El historiador estadounidense Mark Bray (Nueva Jersey, 1983) se convirtió en una referencia internacional al publicar en 2017 el ensayo Antifa, un estudio sobre la tradición histórica del antifascismo desde la Europa de entreguerras hasta la actualidad.
Ocho años después, en otoño de 2025, su nombre empezó a circular en redes de la ultraderecha estadounidense. Tras una campaña de señalamiento público, la difusión de su dirección personal y amenazas de muerte, decidió abandonar Estados Unidos junto a su familia y trasladarse a España. Durante un tiempo evitó concretar su paradero por seguridad, aunque ahora confirma que reside en Madrid desde hace “cuatro o cinco meses”.
Bray ha insistido en diversas ocasiones en que no pertenece a ninguna organización antifascista, aunque sus investigaciones y algunas declaraciones sobre la autodefensa frente a grupos neonazis lo han situado en el centro de la polémica política estadounidense.
El próximo sábado 28 participará en el CMI Gijón Sur a las 12:30h en un encuentro organizado por Somos Asturies para hablar sobre Trump y el trumpismo. Le acompañarán el periodista Miquel Ramos y la diputada Covadonga Tomé.
¿Recuerda el momento en el que decidió marcharse de Estados Unidos?
Fue el sábado 4 de octubre, más o menos a las dos de la tarde, en Nueva Jersey. Estaba mirando un partido de béisbol cuando recibí otro email con amenazas, unas horas después de un artículo de Fox News sobre la petición del grupo de extrema derecha Turning Point USA para despedirme. Ese día recibí muchas amenazas y una incluía la dirección de mi casa. Mi esposa estaba regresando de Chicago y le mandé un mensaje. Me dijo que saliera de la casa con los niños. Primero pensamos en ir a otro lugar dentro del estado, pero al hablarlo vimos que el problema no era la casa sino el país. Decidimos venir a España porque ya habíamos vivido aquí por mi investigación sobre historia española. Fue por las amenazas y por la situación política.
¿Le sorprendió la reacción?
Sí y no. Cuando publiqué Antifa en 2017 recibí amenazas incluso de muerte, pero vivía en un apartamento y era más difícil localizarme. Ahora publicaron mi dirección en redes y temí que en pocos días pudiera pasar algo peor. Entonces decidimos huir.
Antifa, terrorismo y construcción del enemigo
Escribió Antifa como ensayo histórico. ¿Por qué cree que se interpretó como provocación política?
Nunca he sido integrante de un grupo antifascista, pero escribí el libro desde un punto de vista antifascista, en el sentido de estar en contra del fascismo. También participé en movimientos sociales como Occupy Wall Street, nuestro “15-M” en Estados Unidos. En este contexto la palabra antifa se convirtió en un “coco”, un monstruo para sembrar miedo. Para Trump y su entorno casi toda la izquierda es antifa. Dijeron incluso que yo financiaba la organización. Yo era un símbolo fácil para atacar, también porque los profesores universitarios son enemigos para ellos.
“existe la posibilidad de que Trump envíe soldados a ciudades demócratas y veremos qué pasa con las elecciones”
¿Se está confundiendo protesta y terrorismo?
Sí. Están creando un sinónimo entre ser antifa y ser terrorista. Después de octubre ya ni usan la palabra: simplemente dicen terrorista. Incluso el Departamento de Interior hablaba de gente “alineada con antifa”, lo que en la práctica significa gran parte de la izquierda. Quieren crear la idea de que protestar es terrorismo.
¿Las redes sociales amplifican el odio o lo organizan?
Las dos cosas. Sirven para organizar movimientos sociales —como Occupy o la primavera árabe—, pero hoy benefician más a la extrema derecha por algoritmos y propietarios de las plataformas. En vídeos cortos es más fácil difundir racismo o machismo que argumentos históricos o sociológicos. El terreno no es igual, aunque aún se pueden usar para organizar.
“las charlas de Vito Quiles en universidades recuerdan a las giras de figuras de la derecha estadounidense en 2016 y 2017”
Democracia, represión y paralelismos con Europa
Ha afirmado que Estados Unidos está entre democracia y dictadura.
Existe un riesgo real de ir hacia una dictadura. ICE tiene un presupuesto enorme y está construyendo un sistema masivo de detención de inmigrantes que históricamente se parece a campos de concentración: espacios sin derechos y con abusos. Ahora se usa principalmente contra inmigrantes —incluso algunos con papeles—, pero estas estructuras pueden cambiar de objetivo y usarse contra la oposición política. La historia muestra que ocurre, que puede ocurrir. Vamos a tener elecciones en noviembre, los midterm elections. Si son elecciones reales, los republicanos van a perder, pero existe la posibilidad de que Trump envíe soldados a ciudades demócratas y veremos qué pasa con las elecciones. No es seguro que Estados Unidos termine en una dictadura, pero la situación es peligrosa.
¿Ve paralelismos entre la extrema derecha estadounidense y la europea?
Sí. Comparten una mitología sobre la historia: un pasado imperial glorioso arruinado por la inmigración, el feminismo o la izquierda, y la idea de que hay que regresar a ese pasado. Make America Great Again, Make Spain Great Again… cambia el idioma, no la idea. La “remigración” aparece en ambos lados, la idea de sociedades blancas, la oposición al feminismo o a las personas trans y un ecosistema de machismo en redes sociales. Es una reacción a sociedades más multiculturales. Después de Obama, parte de la derecha empezó a ver los derechos civiles como un ataque contra los blancos.
¿Y en España en concreto percibe esa influencia?
Sí. La extrema derecha española mira mucho a lo ocurrido en Estados Unidos. Por ejemplo, las charlas de Vito Quiles en universidades recuerdan a las giras de figuras de la derecha estadounidense en 2016 y 2017: provocaciones en campus y uso intensivo de redes sociales con una estrategia muy similar. No es algo aislado, es parte de un mismo fenómeno político internacional.



























