La entrevista a Alberto Núñez Feijóo de este lunes en RTVE ha establecido un nuevo marco político, a seis días de que tengan lugar las votaciones más decisivas de la historia de España. Alberto Núñez Feijóo miente. Ese es el pecado que arrastra el líder de la derecha y también ese es el marco que ha logrado establecer la izquierda. Un debate te puede noquear, pero una entrevista bien armada te puede enterrar. Sobre la mandíbula granítica del presidente del Partido Popular se arrojaron unas cuantas paladas de tierra en forma de datos, aunque no fueron suficientes para certificar que esté enterrado. Todo lo contrario. Hay que reconocer que el gallego, aún así, ha logrado mantener el tipo ante la frialdad de la periodista Silvia Intxaurrondo que hizo este lunes un trabajo excelente.
El rostro de Alberto Núñez Feijóo se va pareciendo cada día más al de Lino Ventura, uno de los mejores actores que ha dado la historia del cine francés. Desde el debate hasta hoy, el candidato popular parece estar protagonizando un polar cuya acción se resuelve en la sala de declaraciones de una comisaría, reconvertida en el estudio de un canal de televisión o de una radio. Tengo que reconocer que me gustan estas entrevistas en las que una pregunta activa un mecanismo disruptivo, funcionando como un giro de guion imprevisible. Lo que empieza siendo una formalidad rutinaria termina conduciendo al espectador hacia una laberinto de calles y callejones de medias verdades complejas y turbias en las que se respira un aire espeso, opresivo y esquizo.

El candidato Feijóo ya no propone. Feijóo se corrige, se defiende, se justifica y rectifica. Tengo la impresión de que la mentira se ha adherido al rostro del presidente popular como una segunda máscara de látex. Su actitud provoca desconfianza y, en ocasiones, temor. La montonera de falsos datos que disparó a bocajarro durante el debate con Pedro Sánchez no sólo dejaron a un presidente con más plomo en el estómago que el de una ballena, sino también el rastro de unos cuantos casquillos vacíos que conducen hacia otro lugar del crimen, el de mentira. Silvia Intxaurrondo se permitió hacer de la verdad un juego, un desafío intelectual y una exhibición de fantasmas reales e imaginarios que derivaron en un thriller con monstruo de fondo y en un oscura inmersión hacia los mecanismo del control de la mentira y su percepción, de la culpa y su castigo, de los límites de la verdad y su consecución.
El discurso de Feijóo se ha vuelto austero, minimalista, abstracto, nervudo, ambivalente, a partir de tenebrosas falsedades dirigidas por un maestro del trumpismo como Miguel Ángel Rodríguez, MAR. La mentira exige el manejo del fuera de campo. La verdad está ahí fuera. Solo quien maneja datos reales es capaz de volver a hacerlos solubles dentro del plano. En un estudio de televisión, Nuñez Feijóo pretendió ser la verdad, aunque fuera una verdad manipulada. Quien mejor ha sabido medir la peligrosidad de Núñez Feijóo ha sido hasta ahora Yolanda Díaz. La candidata de Sumar se ha batido en sede parlamentaria con el gallego en la Xunta en otra época y ahora ha desenterrado a Marcial Dorado para que toda España tome conciencia de lo peligrosas que son las amistades del ex presidente de Galicia. Yolanda Díaz nunca subestimó a Feijóo y es por eso que hoy sus advertencias son recompensadas políticamente. El retrato de Feijóo muta y se perfecciona, a pesar de su opacidad. Adquiere variados matices, una luz más densa sobre su cuerpo político, como si de una Lección de Anatomía de Rembrandt se tratara, proyecta el cadáver de un tramposo en las pantallas de los móviles. No es sólo que Núñez Feijóo sea un hombre inteligente, que lo es, no es que sólo sea un político dispuesto a mentir, que también. Sumen a todo eso sus vínculos con el narco en el pasado y obtendrán la trama de un film similar al Clan de los sicilianos. Feijóo tan pronto es justiciero como asesino, perseguidor como perseguido, pero siempre desde una soberbia economía expresiva, galvanizado ante cualquier dato que trate de serrarle las piernas.
Queda por resolverse qué sucederá tras un segundo debate a tres en TVE, entre Sánchez, Díaz y Abascal y en ausencia del hombre que no sabía mentir o mentía demasiado. La ausencia de Feijóo abre un misterioso dilema. Nadie sabe qué efectos tendrá todavía mientras el bloqueo se presenta como la mejor alternativa ante las últimas encuestas. La izquierda en estos momentos no dispara a matar, tan sólo busca heridos de gravedad deseando batirse en un segundo duelo.



























