¿Es el proteccionismo lo que está acabando con los hórreos?

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David Artime
David Artime
Periodista y escritor. En 2009, ganó el premio de narrativa en lengua asturiana de la editorial Trabe con la novela "La Bufanda", en la que aborda el mundo de los ultras de fútbol.

No, los hórreos no han desaparecido, como esta semana afirmaba el concejal de Ciudadanos Nacho Cuesta en el pleno del Ayuntamiento de Oviedo. De hecho nadie sabe cuántos quedan en pie, pero es seguro que son más de uno, de dos y de tres, y probablemente entre 15.000 y 20.000. Solo en el concejo de Carreño (uno de los de menor extensión geográfica de Asturies) hay contabilizados 520 hórreos y paneras, y en el de Piloña (donde se ubica el pueblo de Espinaréu, una de las tres grandes reservas de estas construcciones) suman más de 700.

La falta de un censo autonómico, una de las reivindicaciones de la Asociación de Amigos del Hórreo, es de hecho uno de los problemas a los que se enfrenta la pervivencia de esta construcción tradicional. Hoy en día la única manera de llegar tener una idea aproximada del número de hórreos y paneras en pie es acudiendo a los catálogos urbanísticos de cada municipio, pero no es muy fiable.

Se calcula que quedan entre 15.000 y 20.000 pero no existe un censo fiable

Las declaraciones del concejal de Ciudadanos eran una forma de hablar. En una airada respuesta al conejal socialista y exalcalde ovetense Wenceslao López, durante una discusión sobre la Fábrica de Gas, Cuesta afirmaba que los hórreos habían desaparecido por querer conservarlos a ultranza sin permitir ningún uso alternativo, una afirmación tan categórica como polémica.

Vídeo de la intervención del concejal Nacho Cuesta sobre el “conservacionismo a ultranza”.

Lo cierto es que es un debate que está sobre la mesa. La normativa vigente tiene un carácter proteccionista, y establece una serie de restricciones a la hora de hacer restauraciones para que los hórreos y paneras no se caigan. Por ejemplo, no se puede impermeabilizar el tejado con ciertos productos modernos, no se pueden instalar canalones o no se pueden pintar de cualquier color y manera.

Un buen conocedor del mundo del hórreo, Juaco López, director del Muséu del Pueblu d’Asturies de Xixón, opina que en este sentido debería haber un poco más de flexibilidad. A su juicio, no puede tener el mismo grado de protección un hórreo de siglo XVI que uno construido hace más de 50 años. Debería además, desde su punto de vista, revisarse la normativa sobre su uso, para que no se restrinja a la utilización como granero.

Tiene el mismo grado de protección un hórreo del siglo XVI que uno de hace 70 años

La Asociación de Amigos del Hórreo lleva años reivindicando que se regule la utilización de estas construcciones. La Dirección General de Patrimonio se ha comprometido a elaborar una nueva normativa antes de que finalice esta legislatura. Entre las demandas, figura que se permita su uso residencial, siendo posibles actuaciones como abrir una ventana o instalar un canalón, pero manteniendo ciertos aspectos de su construcción tradicional. El  posible aprovechamiento del hórreo o la panera como alojamiento turístico sería una forma de evitar su ruina.

Así opinan algunos. Pero no todos. Santiago Astuy lleva 18 años construyendo y reparando hórreos con su empresa Trabe. Al contrario, de lo que se pueda pensar, él se define como un “purista“. Con la normativa actual asegura que no le falta trabajo, ni a él ni al resto de empresas del sector. “Ahora mismo estamos cogiendo encargos para dentro de varios meses”, afirma.

Él lo tiene claro: “un hórreo es un hórreo, no una casa rural”. “Es normal que muchos se hayan caído porque hay un abandono del medio rural y su uso como antiguo granero no tiene sentido. Seguramente seguirán cayendo más, pero prefiero que los que se conserven sigan siendo hórreos auténticos, y no otra cosa”.

“Un hórreo es un hórreo, no una casa rural”, afirma Santiago Astuy, de la empresa Trabe

Considera que un grave problema para el mantenimiento de los hórreos y las paneras es la burocracia. “Hay que pedir una licencia, presentar un presupuesto con un archivo de fotos, y después Patrimonio debe dar el visto bueno a la actuación”, señala. Calcula que los trámites pueden prolongarse seis meses.

CARESTÍA Y SUBVENCIONES

La carestía de las rehabilitaciones es el otro obstáculo que ve como profesional del medio. Hacen falta ayudas, porque “muchas veces la gente se endeuda como si se tratara de arreglar una vivienda”. Unas reparaciones que a menudo hay que afrontar entre varios herederos que no se ponen de acuerdo, como pasa con un inmueble.

Muela y trabes de un hórreo sobre una construcción. Iván G. Fernández.

Pero la falta de ayudas no es una opinión que tengan muy clara otros expertos en la materia. “La pervivencia del hórreo no puede estar supeditada a la cultura de la subvención”, considera Juaco López. Él cree que hay que revalorizar esta construcción en dos sentidos, como patrimonio arquitectónico, y como como espacio de utilidad práctica.

En primer lugar, entiende que los asturianos no son conscientes de la riqueza que representan, no solo para Asturies, sino para toda Europa. “Dentro de la arquitectura tradicional de madera”, señala, “los hórreos asturianos son algo único de lo que deberíamos sentirnos orgullosos”.

En segundo lugar, lamenta la idea preconcebida de que su utilización es algo del pasado. Él mismo matiza que tiene uno, y lo utiliza como almacén. Son construcciones muy prácticas para guardar útiles y bienes perecederos, como embutidos, a salvo de los ratones, y el solorru (el espacio bajo el hórreo) es muy aprovechable especialmente los meses de verano.

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