Turismo no, deporte sí: la paradoja de ser guía de montaña en Asturies

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David Artime
David Artime
Periodista y escritor. En 2009, ganó el premio de narrativa en lengua asturiana de la editorial Trabe con la novela "La Bufanda", en la que aborda el mundo de los ultras de fútbol.

“Ayer fui a esquiar a Peña Ubiña con un amigo. Si en lugar de ser un amigo fuese un cliente, lo tendría prohibido”. Esta frase resume con precisión la sensación de frustración de los guías de montaña asturianos, que llevan sin poder trabajar en Asturies desde principios de noviembre a causa del cierre del sector turístico.

La frase es de Martín Moriyón, uno de los más reputados guías de montaña de Asturies, quien como buen aficionado al alpinismo y al esquí fuera de pista no está desaprovechando las copiosas nevadas de estos días. Porque esa es precisamente la clave de este debate: mientras que para la mayor parte de las empresas del sector turístico el invierno es un periodo de baja actividad, o incluso de cierre estacional, para un guía es tiempo de trabajo.

Actividad de esquí de montaña en Pena Ubina. FOTO: Martín Moriyón.

Pero al estar considerados “empresas turísticas”, están afectados por la suspensión de actividad decretada por el Gobierno autonómico desde hace dos meses y medio. Unas “empresas de turismo activo” que no ofrecen barranquismo o descenso del sella en canoa, actividades que prácticamente no tienen demanda en estos meses, sino alpinismo o esquí de montaña, disciplinas que en Asturies se practican en invierno. Y lo más importante, unas “empresas de turismo activo” que no tienen empleados, pues son autónomos, ni ERTE a los que acogerse.

Piden ser reconocidos como actividad deportiva, y no como actividad turística

“Manejamos ratios de diez personas por día como mucho. A una actividad puedo ir con dos o tres clientes, con todas las medidas de seguridad y guardando la distancia, no solo por el Covid, sino porque nos obligan nuestras propias normas de precaución en montaña”, explica Moriyón en declaraciones a Nortes. Recuerda además que un guía no gestiona instalaciones, no tiene un local ni un vestuario, y que se cita con sus clientes en la misma zona de la actividad.

MENOS RIESGO DE CONTAGIO QUE EN UNA ESTACIÓN

La prohibición de actividad a los guías contrasta estos días con las imágenes de la gente esquiando en la estación de Payares: cursos de varias personas y colas en los telesillas, situaciones que conllevan mayor riesgo de contagio que un guía subiendo a un cliente a la Peña’l Vientu para hacer el descenso con esquís. “O un gimnasio, o un rocódromo”, recalca Martín, en referencia a otras actividades que sí están permitidas.

Guiando a un cliente en Picos de Europa (camino de La Torrezuela). FOTO: M. Moriyón

Por este motivo, él, Fernando Calvo, y otros profesionales del sector están tratando de hacer presión para que su actividad sea incluida dentro del sector de los deportes, y no del turismo. En su opinión las actividades y cursos que realizan tienen más que ver con la oferta de servicios deportivos que turísticos.

Se trata de una batalla que tienen que librar en Asturies, y no en otras comunidades o países, donde el tratamiento legal de su labor es diferente. Es otra de las paradojas del contexto actual: que ahora mismo un guía de montaña asturiano puede ofrecer servicios en los Alpes (Moriyón lo hace, recientemente guió a dos clientes hasta la cima del Gran Paradiso, en Italia) pero no en Asturies. De hecho, explica, “puedo llevar a alguien a hacer Peña Santa de Castilla, pero no Peña Santa de Enol, por estar en territorio asturiano”.

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