El virus no piensa, ¿y el Gobierno?

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Héctor González
Héctor González
Es historiador, sindicalista y anarquista.

El caos, el despropósito y la caradura con la que actúa el Gobierno de la Comunidad de Madrid nos tiene obnubilados a todos. Tanto que nos pasan desapercibidas otras actuaciones que si bien no son tan sonrojantes, sí son lo suficientemente desvergonzadas como para tenerlas en cuenta. En Asturias vamos bien servidos de ellas ¡Menuda semana llevamos!

A finales de la semana pasada la portavoz del Gobierno del Principado, Melania Álvarez, se descolgó con unas insolentes declaraciones sobre el comportamiento de la sociedad asturiana durante las Navidades. La responsabilidad del aumento de los contagios durante estas fechas fue culpa de los ciudadanos, a pesar de las indicaciones dadas por el Gobierno, consistentes en limitar los contactos personales. Estando de acuerdo en lo primero quisiera plantear unas preguntas – retóricas – sobre lo segundo. Si había que seguir las instrucciones del Principado y evitar los contactos ¿A fin de qué se abrió la hostelería? ¿Para que no fuera nadie a consumir? Tal vez nos encontramos en un ejercicio de desfachatez a la asturiana, consistente en que el Gobierno del Principado abre los bares para que estén vacíos… o tal vez el ejecutivo regional manifiesta con orgullo que no le tiembla el pulso a la hora de tomar medidas, pero luego resulta que sí, que le tiembla y por eso abrió la restauración en diciembre, contradiciéndose a sí mismo y descargando la responsabilidad en los ciudadanos.

Las nuevas medidas adoptadas para frenar la tercera ola merecen algún comentario. Se decreta el cierre de la hostelería, de facto pero se decreta. Y Volvemos al mismo cantar de siempre ¿Si la hostelería es el problema por qué se permitió su apertura de cara a navidades? Un Gobierno que se vanagloria de tomar medidas contundentes y de ir siempre más allá que los demás para atajar la pandemia, lo demuestra en situaciones como las de la Navidad pasada, no con declaraciones. Ahora este cierre encubierto no es más que una forma de evitar la clausura por decreto, con las consiguientes ayudas que se debieran derivar de tal decisión, muy superiores a las aprobadas y abonadas hasta el momento. Faltan euros, pero falta también la determinación de la que se hace gala.

¿Si la hostelería es el problema porque se permitió su apertura de cara a navidades?

Ante esta situación y sin ayudas reales, cabe preguntarse quiénes están en disposición de resistir y quiénes no. La pregunta casi es retórica porque parece claro que quienes pueden mantener a flote son aquellos grandes negocios y grupos hosteleros con capacidad “de ahorro” o de endeudamiento. Los demás, la gran mayoría, a pasar las de Caín. Paradójicamente esta medida de cierre de la hostelería se toma la misma semana que ha vuelto el público al Molinón, a ver al Sporting, ese club con una junta directiva de la que forma parte uno de los socios de uno de esos grupos hosteleros que pueden soportar muy bien el cierre. Entre otras cosas porque parece ser que cuando abren sus negocios tienen carta blanca.

La última medida es la reactivación de los cierres perimetrales en determinados concejos, algo que parece una broma – de mal gusto –. El 3 de diciembre el presidente del Principado, Adrián Barbón, admitía que esta medida “no es tan eficaz como pensaba”. Una declaración que realizada por boca de un responsable político se  traduce en que no servían para nada, simple y llanamente. Claro que para que sirvieran de algo no habría estado de más hacer algún control policial… Y aquí viene lo importante del asunto ¿Está tomando el Gobierno de Asturias una medida que no es eficaz a sabiendas de que no sirve? Sí, lo está haciendo.

Mientras, por boca de su protavoz se responsabiliza de la situación a los ciudadanos por no haber seguido las instrucciones del Principado, a saber: quedarse en casa sin mantener contactos sociales mientras se abría la hostelería, que debe ser el foco del problema y por eso se había cerrado en noviembre y se vuelve a cerrar, de facto, en enero. Magnífico. Solo Ayuso puede superar tamaña desfachatez.

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