La Escuela de Teitáu vuelve este verano con dos nuevas ediciones de sus talleres de bioconstrucción en el entorno de Somiedo y Teverga, en el corazón de la cordillera Cantábrica. La propuesta, que se celebrará en dos turnos independientes del 18 al 21 y del 25 al 28 de agosto, ofrece una experiencia inmersiva de tres días para quienes quieran acercarse a las técnicas tradicionales de construcción en piedra y cubierta vegetal vinculadas a los teitos, las cabañas pastoriles que durante siglos han formado parte del paisaje asturiano.
Los talleres combinan formación técnica, trabajo manual colectivo y vida en comunidad. Las jornadas arrancan los lunes con una bienvenida y una primera sesión práctica por la tarde. Martes y miércoles están dedicados íntegramente al aprendizaje en campo, en doble turno de mañana (9:30 a 13:30) y tarde (15:00 a 18:30). El jueves se reserva para una visita a los teitos de la zona y el cierre del encuentro.
Las actividades incluyen el mantenimiento y reparación de cubiertas vegetales, la construcción de muros de piedra seca, técnicas básicas de carpintería artesanal en madera y la elaboración de tabiques de cebatu, un sistema tradicional de trenzado de avellano recubierto de barro y fibras vegetales. Todo el proceso parte del entorno: los materiales se recolectan en los alrededores y se aplican directamente en la restauración de una de las cabanas de teito seleccionadas por la escuela.
Además del aspecto técnico, la experiencia pone el foco en recuperar el vínculo con el territorio, en compartir saberes y en resignificar la construcción como proceso colectivo, humano y necesario. “Queremos descubrir el legado de las técnicas tradicionales, conocer los recursos que nos ofrece el entorno y disfrutar de la montaña con todos los sentidos”, explican desde la organización.
Una escuela hecha teito a teito
La Escuela de Teitáu es un proyecto autogestionado que trabaja desde hace años en la restauración y conservación de los teitos, una forma de arquitectura vernácula en riesgo de desaparición. Fundada por José Álvarez y el arquitecto Macario Iglesias, la escuela organiza cursos prácticos, talleres y jornadas participativas para transmitir estos conocimientos, con una lógica comunitaria y sin intermediarios institucionales.
El proyecto ha reunido con el tiempo a un grupo de personas con experiencia en etnografía, cantería, carpintería o bioconstrucción, que trabajan sobre el terreno con el objetivo de restaurar al menos un teito cada año. Frente al abandono administrativo, la falta de políticas activas y la dificultad legal para intervenir en zonas comunales, la escuela apuesta por la acción directa, el trabajo colectivo y la transmisión de saberes como forma de resistencia cultural.
Más allá del valor arquitectónico, los teitos condensan una forma de vida ligada a las brañas altas, a la ganadería extensiva y al uso racional de los recursos del entorno. Restaurarlos no es solo preservar un patrimonio material, es también defender una forma de estar en el mundo, con otros tiempos, otras prioridades y otra relación con el territorio.



























