Un consejero reprobado por su gestión en la anterior legislatura, Enrique Fernández, y dos consejeras, Nieves Roqueñí y Belarmina Díaz, que apenas han durado en el cargo. Así están las cosas en una consejería problemática, que tras la dimisión de Díaz este martes vuelve a estar descabezada.
Industria es un departamento importante en cualquier gobierno, pero más aún en Asturies, una comunidad en la que la aportación del sector secundario al PIB autonómico es superior a la media española. También por una transición ecológica cargada de interrogantes y patatas calientes. La más importante de todas ellas, el futuro de la siderurgia integral, con ArcelorMittal sin planes de descarbonización y embarcada en una deslocalización a cámara lenta frente a la que por ahora no parece haber Plan B.
Un buen conocedor de la Consejería de Industria apunta que los problemas del área tienen que ver con lo que considera “falta de visión de política industrial en Asturias y España”. Una falta de visión que se termina reflejando en responsables a los que “todo les viene muy grande”. “Se ha tirado de perfiles técnicos cuando lo que hace falta son perfiles políticos” apunta esta persona, para la que el relevo de Belarmina Díaz no está fácil: “El PSOE no tiene tanto banquillo y Juan Cofiño, que podría ser un buen comodín, no creo que esté por la labor de dejar el Parlamento”.

Otro posible “Señor Lobo” al que Barbón podría recurrir es el Fernando Lastra, especula un veterano de la política asturiana. ¿El motivo? “Es un dinosaurio que está de vuelta de todo y no tendría problema en apuntar lo que haya que apuntar”. “La relación con Barbón no es mala y con él entraría en la operación Javier Fernández, que conoce muy bien los entresijos de la minería asturiana” expone esta persona, convencida de que la consejería “está muy viciada” y necesita una reestructuración de arriba a abajo, sobre todo en su servicio de inspección minera.
Ingenieros, “Coto minero”
Los ingenieros de minas han sido tradicionalmente el gremio que ha ocupado los puestos de responsabilidad en las consejerías de industria de los gobiernos asturianos. “Funcionan como un lobby” señala un crítico con el peso que estos ocupan en la administración asturiana. A este sector profesional, al que se acusa de mucha endogamia, “es casi un coto cerrado”, pertenecen las ex consejeras Nieves Roqueñí y Belarmina Díaz, y de ahí es posible que proceda una vez más la solución continuista a la crisis de Gobierno. También es posible que se tire de alguno de los directores y directoras generales de la Consejería. Otra opción podría ser la actual viceconsejera Susana Madera, ex edil de Siero, pero pesa en su contra ser una recién llegada al Gobierno del Principado, con muy poca experiencia en el área industrial.




Otra opción “más rompedora” por la que se decanta alguien relacionado con el mundo de la ingeniería sería un rediseño de la consejería uniendo Industria a Ciencia y Tecnología, una de las áreas con mejor prensa del Gobierno de Adrián Barbón, al frente de la que vuelve a estar Borja Sánchez tras su reciente alta médica. “Supondría un buen meneo y dar más peso a las nuevas industrias tecnologías” explica un ingeniero, para el que toca equilibrar el peso de los sectores tradicionales en la Consejería de Industria.
Si se quiere evitar una consejería demasiado grande, “un Frankenstein”, esta opción obligaría a desgajar Transición Ecológica hacia otro departamento o bien constituir una consejería propia, exclusivamente centrada en cuestiones medioambientales.
En los próximos días se verá qué decisión toma Adrián Barbón con respecto a un área especialmente sensible y que podría experimentar un gran cambio… o más de lo mismo.



























