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Entrevistas

“Los hijos no son de los padres ni del Estado, son de TikTok e Instagram”

José Errasti lleva veinticinco años aguijoneando los prejuicios de los alumnos de la facultad de Psicología de Oviedo

José Errasti en la facultad de Psicología de Oviedo FOTO: Iván G. Fernández

Por las clases de José Errasti no pasa uno en vano. A ellas entran adolescentes cándidos con una “psicología de Telecinco” para salir con los prejuicios triturados, aguijoneados por su retórica vibrante, su humor corrosivo y sus razonamientos impecables. ”Echo de menos que vuelva la normalidad a la facultad, ver a los alumnos por aquí y que haya vida”, dice el profesor de Personalidad desde su despacho en una facultad de Psicología desierta. 

Pocos profesores universitarios tendrán alumnos dispuestos a quedarse una hora más en clase discutiendo lo que se ha explicado

Yo tengo la suerte de que doy una materia, psicología de la Personalidad, muy guapa y muy interesante. Mi asignatura va directamente al grano de los temas centrales de la Psicología. Y como yo no me caracterizo por tener posiciones tibias, contemporizadoras y mediadoras, sino por tener unos principios elementales que se aplican sin excepciones, no cabe duda de que en ocasiones puedo llamar la atención.

La gente llega a la facultad creyendo que ya sabe psicología, y viene para que se la ratifiquen. Todo el mundo está sumergido en una cultura psicológica y tiene conceptos de psicopatología, todo el mundo tiene una idea psíquica del ser humano o de para qué sirven las emociones. Y el problema no es que yo rebata esas ideas, es que hay otros profesores que se las confirman; y su psicología es psicología mundana, psicología de Telecinco. Entonces entiendo que mis clases sean polémicas, pero las tengo llenas.

¿Falta formación humanista en la carrera de psicología?

Absolutísimamente. El principal problema que le veo al plan de estudios es que está centrado en entender la psicología como una ciencia natural ya dada, ya resuelta, una ciencia de la salud más como cualquier otra. Se pone mucho el acento en asignaturas que se atengan a la lógica científico-natural de lo comprobable empíricamente. Y nos encontramos con que un alumno puede terminar la carrera sin tener ni la menor noción de antropología, de sociología, de filosofía, de historia del arte, de literatura, de derecho…De todas las cosas que hacemos los humanos.

Si de pronto se descubriera que las abejas escriben libros no me imaginaría yo a ningún apicultor no queriendo leerlos, o que los pájaros pintasen cuadros y un ornitólogo no fuese corriendo a ver los cuadros que pintan los pájaros. Pero un psicólogo apasionado por la conducta humana no muestra ningún interés por la historia del arte, lo cual llama la atención. Es ya un tópico decir que el psicólogo que solo sabe psicología no sabe psicología.

“Entiendo que mis clases sean polémicas, pero las tengo llenas”

La psicología como una técnica aplicada

La facultad de psicología empieza a parecerse a una autoescuela donde te enseñan una serie de técnicas, que te enseñan descontextualizadas, como si fueran técnicas naturales para intervenir sobre fenómenos naturales, y nunca contextualizadas en toda su carga ideológica y de producto social. Creo que esto en parte es un intento de desmarcarse de la historia previa de la psicología, que estuvo muy en la sombra de la filosofía, y se derivó hacia un saber con apariencia de prestigio y ciencia potente y natural. Y es casi peor el remedio que la enfermedad.

¿Cumplen hoy los psicólogos el papel que tenían los curas en las sociedades tradicionales?

En todas las épocas históricas han existido figuras de ayuda o apoyo en el ámbito de lo personal a los individuos. Eso no quiere decir que en todas las épocas hayan existido psicólogos, porque en otras épocas esa ayuda en el ámbito de lo personal podía ser entendida en una esfera básicamente religiosa, o estrictamente política, como los sofistas en la Grecia clásica.

A finales del siglo XIX, en las sociedades urbanas capitalistas, la intimidad, el mundo de los sentimientos y de lo individual, comienza a inflarse y empiezan a aparecer los problemas de lo íntimo. No es que no hubieran existido previamente, cuanto que previamente no se entendían bajo el concepto de problema personal. No es tanto que no hubiera depresión o ansiedad antes, sino que la depresión de antes era la tristeza. Y sin duda la tristeza era un problema en la vida, pero un problema integrado en el fluir esperable y natural de la vida; y la ansiedad que existía era el miedo, y en ocasiones el miedo a cuestiones existenciales importantes: la muerte, la enfermedad, el infierno y demás.

Pero no se entendían como problemas a una escala individual de algo que constituye la esencia del individuo. A partir de Viena, Praga, Moscú, Nueva York, empieza a considerarse que hay una esfera íntima que puede ir mal y comienza a reclamarse la presencia de un técnico encargado de lo íntimo, y se rechaza que pueda ser el sacerdote. Cuando las hijas de los burgueses vieneses, a finales del XIX, comienzan a desmayarse y a tener crisis nerviosas, sus padres adinerados no las llevan al sacerdote, sino que las llevan al doctor. Al doctor Freud, claro. No es tanto que la psicología cumpla la función del cura como que el concepto de enfermedad es el gran modelo del siglo XX de lo que es un problema humano.

¿Para qué sirven entonces los psicólogos en una sociedad opulenta e individualista?

Pueden cumplir muchas labores, en ocasiones muy buenas y en ocasiones muy malas. Este sistema individualista furioso, sentimientocentrista, que da a entender que los sentimientos son la clave de la naturaleza humana y el criterio de verdad de todo, da con frecuencia lugar a personas que no encajan y que sufren.

En tanto que la psicología actúe como el herrero que, a martillazos, hace encajar al sujeto en la sociedad, estará haciendo una mala labor. Y en tanto que actúe advirtiendo acerca de qué disfunciones sociales están dando lugar al incremento de trastornos depresivos y ansiosos y dónde están las trampas, en ese caso la psicología puede hacer una labor muy positiva.

¿Cómo explicas la enorme fascinación cultural y popular por el psicoanálisis?

Es muy curioso porque es exactamente lo contrario de lo que Freud pronosticó. Dejó escrito que el psicoanálisis nunca sería popular. “Venimos a traerles la peste”, le dice a Jung en el barco antes de desembarcar en Nueva York. Estaba convencido de que nunca sería aceptado por los no especialistas, y lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario.

En la universidad el psicoanálisis tuvo su etapa, casi más por motivos de sociología de la ciencia que por causas internas a la ciencia. Pero a nivel mundano y popular el psicoanálisis triunfó extraordinariamente y dio lugar a un gran número de juegos, de imágenes, de guiños, de contenidos en la literatura, en el cine…Quién no ha oído hablar del complejo de Edipo, de la interpretación de los sueños, de la represión de los deseos, de la sexualidad oral, del inconsciente…

Cada época tiene una mitología. Y mientras que en otras épocas la religión era la gran proveedora de temáticas, iconos, imágenes argumentos para cuadros y estatuas; en la actualidad la idea de que llevamos en nuestro interior un mundo complejo y fascinante, oscuro, atormentado, desiderativo, sexual, que desconocemos, da un juego extraordinario para el narcisismo del siglo XX y para la vanidad individualista y sentimientocentrista. Y es creído por los que viven de ello y por la gente de la calle. Claro, la gente de la calle no ha oído hablar de Eysenck ni de Skinner.

“El psicoanálisis es una teoría conservadora que finge ser transgresora”

No son figuras pop

Claro, y Freud es una figura pop. El psicoanálisis sería un ejemplo perfecto de una teoría absolutamente conservadora que finge ser absolutamente transgresora. Se piensa que Freud era un tío muy transgresor, que escandalizó a la sociedad de su época con la sexualidad infantil, con sus estudios sobre el erotismo. Cuando en verdad Freud es un producto del individualismo de su época, un producto brillante por supuesto, que es lo más conservador, complaciente y convencional del capitalismo del siglo XX.

EL POP Y LOS CURAS PROGRES

Nuestra cultura ha convertido la transgresión en norma, hasta las series de Netflix son transgresoras

El problema es que la transgresión se ha convertido en algo meramente actitudinal y emocional. Para mucha gente de izquierdas que algo sea transgresor es un valor per se, al margen de cuál sea el contenido.

Las posturas de izquierdas a lo largo del siglo XX han ido con frecuencia, en tanto que retaban al antiguo régimen, acompañadas de un carácter de rebeldía y transgresión, pero que era obviamente accesorio y secundario, algo circunstancial. Sin embargo, la psicologización de la izquierda ha hecho que para mucha gente sea una cuestión más emocional, sentimental, de actitudes de rebeldía, que del contenido de lo que estás diciendo.

Figuras extraordinariamente conservadoras, en el sentido de individualistas, metafísicas, neoliberales, que presentan formas de ver el mundo muy rancias, muy propias del capitalismo, con tal de que finjan una cierta pose, un cierto estilo, un cierto desparpajo, una cierta crueldad, parece que se han ganado el prurito de ser de izquierdas.

¿Almodóvar, por ejemplo?, ¿los Javis?

Sin duda Almodóvar es un ejemplo magnífico. Toda la Movida fue un movimiento claramente reaccionario, narcisista, hedonista, individualista, de exaltación de lo frívolo, de la transgresión vacua y estética. Y no digo que la transgresión estética siempre sea vacua, pero en este caso lo era.

A los Javis no me atrevo ni a calificarlos de fenómeno cultural. Están más cerca de un emoticono o de una hamburguesa de Mcdonalds que de un ser humano. Son un eslogan, un hastag. Son un producto de las redes sociales y se limitan a vender actitud. Y en la adolescencia la actitud se vende muy bien, es difícil resistirse a la tentación del narcisismo. Pero a medida que vas cumpliendo años, los que únicamente venden actitud empiezan a dar mucha pereza, porque empiezas a verles las costuras y las trampas por detrás.

Por eso hace tiempo que no soporto el pop. Porque es la exaltación de lo más reaccionario y lo más peligroso. El pop es como los curas progres. Se ganan ciertas simpatías, se cree que son progresistas y te cuelan por detrás una agenda absolutamente retrógrada y desmovilizadora. Por lo tanto, los curas que sean muy carcas, para que huyamos de ellos, y los cantantes pop que sean todos como Alaska y Mario Vaquerizo.

José Errasti a la puerta de la Facultad de Psicología. Foto: Iván G. Fernández

También la extrema derecha se ha apropiado de la pose transgresora con eso de la “incorrección política” y la “dictadura progre”

Llegó un momento en el que la izquierda pisó moqueta y llegó al poder. Entonces ahora, en cierto sentido, la izquierda es al antiguo régimen, y por tanto cabe que las posturas enfrentadas se presenten también como transgresoras. Ser revolucionario es inherentemente atractivo y todo el mundo va a pretender serlo; todo el mundo va a pretender que sus posturas retan lo establecido y suponen un gran cambio. Y es porque vivimos en una sociedad en donde el discurso publicitario ha teñido de connotaciones muy positivas a palabras como “cambio” o como “nuevo”. Todo el mundo se quiere presentar como un cambio, pero eso no es más que un tic tomado de la Coca-Cola, de la publicidad que necesita estar renovando constantemente la venta de sus productos.

Viene de ahí ese afán de ser revolucionario y transgresor. Si eres transgresor, entonces eres tú mismo, entonces eres único, si eres único eres especial; si eres especial, no estás en la masa. En la ciudad, que es donde tenemos que crearnos una identidad, ser diferente, único y especial, retar lo convencional, es un gran valor que cotiza en el mercado de las identidades.

“JUSTICIA POPULAR IRRACIONAL Y CALENTURIENTA”

¿Por qué le preocupa y le interesa tanto la teoría queer y la Ley Trans como para haberse pasado estos últimos meses dedicándose casi en exclusiva a ello? Más aún cuando es un debate tan bronco y aparentemente sin relación con su materia

Está absolutísimamente relacionado, no puede estarlo más. Yo dedico un tercio de la asignatura a contar cómo en la ciudad moderna el yo colapsa. Aparece la idea de que tenemos una identidad propia e interna. Llevo 25 años poniendo ejemplos de todo tipo, y de pronto aparece el tema trans, que es el ejemplo perfecto. La idea típicamente capitalista e individualista de que tenemos una esencia personal que tiene que ver con nuestra subjetividad y con nuestra experiencia interna, y que esa esencia, esa manifestación de la subjetividad, tiene tal potencia y tal veracidad que todo el mundo ha de callar ante su manifestación y expresión. Y es capaz de vencer a la lógica, de vencer a la materia y a la ciencia.

El caso es que yo empiezo a escribir en el Huffington Post, y los artículos tenían una repercusión normal. Y de pronto escribo un artículo sobre lo que llamé transfobofobia, de cómo el miedo a ser considerado tránsfobo hace que mucha gente suspenda la lógica, y se monta un follón en las redes…Eso me mete en un tema al cual yo entro encantado, porque me parece importantísimo. Y que sea bronco y esté lleno de trolls desanimará a alguna gente, pero a otra le pone [Risas] A mí no me echa para atrás en absoluto.

La idea clave es que estamos ante un espejismo, el espejismo queer. En los espejismos ves las cosas al revés. La clave del fenómeno queer es que se pretende convertir en algo que brota espontáneamente de la persona algo que en realidad la persona ha interiorizado de la comunidad verbal. Obviamente es algo que ha aprendido, no es una manifestación de una esencia mental interior. De ahí el espejismo, la vuelta del revés típícamente ideológica.

Gracias a este tema, por ejemplo, yo me reconcilié con el feminismo. En mi ignorancia yo pensaba que el feminismo en la última década había enloquecido, como el veganismo o el animalismo. Y cuando me metí en esta historia fue cuando descubrí que de eso nada. Que hay un feminismo llamado radical, que es el mayoritario dentro del feminismo, y que está representado por las mentes más inteligentes. Empiezo a leerlas y estoy de acuerdo casi al 100% en todo lo que dicen. Es un movimiento muy sólido.

“Retar la convencional es un valor que cotiza en el mercado de identidades”

¿Corre peligro la libertad de expresión?

No está en peligro por ahora, pero no sé si en dos años podremos decir lo mismo. No está en peligro por regulaciones legales, pero en las redes sociales se da un juicio global que puede provocar mucho más dolor que las faltas legales. Una buena campaña de desprestigio, de censura al fin y al cabo, te deja muerto. Si vives de escribir, de hacer cine, de la música, de tu imagen, de un monólogo, si tu sueldo viene de esto, de pronto…Se te cruzan dos trolls fanáticos, dan las dianas con dos eslóganes y dos hastags adecuados y se acabó tu vida. Y la gente está acojonada con estas cuestiones. No se habla con la libertad con que se hablaba en otras épocas.

Todo lo que ha habido alrededor de J. K Rowling, por ejemplo, por decir obviedades indiscutibles. Yo conozco a algún escritor que me lo confiesa, que no se va a mojar en este tema porque es hombre muerto. Es una justicia popular que no tiene apelación. Es una justicia popular emocional, irracional, calenturienta, inmediata. Te pegan y estás fuera.

Un medio me pidió hace unos meses una columna sobre el fenómeno queer. Y yo escribo un artículo sesudo y fundamentado y se lo envío. Para mi increíble sorpresa veo que me empiezan a dar largas, y al final me dicen que lo sienten mucho, pero no lo pueden publicar. ¿Pero esto cuándo se vio en España? Que no lo pueden publicar porque les montan una campaña de que son tránsfobos y se acabó el medio.

¿Qué huella nos va a dejar la pandemia?

Creo que menos de la que creemos. Estamos muy pegados a la inmediatez de la actualidad y nos parece que estamos viviendo el suceso más importante en muchas décadas, y lo es. Pero el momento en que termine, dentro de año y medio o dos años, rápidamente se recupera la normalidad y esto será un recuerdo. Una vez que se reinstauren las circunstancias de antes se reinstaurará el cómo éramos antes.

“La Movida fue un movimiento claramente reaccionario”

¿Qué legado nos va a dejar? Espantosos telefilmes americanos en las sobremesas de los fines de semana. Pero aparte de su impacto en la iconografía, creo que no va a dejar gran huella si esto se resuelve en unos meses, como parece que va a ser así.

Se ha dicho mucho estos meses que si China ha tenido más éxito controlando la pandemia ha sido en parte por su cultura más colectivista frente al individualismo liberal de Occidente

Siempre se ha presentado a las sociedades orientales como sociedades donde los valores colectivos priman sobre los individuales, contra el capitalismo occidental donde el individuo es el valor supremo. No cabe duda de que este es un tema que obliga a tener una visión social del individuo, a considerar que tu papel social pasa por encima de tus apetencias, tus gustos y tu identidad personal. Eso, en principio, lo saben perfectamente en Oriente y lo hemos olvidado en Occidente.

Para esta lucha no cabe más remedio que entender que yo soy un soldado del ejército y tengo que supeditarme al mando de la autoridad. Eso es más fácil de entender en culturas menos narcisistas que la nuestra, en la que lo primero que pensamos cuando nos dan una norma es cómo podremos hacer para saltárnosla.

PROFESORES O DEPENDIENTES DE EL CORTE INGLÉS

Se ha hablado mucho de este tema los últimos meses: ¿los hijos son de los padres o son del Estado?

Los hijos son de TikTok y de Instagram. Hay que ser de una ingenuidad palmaria para pensar otra cosa. Obviamente los hijos no son propiedad de nadie, pero si “ser de” significa “depender de” o “estar influido por”, los hijos hoy en día son de las redes sociales, de las empresas y del mercado de identidades.

Ante tamaña influencia, creo que la única fuerza social que tiene alguna posibilidad de contrarrestarla es el Estado. El Estado con una educación que oponga a los valores individualistas, narcisistas, frívolos, desmovilizadores, irracionales y sentimentalistas los valores deseables en la república: el socialismo, el altruismo, la solidaridad, la unidad, el feminismo, el racionalismo y el cientifismo. Los valores que fortalecen el grupo. Creo que es el único contrapeso que cabe oponer a la descomunal influencia de las empresas, de la cual los padres o no se enteran o no quieren enterarse.

José Errasti. Foto: Iván G. Fernández

Pero el propio Estado refuerza esta tendencia contratando a Google en las escuelas y universidades

Esta lógica empresarial, por puro papanatismo, se traslada incluso a las universidades que no han sido compradas por empresas. Porque si ya te ha comprado Google veo muy bien que trates a tus alumnos como consumidores de Google, pero que universidades en donde aún no nos han comprado ya hayamos asumido que el alumno es el cliente, que hay que complacerle, que tiene que estar siempre satisfecho…Que desde fuera un extraterrestre no distinguiera si somos dependientes de El Corte Inglés o profesores universitarios es muy problemático.

“La pandemia nos va a dejar menos huella de la que creemos”

Los medios tratan permanentemente a los niños como clientes, y se dedican a alabarlos y a llamar su atención. Y lo hacen con unas herramientas tan seductoras que los profesores o se ponen a jugar al mismo juego o son desatendidos. Y al final los profesores, al mismo nivel que las empresas, entran en esa lógica de “tú eres único, tú eres especial, te queremos, eres el mejor que hay, piensa en ti porque tú y tú y tú”. ¡Eso es exactamente una estrategia para vender Phoskitos y Kellogs! Lo más grave es que muchos de esos profesores no se dan cuenta de lo que están haciendo, porque son los primeros que se han creído el mensaje de Kellogs de que los niños son todos únicos y maravillosos y especiales, y son todos diferentes…

La antítesis de ese modelo de profesor y de universidad podría ser Gustavo Bueno, que ha sido una de sus mayores influencias

Claro. Yo me lo encontré en la universidad, donde estudié del 82 al 87. Llegué a la facultad con mi pañuelo palestino y mi macuto militar, que los progres llevábamos en aquella época, y yo era un cliché. Un cliché andante recién salido de la fábrica de clichés: progre, cantautor, Che Guevara…El cliché perfecto. Para qué iba a pensar yo si ya las pegatinas que llevaba en la carpeta pensaban por mí. Las pegatinas eran los tuits de los años 80. Y según yo llego así me encuentro con Bueno en su mejor época, un Bueno que mete leña, pero una leña de la ostia.

Yo de aquéllas era un agnostiquillo muy light. .Había pasado quince años en un colegio de curas. Entonces llega Bueno el primer día de clase y dice “lo primero que tiene que hacer un historiador que quiera investigar a Jesucristo es investigar quién fue el legionario que dejó preñada a la virgen María”. Y ¡hostia! [Risas]. Un silencio en la clase, todos tomando apuntes “pre-ña-da-a-la-vir-gen-ma-rí-a”… …

Bueno es un personaje descomunal en la filosofía española. Un personaje de una brillantez, de una solidez en sus análisis, de un conocimiento exhaustivo de las materias. Un catedrático de filosofía de la ciencia que igual te hablaba de química, de historia, de antropología o de lo que fuera. Al principio no entendías nada, pero sospechabas que ahí había algo muy sólido. Porque además Bueno desde el primer momento te trataba como un igual. No te explicaba las cosas, sino que suponiendo que las sabías, las discutía o las comentaba.

Lo poco que yo pueda tener de bueno como profesor y en las ideas que defiendo se lo debo a Gustavo Bueno, el mejor profesor de filosofía que había entonces en España, y a Marino Pérez, que es el mejor psicólogo de España de los últimos treinta años.

Han dado mucho de qué hablar los vaivenes políticos de Bueno

La figura de Bueno es de una potencia filosófica que impide cualquier categorización sencilla. Que si era de derechas, que si era un facha, era marxista, era comunista…Estas categorizaciones sencillas simplemente no encajan en una figura como la suya. Está muy por encima de esos adjetivos, que no son menores, pero aplicándose a Bueno sí son menores. Y una prueba de la potencia de Bueno es la enorme escuela que ha dejado tras su muerte. También la existencia de una derecha buenista y de una izquierda buenista, aunque yo creo que la izquierda buenista es mucho más potente que la derecha buenista.

El filósofo y profesor Gustavo Bueno en el pozo Fondón en 1986

Se ha perseguido siempre oponer el primer Bueno marxista, que bajaba a las minas a explicar a Hegel a los mineros, al segundo Bueno, al que se le ve patriotero y facha. Pero no estoy yo nada seguro de que esa distinción sea correcta. La lectura de la nación española como una fuerza progresista es algo que está ya en obras muy tempranas de Bueno. Aquí de nuevo nos movemos por los clichés tan cansinos de que si España es de derechas o no. Pero Bueno tiene muy claro, y cualquier materialista debe tenerlo muy claro, que hablar siempre es hablar contra alguien. Con lo cual no tiene sentido hablar de España si no es contra Alemania, contra Turquía, Irán o Estados Unidos. Contra no es por “oposición de”, sino “midiéndose con”, “en relación con”.

Vemos en el mundo la confluencia de un gran bloque rabiosamente capitalista, individualista, ultranacionalista, neoliberal y protestante; otro bloque que sería el islam, y otro podría ser la hispanidad, ¿quién va a dudar que el más progresista de los tres es la hispanidad? Así es como un materialista analiza las cosas. Un materialista va más allá de los estímulos paulovianos de “bandera de España, ¡facha!”, para entender que si yo critico a España estoy, lo quiera o no lo quiera, defendiendo a Alemania o a Turquía o a Irán. Y si yo ataco al catolicismo, un ateo furioso y combativo como yo, inevitablemente estoy defendiendo el protestantismo.

Yo creo que eso Bueno siempre lo tuvo muy claro, y eso chirría a toda esta izquierda tonta y emocional, meramente actitudinal, para la cual, en su rebeldía adolescente, ir en contra de España es fundamental en todo. Y ni se les ha pasado por la cabeza que ir en contra de España obliga a preguntarles que entonces a favor de quién están yendo. Y la respuesta, obviamente, no es Asturias.

“La izquierda se caracteriza por una filosofía materialista y una visión socialista de la política”

Yo desde que entendí esto me cuido mucho de a quien critico, y reflexiono sobre quién puede resultar beneficiado de mi critica. Es decir, a quién estoy defendiendo. Porque no me puedo poner en las nubes y criticar desde las alturas divinas sin mojarme con nada. Si critico esto estoy defendiendo lo otro. Las cosas se definen por su relación entre ellas, no hay posturas asépticas y divinas.

El pensamiento de Bueno está de alguna forma detrás de oposición entre una “izquierda rojiparda” y una “izquierda posmoderna”

Izquierda y derecha son palabras complejísimas, pero creo que nadie discutiría que la izquierda se caracteriza por una filosofía materialista de la realidad y una visión socialista en política. Ser materialista implica oponerse a la metafísica, al sentimentalismo, a las esencias puras y previas. Ser materialista obliga a analizar históricamente los fenómenos dados tal y como van brotando en la sociedad, en función de las relaciones objetivas que se establecen entre ellos. Para un materialista el papel de la subjetividad individual es como un residuo que suelta la máquina, pero que no tiene la menor importancia en su funcionamiento.

Y ser socialista en política supone enfrentarse al individualismo. Tener una visión donde los valores colectivos están por encima de los individuales, y donde el individuo no puede reclamar que es previo y superior a la sociedad. Aquí hay dos posturas: pensar que la sociedad es un conjunto de individuos, y que por tanto el individuo es previo a la sociedad y la sociedad se forma por acumulo de individuos; o pensar que es al revés, que es el individuo el que es un producto de la sociedad. O, dicho de otra forma, es enfrentar la idea de que la sociedad es un conjunto de individuos sueltos con la idea de que la sociedad es un conjunto de relaciones. Es decir, la sociedad no es el conjunto de Bernardo más Errasti, más María, más Pedro, sino es el conjunto de la relación paternofilial de Pedro con Manolo, más la relación profesor alumno de Errasti con no sé quién, la relación comercial del zapatero con José…La sociedad como conjunto de relaciones, no de individuos, donde los individuos son el extremo de la relación. Ver la sociedad como una playa con un montón de granos de arena contra la sociedad como una red formada por los hilos que unen los nudos, y donde los nudos son el cruce de los hilos.

Bernardo Álvarez
Escrito por

Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

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