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“Es un mito que el Caso Scala destruyera a la CNT en la Transición”

El historiador gijonés Hector González reconstruye en su tesis la historia del auge y declive del sindicato entre 1975 y 1985.

El historiador gijonés Héctor Gonález. Foto: Iván G. Fernández.

Héctor González (Xixón, 1989) es historiador y militante sindical. Hace tres años publicó “La CNT asturiana durante la Transición española” (Oviedo, KRK, 2017), un avance de lo que posteriormente ha sido su tesis doctoral, “El anarcosindicalismo español y sus escisiones, durante la transición española (1975-1985)”, que ha defendido con éxito el pasado septiembre. Buen conocedor de la confederación, de la que fue su secretario general en Xixón entre 2015 y 2016, en sus investigaciones analiza el auge y declive de un sindicato que en la transición parecía destinado a jugar un papel más relevante del que terminó ocupando. En la actualidad milita en el sindicato asturiano, Corriente Sindical de Izquierdas, trabaja en varios proyectos de investigación relacionados con la memoria del movimiento obrero, y prepara un nuevo libro sobre el Caso Scala, que considera no fue determinante en la crisis de la CNT en la Transición.

La CNT asturiana históricamente tuvo fama de moderada dentro de la Confederación, ¿por qué?

No soy un experto en el anarcosindicalismo anterior a la guerra, pero creo que cabe preguntarse qué es ser moderado o radical. Son adjetivos que se utilizaron en el marco de la guerra de posiciones dentro del sindicato, pero que muchas veces tienen más que ver con la descalificación y el ataque que con la definición de las prácticas reales. La CNT asturiana no participa de las tesis insurreccionales del anarquismo catalán, pero al final termina protagonizando en octubre de 1934 una insurrección a la ofensiva, que obliga al Gobierno a movilizar al Ejército de Marruecos y ocupar militarmente la región. Lo que sucede con la CNT asturiana es que es consciente del gran poder que la UGT tiene aquí, y práctica una política diferente con ella. Nunca lo tacha de ‘sindicato amarillo’ y sigue defendiendo bastante tiempo la fusión de ambos sindicatos en una sola central sindical. También hay una tradición de colaboración con el republicanismo federal asturiano que se mantiene durante muchos años, en las elecciones, en los ateneos, en las logias masónicas… Es un sindicato que busca alianzas con otros actores políticos y sindicales, pero que a la vez practica lo que hoy llamaríamos la desobediencia civil. Cuando a una familia le cortan la luz o la quieren desahuciar de su casa los afiliados el sindicato interviene directamente para impedirlo. Lo de radical, puro o heterodoxo son siempre etiquetas muy relativas. Federica Montseny fue una libertaria purista que terminó siendo ministra de la República. Cuando dejó de serlo volvió a ser la más purista de la CNT.

Percibo una escasa simpatía por ella

Siempre fue la más maximalista y la más posibilista según como le fuera a ella conveniente. Sus posicionamientos desde el exilio, muy desconectados de la realidad española, llevaron al aislamiento de la CNT del interior durante el franquismo.

Cartel del movimiento libertario de Asturias, León y Palencia, durante la Guerra Civil.

En tu libro explicas que hasta la Transición el anarcosindicalismo asturiano prácticamente desaparece del mapa político de la oposición

En Asturias la CNT deja de existir entre 1947 y 1951. Quedan cenetistas, pero no hay organización ni sindicato. En Gijón surge algo que se llaman las Comunas Revolucionarias de Acción Socialista, ligadas al filósofo José Luis García Rúa, hijo de un dirigente local de la CNT y militante del POUM, pero no son tampoco un grupo 100% anarquista, sino algo que trata de construir un puente entre anarquismo y comunismo. Hacia 1974 la rama más libertaria de CRAS contacta con algunos viejos militantes de la CNT, con algunos estudiantes de la Universidad de Oviedo, y reconstruyen la CNT asturiana. Es un proceso similar al que se da en Barcelona, Madrid y otras partes de España. La CNT se reconstruye en todos los lados a partir de esos tres grandes vectores: viejos militantes, estudiantes y sectores autónomos y anticapitalistas del movimiento obrero para los que Comisiones Obreras se ha convertido en un sindicato controlado por el PCE y que ha perdido su horizontalidad inicial.

Y es cuando se produce el boom de la CNT

En septiembre de 1976 la CNT tiene en toda España menos de 3.000 afiliados. Está lejísimos de la implantación de CCOO, e incluso de la UGT, que se está empezando a reconstruir. En el verano del 78 toca techo con 130.000 afiliados. No es un proceso específico del anarcosindicalismo, es una dinámica expansiva de todo el movimiento obrero español.

El historiador Hectór Gonález. Foto: Iván G. Fernádez.

¿Quién se afilia a la CNT de la Transición?

Suele decirse de la CNT de la Transición que era un cajón de sastre en el que había de todo. En general creo que se le ha concedido mucho más protagonismo del que realmente tenía a las Jornadas Libertarias de Barcelona en 1977, a la revista “Ajoblanco”, y a todo el componente bohemio, contracultural o hippie, que se une o simpatiza con CNT en esos años. Sin embargo, yendo a los datos, que es lo que he hecho en mi investigación, nos encontramos con que ese sector es muy minoritario, y que incluso los temas relacionados con la contracultura tampoco tienen demasiada presencia en la prensa de la CNT, que está centrada sobre todo en temas laborales, sindicales y en la actualidad política vinculada con las problemáticas de clase obrera. En la Transición la CNT es una organización fundamentalmente obrera cuya afiliación descansa en las tres grandes patas de los sindicatos de la época: metal, industria química y artes gráficas. La construcción o el transporte tienen mucha menos presencia, y la afiliación en la educación, la sanidad y los servicios públicos es prácticamente marginal.

Portada de “Ajoblanco” sobre las Jornadas Libertarias de 1977.

¿Y quiénes son esos nuevos obreros que conectan con el viejo anarcosindicalismo en los años 70?

Son los sectores del movimiento obrero más asamblearios, que defienden un sindicalismo anticapitalista e independiente de los partidos políticos. Una minoría dentro de la clase trabajadora, pero una minoría que en aquel momento representa a 120.000 o 130.000 personas en toda España, y que logra liderar algunos conflictos muy importantes.

¿Es el famoso Caso Scala y la muerte de cuatro personas en aquel atentado contra esa sala de fiestas barcelonesa lo que marca el inicio del fin de la CNT en la Transición?

Estoy escribiendo un libro sobre el tema. En mi opinión es un mito que el Caso Scala y la campaña de intoxicación en los medios que vino después acusando de terrorismo a la CNT destruyera al sindicato. Ni siquiera creo que influyera mucho. El Casco Scala fue en enero de 1978 y la afiliación sigue creciendo todo ese año, el periódico “Solidaridad Obrera” llega a profesionalizarse y se distribuirse de manera comercial en los kioskos, la CNT todavía lidera conflictos laborales muy importantes como la huelga de gasolineras en Barcelona… Quienes simpatizaban con la CNT nunca la vieron como un grupo terrorista ni se creyeron las mentiras del Ministerio del Interior. La CNT sigue creciendo todo el año 78, por otro lado, como el resto de sindicatos españoles. Deja de crecer cuando dejan de crecer los demás, y por razones parecidas. Se produce un reflujo general del movimiento obrero.

Cartel de la huelga de gasolineras de Barcelona, verano de 1978.

Otra opinión muy extendida, y que tú cuestionas, es que la discusión entre presentarse o no a las elecciones sindicales fuera clave en la dinámica autodestructiva que inicia el sindicato al final de la Transición

La CNT boicotea las elecciones sindicales de 1978, y a pesar de ello en Catalunya hay secciones sindicales que desobedecen la consignan, se presentan y obtienen 400 delegados. Nadie les llega a desautorizar porque en ese momento las cosas no están nada claras internamente. Hay sectores que son partidarios de entrar en los comités de empresa porque consideran que no estar en ellos en un momento de reflujo de la movilización obrera supone quedarse fuera de juego, y otros que piensan que participar en las elecciones sindicales es liquidar el movimiento asambleario. Entre medias hay quienes proponen vías intermedias: combinar asamblearismo con presencia en los comités. Es una discusión estratégica muy fuerte, pero no se puede resumir en la CNT-AIT estaba contra las elecciones y la CNT-Congreso de Valencia, la posterior CGT, a favor. Hay sindicatos pro comités y anti comités en ambos lados.

¿Entonces dónde está el motivo de la ruptura en 1979 de la CNT?

Creo que el origen está en la frustración con respecto a las expectativas muy altas que se habían generado en la Transición. Ni se logra la ruptura o la revolución que algunos habían creído que llegaría, ni tampoco se consigue el premio de consolación, que era reconstruir el gran sindicato de los años 30. Hay cifras exageradas que hablan de 300.000 afiliados en el mejor momento de la CNT. Son falsas. El sindicato tiene tres años de mucho crecimiento, pero nunca llega a pasar de los 130.000 afiliados. Al final cuando ni consigues hacer la revolución ni construir un gran sindicato se produce una desilusión que manda a mucha gente a casa, y que también se transforma en broncas internas y guerras entre compañeros. La discusión sobre las elecciones sindicales o los comités de empresa, es más un síntoma de esa frustración, que el verdadero motivo de la crisis. La CNT crece hasta 1979 y entra en crisis cuando todo el movimiento obrero español entra en reflujo.

Héctor González en la antigua cárcel de Uviéu, hoy archivo histórico provincial de Asturies. Foto: Iván G. Fernández.

Concretamente sobre Asturies consideras que la Corriente Sindical de Izquierdas ocupa a partir de los años 80 el espacio del anarconsindicalismo asturiano, aunque no sea un sindicato libertario

El crecimiento de la CNT en la Transición está limitado porque buena parte de los sectores más combativos de la clase trabajadora siguen en CCOO. Por mucho que se diga, CCOO no era la perfecta correa de transmisión a la que aspiraba el secretario general del PCE . El conflicto entre Santiago Carrillo y Marcelino Camacho, que dimite como diputado del PCE a causa de ello, tiene que ver precisamente con la autonomía del sindicato. Dentro de CCOO sigue habiendo otras corrientes políticas y secciones o sectores con prácticas muy asamblearias. Además, en el transcurso de la Transición surgen otras expresiones de sindicalismo radical y asambleario que ocupan el espacio natural de la CNT. En Asturias eso es la Corriente Sindical de Izquierdas. Mientras la CNT entra en una crisis muy fuerte y está envuelta en una pelea legal por las siglas y el patrimonio, en Gijón aparece en 1982 la CSI, que en gran medida conecta con esos sectores obreros que demandan un sindicalismo más asambleario.

Te sigues definiendo como anarquista, aunque no militas en un sindicato anarquista, ¿qué se puede reivindicar en 2020 de la tradición libertaria como patrimonio común de los movimientos que defienden la transformación social?

Creo que el anarquismo tiene algunos elementos que pueden seguir aportando a día de hoy, y que pueden funcionar como una especie de guía ética y moral en el siglo XXI. Cuestiones como el anti-autoritarismo, la defensa de la libertad personal, la acción directa, cuando esta es posible, o el federalismo de verdad, el respeto a la autonomía de los demás, siguen siendo perfectamente válidas para construir una verdadera democracia federal y no autoritaria.

Para terminar. Una valoración rápida de dos de los más importantes dirigentes asturianos de la CNT, ambos gijoneses: Ramón Álvarez Palomo y José Luis García Rúa.

Palomo es un hombre admirable, que levanta pasiones encontradas. Se ama o se odia. Me parece que su entrega al sindicato es admirable. Tenía la vida resuelta en Francia, muere Franco y lo deja todo para volver a Gijón a reconstruir la CNT. Quizá sea junto con Montseny el dirigente de la CNT de los años 30 que vuelve a jugar otra vez un papel destacado en la CNT de la Transición. Se alinea con la CNT-Congreso de Valencia en la crisis, pero era una persona muy tendente a la intransigencia y que en algunos momentos llegó a comportarse como si el sindicato fuera de su propiedad. En cuanto a Rúa, es una especie de santón laico, una buena persona con una entrega en cuerpo y alma en tiempos tan duros como los años 80 y 90. Todavía con más 70 años, cuando tenía que ir a reuniones a Madrid, para ahorrar dinero al sindicato, dormía en un camastro en la sede de Tirso de Molina . Todo eso no quita para que me parezca que tenía una visión muy poco realista del movimiento obrero.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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