el proyecto de constitución de Flórez Estrada, ves que el proyecto de Estado que tenía en la cabeza es el que más se asemeja al que temenos y que nos ha dado el período más largo de paz de la historia de la península ibérica.

Algo tendría que decirnos, ¿no?
Una de las claves del libro es poner de manifiesto que hay otras genealogías políticas posibles con trazabilidad histórica, y eso no es óbice para que podamos decidir en el presente la estructura que nos dé la gana. ¿Por qué no sabemos que gente de altísimo nivel, conectada con la intelectualidad europea, propuso otra estructura política posible? El libro quiere establecer esa genealogía que yo creo que va, no ya solo de Jovellanos, sino de Flórez Estrada a Pedro de Silva, que es la otra gran figura asturiana que construyó una posibilidad política ligada a una estructura descentralizada y solidaria. Me parece una flipada que no haya una vitrina, como poco, en la Junta General del Principado con el proyecto de constitución de Flórez Estrada, firmado como procurador general del Principado, que es clave para entender la estructura que tenemos ahora. Pero, claro, ¿cuántos diputados de la Junta General saben esto?
También podría estar la espada de Riego en esa vitrina
Asturias debería reclamar la figura de Riego como potencia democrática. La espada de Riego está en el Congreso pero perdida entre otras cosas, cuando representa la posibilidad democrática. Cuando me preguntan qué hizo específicamente Riego por Asturias, respondo que estamos hablando de un militar que restaura una constitución, va declarando alcaldes constitucionales y que lo hace desligado de actos sangrientos al mando del batallón Asturias. Además, podemos establecer una trazabilidad con la teoría política de otro asturiano, Flórez Estrada.
Me parece que en “Ciudadano Riego” hay una cierta reivindicación de los mitos como carburante histórico o revolucionario. Abres el libro con una frase que dice algo así como que la revolución es volver a poner en su sitio las cosas del pasado
Sí, esa frase es capital. Otra de las frases rectoras es una de Walter Benjamin que dice “mientras haya un mendigo habrá mitos”. ¿Y cuántos mendigos temenos? No se puede acabar con el mito mientras no haya un sistema igualitario. El problema es quién abandonó la idea de mito, qué mitos construir y qué futuro nos va en ello. Creo que, respecto al mito, hay opciones políticas que tienen muy claro su trabajo y que tienen mitos sólidos, y que enfrente no hay nada. Un problema en esto es que hay un desconocimiento no tanto de la historia, sino de la capacidad de mirarla desde otras perspectivas. No se puede construir una España democrática sin tener en cuenta sobre qué está construida la que no nos gusta.
“Asturias tiene una vocación insumisa y constructora, pero nunca conquistadora”
Benjamin es una de las figuras tutelares del libro
Sí, sí. Pero aunque pueda parecer muy benjaminiano, en realidad el libro hereda la forma del curso de economía política de Flórez Estrada. Él lo que hacía era leer todo lo que podía de la economía de su momento y establecer su propia teoría colocando en su sitio lo que sabía. Creo que la esencia del ensayo es no rehuir las contradicciones, y una de las cosas capitales del mito de Riego es que es un mito sólido pero contradictorio. A mí me parece ridículo pensar que Riego era republicano. No, Riego era católico y monárquico, y las ideas ilustradas que mamó en Asturias y la geopolítica de su época le hicieron pensar y posicionarse políticamente. No deja de ser una evolución política natural que le hizo entender que a lo mejor las cosas eran mejor de otra forma.
Una pregunta que con la que puede salir el lector del libro: ¿por qué Asturias fue un faro ilustrado en el siglo XVIII, un referente constitucional en el XIX y una vanguardia revolucionaria en el XX?
Yo no creo que se necesite asiento histórico para tener agencia política o reclamar la soberanía, pero es que encima lo tenemos. Se puede encontrar a lo largo de la historia de Asturias una vocación insumisa y constructora, pero nunca conquistadora. Eso, en la modernidad, está mucho más concentrado. Esa Asturias que permanece desactivada y controlada por el poder central desde 1388, tras las revueltas del Conde don Alfonso, y que conceptualmente marcaría el final del proceso político que se inicia con el Reino de Asturias. Una línea que podríamos trazar hacia mucho más atrás, hasta la lucha contra Roma. Los pueblos norteños no eran unos pueblos que, más allá de conatos pequeños, estableciesen guerras contra otros. Pero sí hay una vocación de insumisión frente a lo que viene de fuera, de resistencia y construcción. Eso en la modernidad es mucho más fácil de trazar, porque estamos hablando de 200 años y los hitos son muchos y muy gordos. Otra cosa es que los conozcamos. Cuando armo esta trazabilidad en el libro, aunque lo tendrás que decir los lectores, el resultado es realmente sorprendente.

Efectivamente, se cae en la cuenta de genealogías desconocidas e inesperadas
Pero genealogías que son constructoras y reformistas. A mí no se me olvida que quienes desmontan el franquismo son asturianos: Torcuato Fernández-Miranda, Sabino Fernández Campo, Díaz Alegría y el propio Santiago Carrillo. Y las Comisiones Obreras, ¿dónde se montan? No se puede entender a Franco si sacas a Asturias de su pensamiento. Para Franco, Asturias es la idea misma de revolución. Y yo creo que tenemos que preguntarnos qué tipo de revolución propone Asturias. Porque revolucionario era Manuel Llaneza, pero su postura es en realidad un reformismo constructivo. Otra cosa es cómo deriva la geopolítica y en qué momento Asturias acaba, siguiendo esa idea de ecuación heroica, enfrentándose a fuerzas mucho más poderosas que ella. ¿Es el único sitio del mundo en el que pasa eso? Pues no, pero es un sitio muy pequeño para haber pasado tantas veces. Asturias es capital para entender la construcción de Europa, porque en un territorio muy pequeño se concentra mucho.
Es muy interesante comprobar cómo a Asturias, un territorio minúsculo, llegan ciertos libros y ciertas ideas mucho antes que a otros lugares de la península
Asturias es indisociable de lo agreste de su territorio. Hay momentos en los que Asturias está más conectada al mundo a través del mar que a través de la tierra. Entonces hay momentos de la historia en donde las ideas llegan, y eso pasa también en el Reino de Asturias. Lo que pasa es que la historia de Asturias se concentra en momentos puntuales de manera desmesurada, y luego se repliega. Porque no es conquistadora, es constructiva. Ya construimos esto, y ahora que siga solo. Por eso creo que otra España posible solo es construible desde la revisión del papel de Asturias en la historia. Porque frente a lo destructivo o disgregador, Asturias tiene una vocación constructiva, aunque lo que esté construyendo sea una enmienda a la totalidad.
¿Son Riego y Pelayo dos mitos contrapuestos que inspiran distintos futuros posibles?
Yo no digo más Riego y no Pelayo. Yo digo más Riego y menos Pelayo. Sobre Pelayo y Covadonga, que son capitales en la identidad asturiana, hay que construir, pero no en la clave en la que se construyó el nacionalcatolicismo español desde el XIX. No se puede entender Asturias sin la sacralidad de la montaña de Covadonga, de Peña Santa, el monte Vindio.,,Esas sacralidades estaban antes de que el cristianismo llegase allí y pusiese sobre la religiosidad anterior una nueva, igual que hicieron los romanos. Eso es capital en lo asturiano, pero otra cosa es que nos tengamos que comer la visión de Menéndez Pidal, que liga con Menéndez Pelayo y que hereda el franquismo. El Reino de Asturias es sobre lo que se construye el origen de los dos estados que ahora mismo hay en la península ibérica. Eso nos debería hacer pensar, porque es el origen de la plurinacionalidad en la península. Yo creo en una diversidad constructiva. No somos lo mismo, pero que haya un otro no quiere decir que tengamos que estar a la gresca con él, sino construir desde la diferencia. Cuanto más sales fuera, más ves lo de los demás, más aprendes y más te das cuenta de que esto es diferente.
Yo sabía de la importancia de Riego para los liberales españoles, pero…
Bueno, un paréntesis: yo no utilizo la palabra liberal, sino constitucional. Estamos hablando del Trienio Constitucional, y eso es lo que es clave para nuestro presente. Sí, en aquella época estaban los liberales, que eran una masa informe, pero la clave del Trienio es que es constitucional y que es la primera experiencia protodemocrática. Igual que 1808 fue un proceso revolucionario y no una guerra de independencia, que también puede serlo según cómo lo mires. En el 36 tenemos la guerra de España en un contexto europeo y mundial. Y dentro de ese proceso de una guerra en España, que también es civil en algunos aspectos, en Asturias hay unos revolucionarios toman el poder e intentan instaurar una manera distinta de socialismo en los albores de la Segunda Guerra Mundial. Puedo entender que puede ser un problema si no lo asumes, pero también es de una riqueza impresionante. Había muchas fuerzas intentando pelear por su visión del mundo.
Adonde iba era a señalar cómo Riego una referencia para los antiabsolutistas de toda Europa. Cuentas esa historia de un ruso al que le van a condenar por una revuelta contra el zar y dice que lo que le llevó a hacerse revolucionario fue la ejecución de Riego. ¿Fue Riego algo así como el Che Guevara del XIX, el gran icono revolucionario internacional?
Yo creo que la figura de Riego es mucho más importante que la del Che, y mucho más coherente. La figura de Riego tiene tal importancia internacional que sorprende más todavía por qué no lo sabemos. Vas a encontrar la correspondencia del Marqués de Lafayette, uno de los personajes más importantes del momento, que aparece en cuadros junto a George Washington, con el presidente Monroe hablando de Riego. Entonces, guste más o guste menos, ¿por qué no lo sabemos? El libro tiene una cita de las memorias de Alejandro Dumas en la que cita a Riego. Una cita de Alejandro Dumas, ¡y qué cita! Y también aparece citado en “Los miserables”, dentro de una enumeración e igualado con Washington, que era probablemente su gran referencia. Si Riego es Washington, tenemos un problema: ¿resulta que no conocemos a la traducción de Washington a nuestro contexto?, ¿y por qué nos los quisieron vender como Napoleón?
Te preocupas mucho, desde el propio título, de negar ese paralelismo
Es que es un paralelismo ridículo que él negó y al que se enfrentó en vida. Estamos hablando de un personaje al que le ofrecieron la posibilidad de ser un dictador y dijo que no, porque entendía que era una referencia de la nobleza de la constitución. El Riego que quiero rescatar es el presidente de las Cortes que se enfrenta en sede parlamentaria como representante supremo de una suerte de soberanía popular a un monarca absoluto y brutal, y le dice que se someta a las leyes. ¿Qué referencia más potente necesita lo democrático en España? Pero, claro, no la conocemos. Es una figura capital por su coherencia.
¿Debemos invocar la figura de Riego para las luchas democráticas del presente?
Estamos perdidos si no lo utilizamos. Riego, Flórez Estrada y muchos de los ilustrados asturianos son un faro moral para el presente. Primero, porque imaginaron un mundo mejor en donde ellos perdían privilegios para que los ganasen otros. Eso en el mundo de Trump y de Peter Thiel es impensable. Las clases populares solo pueden construir desde ahí. Luego podemos perdernos en tonterías como si eran más o menos feministas o si eran decoloniales. Esos anacronismos nos machacan. Frente a eso, yo lo que diría es que cuando Rousseau estaba escribiendo en el “Emilio” barbaridades sobre las mujeres, Feijóo estaba haciendo lo contrario en una celda de Oviedo. El problema es que la gente no sabe que la referencia ilustrada del feminismo europeo estaba en Asturias. Las figuras de Riego y de Flórez Estrada dejan a la altura del betún a cualquier idea de revolución del presente. Lo que ellos planteaban era de una coherencia extrema. Creo que es muy potente esa idea de que Flórez Estrada dedicado a la teoría y Riego a la acción constitucional son la base de lo protodemocrático en la península ibérica, e incluso en la Europa del momento. No se puede entender la Europa democrática de los pueblos sin Riego y Flórez Estrada. Para un presente en el que tenemos que poner pie en pared contra el neoabsolutismo devastador, tenemos en casa los genes de lo contrario. La idea de la Europa contemporánea está en las figuras de Riego y Flórez Estrada, no en Carlomagno. Doscientos años después tenemos lo que ellos se atrevieron a imaginar, pero no lo sabemos porque nos lo borraron de la historia.



























