Sentado frente al público, junto a Manuel Cruz, su rostro pálido y la falta de interés en lo que el filósofo decía, demostraban que no hacía mucho tiempo, el Presidente había tomado la decisión de provocar una crisis de gobierno. Sus ojos, más cóncavos que de costumbre, eran las dos agujas de un barómetro. Una pretendía seguir marcando el buen tiempo, cuando su compañera había pasado a anunciar tormenta.

La crisis de gobierno suscita mas dudas que certezas. El presidente Adrián Barbón afirma haberse equivocado a seis meses de la constitución de su último gobierno. Quien había sido designada senadora, Judith Flórez, compañera de Lady Macbeth, continúa en el ostracismo. La vacante que deja Enrique Fernández, nuevo presidente de Hunosa, pasará a ser ocupada por la ex-consejera Melania Álvarez. El Senado es una zona de reposo. Las consejerías de Servicios Sociales son terriblemente injustas y crueles. Si funcionan no son bendecidas con un sólo voto y si fracasan, no resisten el castigo. El hueco que deja en la Consejería de Servicios Sociales Melania Álvarez será rellenado por la periodista Vanesa Gutiérrez que mantendrá su responsabilidad en Cultura, Llingua y Deportes. El tercer sector está en estos momentos muy preocupado por la nueva situación. Una periodista sin experiencia en la Consejería deberá abordar múltiples retos: ¿Será capaz la nueva consejera de articular y domeñar tanto trabajo? ¿Será capaz de resolver el conflicto con los trabajadores del ERA? ¿Será capaz de aprobar la Ley de Servicios Sociales? Estaremos atentos.
La mejor forma de salir de un gran error es meterse en otro más grande. El gobierno transmite una clara imagen de desorden interno y la crisis ha horadado aún más la credibilidad del presidente, aportando los matices de la improvisación, al tormentoso desastre final que tendrá lugar en 2027. A toda acción le sucede una reacción. Como la noticia no fue comunicada al otro socio de gobierno, Ovidio Zapico, coordinador de IU y consejero de tantas otras cosas, no ha tardado mucho tiempo en transmitir su malestar. Se instala, pues, una semilla de desconfianza entre partidos, una desafección alimentada por la unilateralidad de Barbón y reforzada por los últimos acontecimientos sucedidos en Proaza, moción de censura mediante, que se acumulan a la falta de pulso político de un ejecutivo desbordado por los hechos. Y los hechos tienen nombre: Arcelor Mittal, José Luis Alperi, Ángel García “Cepi”, Pedro Sánchez.

Mientras el presidente se bunkeriza en su gobierno, la realidad parece hacerse más soluble y desprenderse de la trama organizada que trata de ser la buena política. Si Arcelor Mittal decide no instalar la planta de DRI, es muy probable que Adrián Barbón deje la peor herencia política en la historia democrática de los presidentes de gobierno asturianos. Quien quiso pasar a la historia firmando 40 años después de su aprobación la reforma del Estatuto de Autonomía, puede despedirse arrastrando hasta sus últimos días el cierra de la acería más importante de España.
La comunicación con el gobierno de Pedro Sánchez es nula. Ni Hugo Morán, Secretario de Estado de Medio Ambiente, ni Francisco Blanco, ex-Secretario General de Industria y actual presidente de SEPIDES ni Luis Ángel Colunga, comisariado para los PERTES de la descarbonización, asturianos los tres, buenos conocedores de lo que ha supuesto Arcelor para Asturias y para la siderurgia integral, han recibido una sola llamada del Presidente. Los teléfonos siguen intactos, la comunicación es nula. Se diría que Barbón actúa acorralado por su propia biografía.
Es el factor humano, como la novela de Graham Greene. Pero en las guerras adrianas me gusta llamarlo el factor Castropol. La desafección política hacia el líder provoca deserciones y en ocasiones se pagan muy caras. Un gesto puede desencadenar nuevas dinámicas. Sucedió en Castropol, un municipio del occidente asturiano con poco más de 3.200 habitantes. Su alcalde, el hasta entonces socialista Javier Ángel Vinjoy, cansado del ninguneo de la FSA, decidió probar suerte por su cuenta y ganar las elecciones, mientras el PSOE lograba conservar tres concejales en el municipio. El factor Castropol puede haberse extendido y también estar operando en Pola de Siero, donde Ángel García “Cepi”, su Alcalde, no está teniendo ningún reparo en encabezar alguna manifestación y trasladar señales de alerta al gobierno de su propio partido. Hoy, en Siero, nadie apostaría por “Cepi” como alcalde socialista, tan sólo apostarían por él como alcalde. En Siero conviene no dar por sentado nada. Las señales indican que hay serias posibilidades de que tome el mismo rumbo que su correligionario en Castropol si el paisaje en los próximos años se torna más áspero. La foto de Cepi junto al presidente del PP, Álvaro Queipo, ex-concejal de Castropol, portando una caja de Lacasitos, es otra señal a tener en cuenta que no debe pasar desapercibida. Cepi es un político local imparable y el Secretario de la Agrupación, el Presidente del Parlamento, Juan Cofiño, carece de suficiente influencia para embridarlo. El diputado más longevo de los sótanos de Fruela se aparta tranquilamente de Lady Macbeth y tampoco ve con buenos ojos lo que está sucediendo en el seno del Ejecutivo. El mecano pierde piezas, se desarma.

El efecto Castropol se extiende también al sindicalismo. José Luis Alperi ha desertado de las filas de Lady Macbeth y no tendría ningún reparo en abandonar la dirección del sindicato ante próximos acontecimientos. El enrocamiento de Adrián Barbón y Adriana Lastra ha infectado de desidia a una FSA que observa como el Ejecutivo es una palanca para que la mujer más poderosa del socialismo asturiano pueda ser coronada Secretaria General de la FSA, urbi et orbe. El presidente, mientras tanto, se consagra a gobernar para Alfredo Canteli y para Carmen Moriyón, porque los presidentes no hacen oposición a los Alcaldes, salvo si estás empadronado en Siero. Ha olvidado que también es el Secretario de todos los socialistas, a pesar de que una vez lo auparon en brazos a las puertas de las Casas del Pueblo. Nadie dijo que ser una cosa y la otra fuera fácil. Nadie en su sano juicio se atrevería a negar que la política fuera difícil.



























