Liberbank es la única antigua caja de ahorros que ha liquidado su obra cultural

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Luis Feás
Luis Feás
Periodista, crítico de arte y comisario de exposiciones. Ha escrito en La Voz de Asturias y Atlántica XXII entre otros medios. http://luisfeas.com/contacto/

La fusión de Liberbank en Unicaja no hace desaparecer la Fundación Bancaria Cajastur ni ninguna de sus obligaciones, que no son sólo gestionar su participación en el futuro banco, cualquiera que ésta resulte, sino sobre todo, y fundamentalmente, la atención y desarrollo de su obra social, como marcan la ley y sus estatutos.

Cuesta considerar privada a una entidad pública privatizada cuyos cargos de representación y gestión están ocupados sobre todo por políticos y sindicalistas y en la que todavía tienen voz y voto instituciones como el Ayuntamiento de Gijón o la Junta General del Principado, que son entidades fundadoras. El pasado mes de noviembre, el Ayuntamiento de Gijón acordaba designar como su representante en el patronato de la Fundación Bancaria Cajastur a la notaria Montserrat Martínez López. Ciudadanos se quejó de que su candidatura no hubiera sido sometida a consenso.

Con el nombramiento de esta representante, que de 2015 a 2018 fue presidenta de la Asociación de Amigos de Laboral Centro de Arte y desde 2018 lo es de la asociación de empresarios y profesionales asturianos Asturmanager, se ponía fin a una anomalía, como era que el Consistorio gijonés, en tanto que entidad fundadora, llevara años sin representación en la Fundación Bancaria.

En la pasada legislatura, la persona elegida por el Ayuntamiento, a propuesta de Xixón Si Puede, fue la abogada laboralista Marta Rodil, que fue rechazada por la Fundación Cajastur. El veto creó un enorme malestar en el Ayuntamiento de Gijón, que decidió emprender una acción judicial por la vía civil, que no prosperó. El perfil era claramente retador, pues Rodil, relacionada con la Corriente Sindical de Izquierda (CSI), mayoritaria en el comité de empresa del banco, había defendido en los tribunales a los trabajadores de Liberbank, cuyo ERE ayudó a tumbar. El de Montserrat Martínez es menos combativo y está más ligado a lo benéfico y cultural.

Marta Rodil, abogada laboralista, fue vetada como representante de Xixón por la Fundación Cajastur

Por su parte, Junta General del Principado nombró a su representante en el pleno del pasado 23 de diciembre. La elegida fue una persona de carácter marcadamente social, Adonina Tardón, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Oviedo. De los 44 votos emitidos, 25 presenciales y 19 telemáticos, su candidatura obtuvo 31 a favor y 13 en blanco.

Votaron a favor PSOE, Podemos, IU, Ciudadanos y un diputado de Foro Asturias. Se abstuvieron PP, Vox y el otro diputado de Foro Asturias, Pedro Leal. Una correlación de fuerzas muy distinta de la que escogió al representante de la Junta General del Principado en la anterior legislatura, el jurista Jaime Montalvo, vicepresidente de Mutua Madrileña, elegido gracias a los 25 votos que sumaron el PSOE y el PP. El candidato que presentaba Podemos, el sindicalista Clemente Rodríguez, solo logró los nueve apoyos de la formación morada. El resto de diputados, de IU, Foro y Ciudadanos, se abstuvo.

Patronos sin remuneración

Como presidente de Fundación Bancaria, Manuel Menéndez fue sustituido en 2016 por César Menéndez Claverol, exdirectivo de Cajastur, en la que fue director de su área de Relaciones Institucionales y Asuntos Sociales. Prejubilado en la entidad, se le considera persona cercana a su antecesor.

Previamente, César Menéndez Claverol había sustituido en la vicepresidencia a Ignacio Martínez, quien renunció al cargo en diciembre de 2015 en aplicación del mismo principio de incompatibilidad por ser consejero de una sociedad participada por Liberbank.

El patronato de la fundación designó como vicepresidente de este órgano al economista José Luis García Suárez, profesor titular de Economía Financiera de la Universidad de Oviedo y secretario del Centro de Cooperación y Desarrollo Territorial de Asturias (CECODET), que ya había formado parte de los órganos rectores de la antigua Cajastur. También es presidente del comité de auditoría.

Los patronos ejercen su cargo gratuitamente, con derecho al reembolso de los gastos debidamente justificados que les ocasione el ejercicio de su función, que en el caso de Manuel de Barros Canuria llegaron a 4.060 euros en 2019. Fue designado a propuesta de la Federación Internacional de Centros Asturianos, mientras que Inmaculada d’Ocón, que había sido apartada como directora general en 2016, volvió a ser nombrada patrona en 2018, esta vez en la categoría de “personas independientes de reconocido prestigio”.

Bajo esa consideración, que es obligatoria por ley, o la de “personas con conocimientos y experiencia en materia financiera”, en el último lustro han sido patronos de la Fundación Cajastur Alejandro Fernández González, presidente del grupo Alimerka, la profesora Marta Menéndez Rodríguez-Vigil, los biólogos Carlos López Otín y la fallecida Margarita Salas y el médico Guillermo Mañana, que ya no son miembros. Los verdaderos profesionales independientes han ido desapareciendo.

Sólo cobran Siñeriz y el secretario

Para no incurrir en incompatibilidades, Carlos Siñeriz hizo lo mismo que su antecesora, causar baja en la empresa y acogerse a la excedencia compensada. Pero mientras Inmaculada d’Ocon pasó a un cargo honorario, a Siñeriz le permiten compatibilizar la excedencia con su puesto en la Fundación Cajastur, con un sueldo de 44.750 euros brutos anuales. Es el único empleado en la Fundación.

El ex sindicalista de UGT Carlos Siñeriz, con un sueldo de 44.750, es el único empleado de la Fundación Cajastur

A eso hay que añadirle los 54.200 euros que percibe de Liberbank por su situación de excedencia pactada compensada. En total, 98.950 euros brutos anuales, por lo menos en 2019, según se publica en el Informe Anual del Gobierno Corporativo. Algo parecido a lo que ocurre con el secretario de la Fundación, Gregorio Pérez, que percibe de Liberbank, conforme al compromiso adquirido en el momento de su baja voluntaria incentivada, la cantidad de 99.600 euros. Pérez, que antes no era patrono y desde 2018 sí, fue director de la Secretaría de Órganos e Gobierno de Cajastur y director del Área de Secretaría General de Liberbank, así como responsable de Cumplimiento Normativo y de Prevención del Blanqueo de Capitales.

Se ve que la austeridad no es algo que corcierna a todos. Bajo el mandato de Siñeriz como director de Relaciones Institucionales y Asuntos Sociales de Liberbank, Cajastur anunció en 2012 su decisión de suprimir la Obra Cultural y someter a la Social a un duro recorte de fondos. De los 12 millones de euros de presupuesto para la Obra Social de Cajastur en 2013, de los que se ejecutaron solo 8,5, o los 9 millones de 2014, se pasó al 1.030.000 euros de 2018 o los 568.000 euros de 2019.

En 2013 la Obra Social de Cajastur tenía un presupuesto de 12 millones de euros, en 2018 de 568.000

La excusa que pusieron entonces desde la entidad bancaria asturiana fue que la normativa legal, que impedía a las entidades financieras repartir dividendos hasta el año 2015, imponía un recorte drástico en las prestaciones sociales y culturales, pero lo cierto es que se trataba de un caso claro de expolio de lo público.

Según ellos, estaban obligados a “recapitalizarse”, lo que no significaba otra cosa que mantener los sueldos y las prebendas de quienes la gobiernan, que son los mismos políticos y sindicalistas que estaban antes de la reforma y concentración de las Cajas de Ahorros.

La principal fuente de ingresos de la Fundación Bancaria Cajastur es la remuneración de la propiedad accionarial que tiene en Liberbank. Para el ejercicio 2019, la Fundación no presupuestó ingresos provenientes de su participación en el banco, de modo que los recursos asignados para la ejecución del presupuesto provinieron, al igual que en ejercicios precedentes, del remanente de la extinta Obra Social y Cultural de Caja de Ahorros de Asturias.

Pero se da la circunstancia de que, con fecha 14 de mayo de 2019, la Fundación percibió 3.420.460 euros en concepto de dividendo de su participada Liberbank y no supo qué hacer con esa millonada. Los escasos 568.000 euros que fueron finalmente aplicados se destinaron a proyectos externos relacionados con la acción social (300.000 euros repartidos entre 20 colectivos de discapacitados, tercera edad o desfavorecidos), la investigación científica y técnica (250.000 euros a dos personas jurídicas, una de ellas el Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias-IUOPA) y proyectos institucionales (18.000 euros a un número indeterminado de beneficiarios).

La única Caja sin Cultura

En 2011, ya en plena crisis bancaria, la Obra Cultural de Cajastur todavía disponía de 11 millones de euros. En 2014, año de constitución de la Fundación Bancaria, pasó a 133.000 euros, para luego desaparecer por completo. La decisión de centrar todos sus esfuerzos en la parte social y no en la cultural era una manera de enfrentar demagógicamente las dos áreas y eludir así su responsabilidad en el ámbito de la cultura.

Ya en su momento, los trabajadores de la Obra Cultural de Cajastur negaron la retórica de la empresa al sepultar por completo la actividad cultural, con el pacato discurso (oportunista también) de que en esta época de carencias deben atender exclusivamente urgentes necesidades sociales, en detrimento de cualquier proyecto cultural. Se preguntaban si no es la cultura también una necesidad social, por no hablar de la función crítica, educativa y de cohesión de la comunidad que ofrece el acceso libre y gratuito a la cultura.

Era algo que se podía prever desde el inicio de su privatización como Liberbank, pues el real-decreto establecido por el Gobierno de Rodríguez Zapatero en 2010 dejaba abierta la posibilidad de que los nuevos bancos, surgidos de la fusión de cajas de ahorros mediante Sistemas Institucionales de Protección (SIP), redujeran significativamente sus aportaciones dedicadas a las obras sociales y culturales, al pasar parte de su capital a manos privadas, pero no se esperaba que la medida fuera tan drástica.

Si bien es cierto que la ley no cita una sola vez la palabra cultura, también lo es que se trata de un término sobrevenido y ligado desde siempre a los fines sociales de las Cajas de Ahorros, que siempre han ejercido esa labor de apoyo y refuerzo del entramado cultural que existe en el ámbito de sus competencias.

La mayoría de las Cajas que tuvieron que adaptarse a la nueva legislación, como pueda ser el caso de La Caixa de Barcelona, redactaron unos estatutos como Fundación Bancaria en los que se especifica muy claramente que entre sus fines está el “fomento y desarrollo” de obras “culturales”, con expresa incidencia en “su obra benéfica, cultural, social y de asistencia”. Claro que esta entidad catalana siempre se ha distinguido por su especial delicadeza a la hora de trabajar los aspectos culturales, con los CaixaForum de Barcelona y Madrid como referencia para el resto de las Cajas de Ahorros.

Pero es que incluso el resto de las Cajas que quedaron integradas en Liberbank, con la excepción del principal agujero negro, Caja Castilla La Mancha, sigue manteniendo su acción cultural a través de sus Fundaciones Bancarias.

Así, Caja de Extremadura conserva su Premio Internacional de Artes Visuales, Obra Abierta, heredero del Salón de Otoño de Plasencia, un certamen abierto a artistas de cualquier nacionalidad en las modalidades de pintura, escultura, fotografía y arte digital, con una dotación de 10.000 euros. Y exposiciones como las que realizó en 2017 y 2018 junto a la Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballesteros, que le sirven para mostrar su colección de arte de artistas extremeños, 208 obras de pintura, escultura, fotografía, videos libros, mobiliario y otros elementos de patrimonio cultural que también se recogen en un Museo Digital.

Por su parte, la Fundación Bancaria Caja Cantabria desarrolla un programa expositivo de calidad, en sus espacios tanto de Santander como de Santillana del Mar, en el que han participado destacados artistas contemporáneos del ámbito nacional e internacional. Mantiene una especial atención a los artistas plásticos de Cantabria y posee una importante colección de arte que va desde el siglo XVIII hasta la época contemporánea, que desarrolla en un programa expositivo especial en colaboración con el Museo de Arte de Santander.

Hasta la misma Fundación Unicaja sostiene un Certamen de Artes Plásticas que cuenta con XIV ediciones y con el que ha adquirido 136 obras de 122 artistas distintos, a través de una bolsa anual de compra de 65.000 euros. Tiene además centros culturales propios en Málaga, sede central de la Fundación, Sevilla, Cádiz, Almería y Antequera, además del Museo Unicaja Joaquín Peinado de Ronda. Seguro que ellos sí que saben qué hacer con el patrimonio artístico y cultural de Cajastur.

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