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Cultura

¿Qué hay del anarquismo hoy?

El anarquismo anticipó muchas ideas y prácticas hoy extendidas por los movimientos sociales, pero no logró sin embargo renovarse después de su breve resurgir en la Transición.

Ilustración: Ana Milton.

Que el anarquismo murió de éxito es una de las argumentaciones que suele exponerse para explicar los motivos de su falta de presencia, en tanto que sujeto político activo y organizado, en la sociedad española actual. Una sociedad en la que la ausencia de grandes organizaciones anarquistas como las de antaño, contrastaría por el contrario con el hecho de que muchas de las ideas y prácticas anarquistas han ido siendo asumidas, o tienen altas dosis de legitimidad, entre amplios sectores de la población que sin embargo no se autoidentifican como anarquistas. La horizontalidad en la organización y la toma de decisiones, el rechazo a la Monarquía, al sistema parlamentario, a los partidos políticos y al conocido como régimen del 78 no son ideas mayoritarias, pero si muy presentes en todos los procesos colectivos de la última década.

Amplios sectores de la población que no se autoidentifican como anarquistas asumen sin embargo muchas de sus ideas

Las escuelas libres y la pedagogía alternativa, los centros sociales autogestionados, la cultura y el software libres, la economía social y solidaria, las luchas por el espacio urbano y por la vivienda, el ecologismo, el pacifismo o el feminismo, son movimientos que no provienen exclusivamente del anarquismo, pero que hunden una parte importante de sus raíces en el tronco libertario en un sentido amplio.

En el campo laboral, tanto los procesos asamblearios como los nuevos fenómenos de autoorganización obrera al margen de las estructuras sindicales tradicionales, los sindicatos de manteros, de kellys, de músicos, no dejan de recordar a las formulas organizativas y de movilización de la vieja CNT.

Frente a esta hipótesis digamos optimista, al menos desde el punto de vista libertario, la otra gran explicación vendría a decir precisamente lo contrarío: el anarquismo fracasó y está muerto. Lo cierto es que, errores específicos a parte, es cierto que el anarquismo español no supo gestionar o adaptarse a su propio éxito, o mejor dicho, al éxito que las ideas fuerza libertarias habían tenido en las sociedades europeas posteriores a los años 60. Ambas explicaciones son por tanto compatibles, en la razón de su éxito, el anarquismo tuvo implícito su fracaso.

El movimiento Provo holandés en una de sus campañas a favor de la bicicleta en Amsterdam.

Estas propuestas político-sociales de cariz anarquista, impregnan la sociedad no solo española, sino occidental. Sin embargo y salvo excepciones, el anarquismo organizado no tiene una proyección social relevante en prácticamente ningún lugar del mundo. Algo que es especialmente llamativo en España, un país en el que tradicionalmente se respiraba anarquía por los poros.

¿Por qué? ¿Por qué el anarquismo no fue capaz, en la España de la Transición, de adaptar sus organizaciones y programas a la nueva realidad emergente, a pesar de que propuestas en ese sentido no faltaron? ¿Fue quizá que aquellas iniciativas se equivocaran teniendo razón demasiado pronto?

Propuestas libertarias en la Transición

No fueron pocas y en su inmensa mayoría estuvieron ligadas a la CNT. No en vano, la trayectoria revolucionaria del anarcosindicalismo, su horizontalidad e independencia de partidos y organizaciones, convertirían sus históricas siglas por un corto periodo de tiempo, al menos entre 1976 y 1979, en un imán enormemente atractivo tanto para las diferentes corrientes del pensamiento libertario como para miles de trabajadores en todo el país.

Federica Montseny en las Jornadas Internacionales Libertarias de Barcelona, en julio de 1977.

De la CNT salieron las propuestas más importantes de asamblearismo y autoorganización en el mundo laboral. Una defensa a ultranza de la autonomía obrera y la asamblea que iba a contracorriente de la dirección tomada por la Transición. Propuestas acompañada además de una frontal oposición a la salida reformista de la dictadura y al pacto social.

Cartel de la CNT contra los Pactos de la Moncloa.

Fue además la central anarquista, paraguas de organizaciones específicas que planteaban otro tipo de luchas, como la Federación Anarquista Ibérica, la Federación Ibérica de Grupos Anarquistas o la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias. De colectivos feministas como Mujeres Libres o Mujeres Libertarias. De colectivos de presos como la COPEL y sus redes de apoyo. De revistas de temática variada como Ajoblanco, Askatasuna o Pa´lante – que al tiempo saldrían espantadas del sindicato – y de muchos más colectivos y ateneos libertarios preocupados por diferentes temáticas sociales y culturales.

Dado el marco social actual del estado español, aprovecharemos las líneas que se nos brindan para adentrarnos brevemente en las propuestas de carácter más social y global. Como la variedad de colectivos y propuestas es casi innumerable, nos centraremos en las más originales y/o acabadas del periodo.

Askatasuna

El colectivo y revista libertaria Askatasuna, nació a iniciativa de un grupo de jóvenes vascos en 1971. A partir de 1975, sus militantes, que ya colaboraban activamente con grupos de cenetistas exiliados, impulsaron la reconstrucción de la CNT en Euskadi, siendo actores de gran relevancia hasta su salida en 1978.

Askatasuna tuvo el mérito de aunar de forma muy definida todas las propuestas sociopolíticas que pretendían actualizar el anarquismo y la CNT durante la Transición, con la particularidad además de introducir un hecho de gran relevancia, tanto en aquel momento como nuestros días: la cuestión nacional.

Portada de la revista libertaria Askatasuna.

La propuesta no era otra que la transformación de la CNT en una organización que extendiera su campo de actuación a todos los ámbitos de la vida. Una CNT global.

Dado que según sus análisis, el eje principal de explotación capitalista ya no se producía en los centros de trabajo sino en todos los aspectos de la vida cotidiana, la CNT debía superar el ámbito laboral y enfocar sus esfuerzos hacia luchas vecinales, ecologistas, antirrepresivas, culturales, feministas, pedagógicas o contra la cotidianidad.

La propuesta organizativa derivada de este análisis y de diversas críticas al sindicalismo planteaba construir una organización entendida como una enorme asamblea libertaria de acción autónoma, trasladando el centro de decisión general, del sindicato a la asamblea de todos los afiliados. Del mismo modo, pretendía el reconocimiento de la pluralidad de opciones orgánicas e ideológicas anarquistas para convertir a la CNT en el baluarte de la unidad obrera. Una propuesta en la que el tradicional modelo de organización por sindicatos de ramo quedaba relegada para cuestiones únicamente profesionales y nunca sociales.

Desde Askatasuna se planteaba una CNT global que fuera más más allá del centro de trabajo

Del mismo modo, Askatasuna, fuertemente influenciada por las luchas de liberación nacional y por la situación que atravesaba Euskadi, defendía la necesidad de que el anarquismo y la CNT asumieran como propias las diferentes cuestiones nacionales. Así, el colectivo proponía no ya solo una posición a favor del derecho de autodeterminación, sino una toma activa de partido en la lucha por la independencia de territorios como Euskadi.

Los apaches

Denominados así porque se les acusaba de haber entrado en la CNT a hacer el indio, esta propuesta es más informal y bebe de los posicionamientos elaborados por Luis Andrés Edo, los cuales basculaban las fuerzas anarquistas del campo laboral hacia el social, prestando especial atención a sectores marginales como los presos, a las luchas por la liberación sexual y las expresiones contraculturales. Para este grupo la autentica vía revolucionaria pasaría por un giro en la orientación del anarcosindicalismo para confluir con los movimientos sociales situados fuera del sindicato y romper así el proceso de pacto social.

Luis Andrés Edo en las Jornadas Libertarias de Barcelona, de julio de 1977. Foto: Ajoblanco.

Estas propuestas chocaron con gran parte de la militancia anarquista y cenetista de la época, que entendían que el proyecto integral desnaturalizaba al sindicato y que daba además una desagradable imagen de la CNT.

El resultado final de este choque se tradujo en la salida o la expulsión de muchos de los militantes y colectivos que consideraban imprescindible esa mutación de las organizaciones anarquistas de cara a mantener influencia social en el mundo que venía.

¿Un anarquismo que resurge?

Como decíamos al principio, la explosión que supuso en todos los sentidos el 15M, así como otros movimientos posteriores de la pasada década volvieron a poner en el centro de los procesos colectivos multitud de cuestiones, ideas fuerzas y prácticas procedentes de la tradición libertaria. También en los últimos tiempos los sindicatos de inquilinos o las más recientes redes de apoyo mutuo frente a la actual crisis económico-sanitaria.

En definitiva, aunque las ideas, reivindicaciones y fórmulas anarquistas lleven décadas impregnando la sociedad actual y aunque algunas propuestas de actualización del anarquismo fueran enunciadas hace más de 40 años, parece que ahora sí, algunas de sus propuestas están siendo finalmente asumidas y aceptadas por el anarquismo organizado.

Héctor González
Escrito por

Es historiador, sindicalista y anarquista.

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