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Las tres muertes de Marcial Dorado y la cuarta victoria de Feijóo

Feijóo gana unas elecciones con silencios, con la estrategia de la abulia argumental, sabiendo que el no hablar es su caballo ganador.

Hacer un análisis de resultados de las elecciones gallegas sería como viajar en el tiempo. Volver a la vieja política, los años duros del aznarismo. 1998. El Bloque como alternativa de izquierdas nacionalista, un PSOE a la deriva, y el PP sin nadie que le haga sombra. Como borrar de un plumazo 20 y pico años de historia política y de renovación.

Todo ha sido nuevo en la campaña menos el resultado. Mítines vaciados de contenido y público, gente privada de voto por los rebrotes, papeletas acompañadas de monodosis de gel hidroalcohólico, cabinas que antes custodiaban el voto secreto ahora sin cortinas, y colas de gente separadas por metro y medio de incertidumbre vital, pero con seguridad en el (trágico) final.

Votaciones este domingo. Foto: Xaime Fandiño.

La última semana se animó con un par de giros de guión inesperados, que no trascendieron más allá de las redes sociales, esa gran babilonia de ego y horror. Los Franco ponen a la venta uno de sus palacios, la Casa Cornide, emblemático edificio de la zona vieja coruñesa, una suerte de último Palacio de Invierno de una nobleza gallega que nunca existió, o si existió no supo gestionar su fortuna ni su poder. ¿Que ha tenido que pasar en este país para que los Franco, acechados en los juzgados por sus robos del pasado acaben vendiendo palacios en Fotocasa bajo epígrafes desfigurados como “casa chalet en la ciudad vieja (…) precio a convenir”?

El otro giro de guión fue la sentencia que otorga el tercer grado a Marcial Dorado, el narco discreto, el hombre que susurraba a los fardos. Marcial Dorado cobró protagonismo hace años a causa de unas fotos (El País, 2013) en las que aparecía con el hoy recién electo nuevo presidente de la Xunta de Galicia (y van 4), Alberto Núñez Feijóo, por aquel entonces presidente del Sergas (Servizo Galego de Saúde). Feijóo no sabía a que se dedicaba su amigo. Solo sabía que viajaban a sitios “donde había nieve”. Digamos que el establishment político no dejó que rodaran cabezas. Y el que pagó el pato por ser amigo de Feijóo fue Marcial Dorado, que por esa época ya estaba en la cárcel. Segunda muerte.

Feijoo de vacaciones con el narcotraficante Marcial Dorado.

Porque en realidad, la primera muerte de Marcial Dorado había sido en 2006. En el 90 consiguió salir absuelto de aquella polémica Operación Nécora, hito fundacional de la persecución del narco gallego, que hasta entonces hacía y deshacía a voluntad. Pero en 2006 murió en la cárcel (entiendan la metáfora) acusado de pertenecer a aquella enorme red de blanqueo que tenían los contrabandistas gallegos en Suiza, la Peseta Connection. Se dice que el hombre sutil de las tres muertes llegó a blanquear la friolera de 1,5 millones de euros a la semana, que se dice pronto.

Y aunque parezcan hechos poco relevantes para el futuro del país, si los consideramos históricamente, los Franco y el narco son dos momentos fundamentales en la conformación de la nueva derecha gallega, que no de la vieja. Sin duda don Manolo era más de espectáculo y tradición (¿2000 gaiteiros donde irán?). Y que hayan compartido titulares menores en los últimos puestos del scroll parece un ejercicio de conjura de las esencias que componen a esa derecha gallega que ayer volvió a ganar las elecciones.

Los entonces príncipes en el pazo de Franco.

Hubo un momento en que la noche electoral pegó un giro. Uno que es crédulo, quiso pensar que los pies de urna escondían sorpresa (y sorpasso). El sorpasso llegó, con un Bloque Nacionalista Galego tomando el control de la alternativa de izquierdas en la cámara con 19 diputados, como en los días dorados de Beiras, que no del Dorado, que ya dijimos ha muerto dos veces de momento, y una tercera por contar.

Todavía no me queda muy claro si las elecciones las gana el PP, o Feijóo, que dedicó la campaña a esconder el logo del partido, a esconder su programa político y mostrar su cara más amable de gestor de lo público y las limosnas a los sanitarios. Y pierde las elecciones, sin duda, Galicia En Común, que desaparece del Parlamento, porque probablemente de las calles ya había desaparecido y condena al ostracismo a todo el espacio de la nueva política que inventó el 15M, las coaliciones electorales y el ansia de modernidad (y os juro que la tuvimos, y fue bonito mientras duró).

Foto: Xaime Fandiño.

La tercera muerte de Marcial Dorado sería hace unos meses, cuando accede a participar en el programa de Jordi Évole, días previos a la campaña que luego se retrasaría por el Estado de Alarma y demás. Galicia entera pendiente del prime time del domingo. El narco que en su día había compartido viajes, barcos y cenas con Feijóo, tenía en su mano quebrar la reelección. Se las dio de caballero, de persona forjada en el honor. Pero su discurso fue frágil, poco convincente. Y así no se destronan caciques.

Sin haberlo planeado, he convertido a Marcial Dorado en protagonista de una crónica electoral que nos devuelve al pasado. Supongo que en mi condición de gallego exiliado, la política la construyo más a base de un imaginario simbólico que del día a día. Y os juro que no puede haber nada más simbólico que ver a tu presidente en una lancha por la ría de Vigo con unas Wayfarer, unas manchas de crema en la espalda, compartiendo recreo con un narco humilde y bonachón.

Feijóo gana unas elecciones con mayoría absoluta, con silencios, con la estrategia de la abulia argumental, sabiendo que el no hablar es su caballo ganador.

Foto: PP.

Y por eso que al ponerme a escribir se me vino a la cabeza Tommy Lee Jones en Los tres entierros de Melquíades Estrada, esa gran película hecha a base de silencios. Feijóo gana unas elecciones como el protagonista de la película se gana al público, con mutismo verbal pero con unas miradas llenas de dolor.

Le dolerá a Feijóo estar relegado a una comunidad periférica y poco decisiva en cuanto a reparto del pastel, pero sin duda, nunca encontrará un feudo como este, en el que nadie le haga sombra.

Xaime Fandiño
Escrito por

Quiso ser cocinero pero una cámara se cruzó en el camino. Dire de foto, morroputa, periodista en vacaciones y enamorado del agit-prop

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