“No estamos contra los ciclistas, estamos contra un equipo financiado por el sionismo”

Miguel San Miguel, profesor jubilado de historia, es uno de los animadores del movimiento Asturies con Palestina.

Recomendados

Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

El fundador de la Charanga Ventolín y activista de Asturies con Palestina, Miguel San Miguel (San Pedro Manrique, Soria, 1944), ha vivido varias vidas en una sola: asturiano de adopción, profesor de Geografía e Historia, novelista, investigador en arqueología e historia local y, desde hace más de cuatro décadas, referente de la música popular reivindicativa en Asturias. Hoy, a sus 81 años, sigue al frente de la Charanga Ventolín y en primera línea de la solidaridad con Palestina desde el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe y el movimiento Asturies con Palestina. “Ante las injusticias no cabe la indiferencia. La indiferencia nos convierte en cómplices”, afirma.

Nació en San Pedro Manrique, un pueblo de Soria en la frontera con La Rioja. ¿Qué recuerdos mantiene de allí?

Hasta hace dos años seguí siendo uno de los pasadores de la hoguera, incluso con 79 años. Además del vínculo festivo, he mantenido la conexión con mi tierra a través de la investigación histórica. Hace poco la Mancomunidad de Tierras Altas me reconoció por mi participación en el descubrimiento del yacimiento de Los Casares, donde se superponen culturas celtibérica, romana y visigoda. También he trabajado en epigrafía romana y en estudios sobre el catastro de Ensenada. Escribí dos novelas históricas: Desde el silencio, sobre el drama de la Guerra Civil en San Pedro Manrique, donde fue arrasado el ayuntamiento del Frente Popular; y El aroma del espliego, centrada en la expulsión de los moriscos en el Valle de La Lama y en la trashumancia como forma de supervivencia.

Su formación es en Geografía e Historia. ¿Cómo fue su llegada a Asturias?

Vine con unos 28 años, por amor: mi mujer es de aquí. Primero trabajé en la Fundación Benéfica Manuel Suárez, de Navia; luego aprobé oposiciones; pasé por el Instituto de la Luz; y finalmente me trasladé al Instituto de Roces, en Gijón, donde me jubilé.

¿En qué momento aparece Ventolín en su vida?

A principios de los años ochenta, poco antes del referéndum de la OTAN. Algunos compañeros vinculados al movimiento comunista nos habíamos fijado en charangas vascas como Txomín Barullo. En mi pueblo había tradición de música de calle y yo quería aprender saxo o clarinete. Un brigada retirado del ejército me enseñó solfeo e instrumento. Junto con otros compañeros pensamos: “¿Por qué no creamos una charanga?”. Al principio éramos pocos y cometíamos muchos errores, pero teníamos claro que la música debía ser también un instrumento de solidaridad: apoyo a trabajadores, defensa de la educación y la sanidad públicas, derechos de las mujeres y, desde el principio, contra la OTAN. Con el tiempo, la Charanga Ventolín se consolidó con un perfil republicano y de defensa de las causas sociales. Algunos fundadores fallecieron, otros lo dejaron, pero se incorporó gente nueva y hoy tenemos más miembros que nunca, aunque somos talluditos —yo tengo 81 años—. Creamos incluso una pequeña escuela para enseñar a quienes querían sumarse.

Miguel San Miguel en Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

La trayectoria de la Charanga Ventolín ha ido muy unida a la memoria histórica y a la solidaridad. ¿Qué hitos destacaría?

Participamos en la campaña contra el ingreso en la OTAN, tocamos en Toulouse el 1 de mayo frente a la tumba de Manuel Azaña, estuvimos en Serbia en la conmemoración de la liberación de París por los españoles de La Nueve. Más recientemente hicimos un recital poético-musical sobre la República, la Guerra Civil y la resistencia en Europa y España, que presentamos en el Jovellanos, en París, en Oviedo… Y en los últimos años estamos muy volcados en denunciar el genocidio en Gaza, tocando en prácticamente todas las movilizaciones.

Usted es miembro del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe y fundador de la Plataforma Asturies con Palestina. ¿Cómo surgió esa implicación?

El Comité fue el embrión. Éramos conscientes de que solos no podíamos cambiar las cosas: hacía falta una implicación social amplia. Ya habíamos estado en casos como el de los “nueve de Jovellanos”, condenados por una acción de boicot frente al teatro cuando actuaba una cantante israelí, o con la visita de un equipo israelí a Asturias. De ahí nació la Plataforma Asturies con Palestina, que hoy integra a prácticamente todos los sindicatos y partidos —excepto PP y Vox, que apoyan al genocidio, como demuestran sus declaraciones y visitas a Netanyahu—. Nuestra trayectoria nos avala: participé en la segunda Flotilla de la Libertad, en el barco Guernica. Hemos traído a Asturias al alcalde de Belén, al arzobispo de Jerusalén Teodosio (Atallah Hanna), y organizado viajes a Palestina. Trabajamos en tres ámbitos: movilización, sensibilización y cooperación con hospitales, escuelas y centros asistenciales.

¿Qué le han provocaron las palabras del arzobispo Sanz Montes, que recientemente ha criticado la Flotilla de la Libertad y ha hablado de un “rifirrafe entre Hamás e Israel”?

Este señor es un maleducado, por no emplear otra palabra. Lo digo con conocimiento. Cuando hace unos años vino el arzobispo palestino de Jerusalén, el cura Clara García —miembro del Comité y amigo mío— llamó a Sanz Montes para que lo recibiera. Se negó. Ese gesto muestra su talante ético y moral: es como el clérigo de la parábola del buen samaritano que pasa de largo ante el herido. Lo mejor que podría hacer sería dejar los hábitos e irse en las listas de Vox. No es un lapsus, es prejuicio, maldad e ignorancia. Hace poco, en las redes sociales, usó la palabra “moritos” en tono despectivo, diciendo que los árabes matan a cristianos. Es falso: el 20% de los palestinos son cristianos y si alguien los mata es el sionismo, que incluso bombardea iglesias como la de Gaza. Lo único que vomita es odio, algo que nada tiene que ver con el mensaje cristiano. Yo sí me identifico con aspectos de ese mensaje de la Iglesia Católica —solidaridad, bienaventuranzas, el buen samaritano—. Eso nos une en el Comité, seamos cristianos o no: la solidaridad con los pueblos oprimidos.

“Lo mejor que podría hacer Sanz Montes sería dejar los hábitos e irse en las listas de Vox”

Esta semana la Vuelta a España se ha visto alterada en Bilbao por una protesta contra el equipo israelí. ¿Cómo lo valora?

Nosotros vamos a exhibir banderas palestinas. No estamos contra los ciclistas, a quienes respetamos mucho, sino contra la participación de un equipo financiado por el sionismo, por un magnate canadiense-israelí, íntimo amigo de Netanyahu. Es un caso claro de “sportswashing”. Aplicamos el BDS: boicot, desinversión y sanciones. Ante la injusticia no cabe la indiferencia. Como decía Bertrand Russell, la indiferencia nos convierte en cómplices. Si me detuvieran por defender la justicia, no me sentiría avergonzado. Nuestra intención no es perturbar la carrera. Si por llevar una bandera alguien es identificado o sancionado, eso es otra cosa. Ya nos pasó en San Mateo: se pidió la documentación a personas por portar banderas palestinas, cuando esa bandera está reconocida por Naciones Unidas y por el propio Gobierno español.

Miguel San Miguel. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Qué papel jugará la Plataforma en las etapas asturianas?

Este fin de semana la Vuelta pasa por Llanes, por Langreo y llega al Angliru. Después habrá otra etapa desde Avilés hasta La Farrapona. Estaremos en ambas con banderas palestinas. Animamos a la gente, cuantos más mejor, a acudir con banderas palestinas, no a interrumpir la carrera, sino a mostrar que el equipo israelí no es bienvenido en Asturias. Se trata de visibilizar el rechazo al genocidio en Gaza y exigir que la Vuelta no permita participar a un equipo del estado de Israel.

Algunos ayuntamientos vascos y asturianos han colocado banderas palestinas y aprobado mociones de apoyo. ¿Qué le parece?

Es un gesto que los honra. Los demás caen en lo que Russell llamaba el silencio cómplice. Como dijo Luther King sobre el Holocausto, no solo cuentan las maldades de los malos, también el silencio escandaloso de las buenas personas. Hoy todo el mundo ve lo que ocurre en Gaza: ser indiferente es haber perdido la humanidad.

Actualidad

spot_img