Quince poemas para conocer la poesía joven asturiana

La antología 'Los últimos del XX', editado por Miguel Munárriz en Luna de Abajo, reúne a quince poetas asturianos nacidos entre 1980 y 1997

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Miguel Munárriz ha reunido en el volumen “Los últimos del XX. Antología de poesía (1980-1997)” a quince poetas que son, cada uno a su modo, “hijos de su tiempo”. Como explica en el prólogo, “son modernos en el sentido en que Hermann Bahr deseaba como el único deber en la vida; pero ser moderno no es otra cosa que ser actual y contemporáneo“. Seleccionamos un poema de cada uno de los poetas antologados en el libro.

Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980)

Tú me haces decir wow!

Quiero crear hipervínculos contigo,
quiero caramelizar el teriyaki;
vivir es inevitablemente tocar
en la orquesta del Titanic: mira,
a nuestros amigos les van saliendo ya
tumores, hijos, nuevos curros temporales.
Estamos definitivamente adultos.

Nosotros somos emprendedores,
de esos que emprenden la siesta,
entre las sábanas freelance de la tarde
aguantamos el envite de las tempestades,
de las recesiones, de las corruptelas
que suceden en el flanco exterior de las persianas.

Nos arrojan a un cosmos errabundo donde
predomina el misterio del vacío, pero
nada importa, te digo, ya solo tengo mimos,
–este es nuestro ánimo rebelde.

Pasará el tiempo y seguirás siendo
la cosa más asombrosa sobre la faz
de la Tierra a pesar de tus múltiples
adicciones cotidianas
–tú me haces decir wow! a todas horas–

Y pasarán los años, y llegará la muerte,
y apagará el router y el mundo será
un teatro monstruoso.

Pero yo
quiero crear hipervínculos contigo,
quiero caramelizar el teriyaki,
quiero que nos entierren juntos
aunque uno de los dos aún no
haya muerto.

Pablo Núñez (Langreo, 1980)

El rumbo de estos años:

Acaso aquellos días marcaron, imprecisos,
el rumbo de estos años.
Una actitud consciente ante las cosas:
decidir que lo inhóspito del mundo
-su ofuscado mensaje,
su espalda misteriosa, su naufragio-
era oportunidad y aliento.
“¿Por qué temer?”, pensaste.
A cada golpe debes lo que has sido.
No elegiste un camino, pero fueron
siempre firmes tus pasos en la niebla.

Fruela Fernández (Langreo, 1982)

La familia socialista (memento):

Tenemos mal morir. En la consulta

hablamos del retraso. La mujer

de melena espelurciada se encoge

y duerme junto al ficus. Su vecina

narra la paga —poca— que recibe

por el marido muerto en accidente

            y la más joven

explica que fue a casa, tendió ropa

y la secó.

                        (Güelita Soledá

repetía Duélenme los cadriles

—manos a las caderas— y era úlcera

de la aspirina. Oscar

pidió que recordasen sus cenizas

en botella de sidra. Honorina

no rige. Pichu se ahorcó.)

                                               Con gesto

neutral, el dermatólogo retira

los lunares que habían complicado

el color:

                        no eran nada,

pero llevaban traza. Rasco el cerco

de vello afeitado y betadine

y sé el tiempo que viene:

qué haremos

con tanto plato, cenicero, prueba

de vacaciones, tanto relicario

del partido vivido, cuando mueran

y vayamos detrás,

                                   cerrando casas.

Carlos Iglesias (Oviedo, 1983)

Sin palabras:

Pienso en días desaparecidos, que tus labios expulsan

como bocanadas de humo.

Todavía el tiempo no era esa cicatriz en tu mejilla.

Tampoco la felicidad llevaba máscara.

El amor se parecía a jugar al parchís en una alfombra azul,

y a oscuros susurros suspendidos

sobre habitaciones de aire.

Las calles eran manos enlazadas que no acababan nunca,

y solares con gatos que acudían a tus dedos

para beber la ternura.

Tú y yo éramos un abrazo, más allá de las agujas.

Ahora solo soy una sombra que se niega a vender sus recuerdos

y que aún sigue abrazándote desde ese arrasado bosque marino

que siempre veo en tus ojos.

Rodrigo Olay (Noreña, 1989)

Poética:

Tampoco yo logré entender la vida,
pero quise atraparla en un cuadrado
en que reina un monarca desdichado
y del que nadie encuentra la salida.

Habitan la simétrica guarida
dama fatal y rey encastillado,
caballo lateral y peón pausado,
filoso alfil y, al fin, torre abolida.

Las noches que pasé frente al tablero
me enseñaron a amar la geometría
y que vence quien sabe resistir.

Hoy me enfrento ante mí y a lo que quiero
y busco entre tus sílabas, poesía,
lo que nunca sabré cómo decir.

Ruth Llana (Asturias, 1990)

Deseo de ser arquero:

Nace para ser caballo ilota y relámpago y cartón y olor y tiembla tierra tiembla. Nacer para ser soplo de vida aliento, crin al galope vienen los cerros hacia mí – hacia ellos nos desplazamos nosotros, violentamente luces, esclavos. Golpe percutido (de los ojos negros sin sombra).Respira la pausa por todo destino lo que se va, consuelo buscado en los golpes de las pezuñas contra el polvo, mantiene su memoria en las rodillas de los elefantes.
Río que trascurre, la mano del oso descubre en el interior del agua (reflejo en los ojos negros del deseo de ser crin y galope, espíritu, garra, nutria)
Golpe del suelo en los cascotes, golpe del suelo en los pies alargados hacia las estrellas (hacia los muertos).Voy hacia los muertos, hacia los grandes cañones del desierto. Las plantas señalan el hogar del nacimiento. Para ser, momento antes, miedo hormigón tiembla.Deseo, dirección, deseo; hacia donde voy los muertos como nutrias disparan sus arcos, y tiembla como retrocedo, voy con los muertos con la piel misma de los pies quemada, una superficie tras otra, tras otra la misma, el mismo miedo, peso que se pronuncia de correr descalzo hacia mí corren los lugares descalzos, hacia mí los muertos descalzos yo hacia los muertos descalzo.

Sara A. Palicio (Langreo, 1991)

Llegarás, amor, a estas alturas…

Llevarás, amor, a estas alturas

­­ —cuando son las ocho y cae el sol sobre la casa—

tantas horas de autobús como días lleva el verano

asediando esta ciudad, agostando las fachadas

encaladas. Habrás hecho, amor, tanto camino

tanto tiempo tanto dónde tanta nada

bajo tus piernas envolviendo el equipaje

y tantas ganas de llegar o dar la vuelta

de pisar de nuevo cualquier sitio

donde dejar en la puerta los adioses

sobre las gotas suspensas en los cristales

de ese autobús que chilla en el puerto, amor,

que atraviesa la realidad de los hogares

donde nos dejamos caer

                                         a raudales

donde decimos distancia y duele tanto,

tú lo sabes,

no debería ser difícil contenerse,

no debería ser difícil esperarse,

no debería ser yo quien esta noche

te preguntase si en Oviedo también llueve.

Mario Vega (Oviedo, 1992)

Amor de muchas horas:

Porque son demasiados los momentos
entre el conflicto y la necesidad
dices que nuestra vida juntos tiene
un secreto rencor.

Porque la edad pasó
y ya no tanteamos en los bares
una serena paz en el placer
de no comprometerse.

Porque llegar a casa sin paraguas
y aún menos sin trabajo,
herido por el día con la compra
y esta tristeza enorme
se hace sencillo y grato en esa calma
tan intensa, lo mismo
que una exhalación
si me esperas despierta,
pues son todas las noches una noche
casi todas las noches
y son más de dos años cuando duele.

Porque no somos lo que fuimos siempre
y los días son horas
hoy vengo a hablar de amor
como si fuera la primera vez
y vengo despojado de mis armas
como un amante pobre.

Como todos los pobres, yo quisiera llevarte
lejos de incómodos curiosos donde
el mar se obstine en dar forma la arena
bajo un sol infinito
y recorrer contigo las ciudades
que tiempo atrás tuvieron otros nombres
de cansancio y derrota.

Quiero vivir contigo más allá
del oficio del lunes o la mansa
rutina del domingo, habitar
un país de fronteras limitadas
por la dicha común.

Pero nunca podremos existir
en los escaparates
cercados por un mar de palabras privadas
y un reflejo de asfalto y nubes sucias.

Nos irá bien, si nada tengo y nada
esperas tú de mí, según pasen los años
temperados de amor, como un final
de fiesta, liberados
de no sé qué otro amor pronto a olvidar
como un daño remoto.

Amor en abundancia para el pobre,
amor de muchas horas, recordando
este pacto de afecto inagotable.

Miguel Floriano (Oviedo, 1992)

Primitiva elegía:

En esta mansa noche de verano
en que la brisa y su manera de acoger la mirada
acercan el recuerdo, en ti
pienso de nuevo, inquieto niño
de ambiciones furtivas, desarmada
criatura de alas primorosas.

Si miro al horizonte, casi puedo
distinguir tu silueta: estás sentado
al borde de la orilla, con una caracola
pajiza entre las manos, esperando quizá
la caricia gentil de la marea.
En ese ayer, la tarde soleada
e inmortal nunca conserva para tus ojos
ángulos tristes: no es posible
descuidar la alegría si se es
aún enteramente asombro.

Saber quisiera
en qué rincón extinto de mi vida
exhalaste tu último suspiro
para dar paso al hombre que hoy habría
de ofrendar su tiempo a esta inquietud,
en qué recodo
lúgubre se apagó tu maravilla,
discreta y noble como el pulso de los álamos.

Saber quisiera en qué momento,
en qué momento abandonaste
las lindes de mi cuerpo. Ya sin ti
el porvenir es solo una plegaria.

Lorenzo Roal (Oviedo, 1992)

El Arte:

Invierno y en la cama, los dos juntos

llevábamos mirándonos

unos cinco minutos intentando

descubrir los detalles que la luz de la lámpara

tímida dibujaba en nuestros rostros.

Y entonces se me vino a la cabeza

escribirte unos versos.

Golpeteo mis dedos en tu espalda

un nuevo endecasílabo.

Me miras y mi cara se ilumina,

me levanto y comprendes

—el aire congelado golpea nuestros cuerpos —

y al fin encuentro el lápiz y el pape

Te miro.

— Qué es el Arte?

Y tú en tono jocoso me respondes:

—El Arte es cuando el frío te acuchilla

y en lugar de ponerte algo de abrigo

decides expresar lo duro de la Vida

en verso o en canción o con pintura

—los dedos ateridos, el cuerpo tiritando —

y Aquí: otro poema.

Xaime Martínez (Oviedo, 1993)

Cuerpos perdidos en las morgues:

Sólo el terror despierta a los amantes.
Eduardo Lizalde

¿Dónde están esos cuerpos perdidos en las morgues?
¿Y dónde el tibio amor que los compuso?

Me desperté y llorabas
Como una gasa húmeda la noche te envolvía
tal material quirúrgico recién hervido
las horas de la noche te envolvían con su gasa húmeda
y caliente perlada de rocío y tal vez yo
también pero no va de eso el poema
sino:
me desperté y llorabas
y te dije recuerda amor que nos dormimos viendo Penny Dreadful
lo más probable es que esto sea sólo
un sueño de los míos
y una mierda
soy yo la que siempre sueña las cosas


Pero da igual el caso es que llorabas
qué nombre le pondremos a este bulto y evitabas mirar
qué te parece bulto aureliano tumoración nódulo mamario

Te dormiste tú solo como siempre
Perdona no me creo que haya vuelto a pasar eres imbécil
no me toques es posible

que no dijeras esto sino algo
más parecido a
Oh can you feel my heartbeat?
Yo te contestaría sí pues la verdad es que puedo
Oh can you feel my heartbeat?
Yo te contestaría alguien cambió los nombres en las fichas policiales
Oh can you feel my heartbeat?
Yo te contestaría entiendo su preocupación señora pero estamos
atados de pies y manos
Y alguien quizás un productor quizás el guionista aunque lo dudo
montaría después aquella escena en que el maníaco revisa
las firmes ataduras de su víctima
y yo de pronto tomaría el punto
de vista del fanático y tú bueno ya imaginas

Me desperté y llorabas
pero en esta
ocasión tal vez no dijimos nada por un rato
Un abrazo tan sólo (El plano se va abriendo/ ¿eso es un pene?)

Desconocía que escucharas a Nick Cave te dije al fin
No sé quién es Nick Cave me contestaste
Y entonces me detuve
No sé quién es Nick Caaaaaave

Me desperté otra vez
Me incorporé muy rápido en la cama Sin prender
la luz logré bajar a la cocina Cogí un vaso
Me sacudí aquel sueño como pude

Despierta, dije.

Amor, amor, me temo
que han robado nuestros cuerpos.

Candela de las Heras (Benidorm, 1994)

La respuesta:

Un silencio agresivo, desgarrador, que araña

las ventanas; tangible,

estrecha mi garganta, palpita contra el tiempo.

Ya no recordaba el Verbo

ni puede circular el aire.

Me quedo sin respiración.

La existencia es una obra de teatro

sin principio ni fin ni escapatoria.

El suelo está cubierto

de pequeñas fracciones de cristales:

hay alguien que ha sufrido antes que yo.

Si camino me clavo los añicos,

si me quedo alimento la espiral.

Dalia Alonso (Gijón, 1996)

Arrugas:

“repente in osculis Liviae et in hac voce defecit:
Livia, nostri coniugii memor vive, ac vale!”
Suetonio, Vita Caesarum

Ahora que declina el día
y en tus ojos se echan a dormir
suaves líneas de tierra lejana
y playa,

ahora que en torno a tus labios
reposan sonrisas antiguas
y del hogar los besos últimos
de amor,

ahora más que nunca te deseo:
deseo tu sed, tu voz, tu tiempo,
y tu cuerpo que ya es más tacto mío
que cuerpo.

Óscar Díaz (Langreo, 1997)

Del regalo de la escritura:

Hay quien su oficio halla en falsificar

y asiste a una reunión donde resulta decisivo

su mundo, colocad un anillo y retiradlo

al fuego de los días.

El mar no significa nada

después de descubrirlo

y, sin embargo, dura;

no, tampoco aquella montaña

significa nada

y, sin embargo, dura.

Que no cambien las cosas que aparecen

si de aquí he de extraer algún motivo

para escribir ya sin las cosas,

pensar, así, ya sin las cosas

acogido por una ciencia joven

la ciencia de las cosas que se abstienen,

la ciencia de las cosas que campan a sus anchas.

Rocío Acebal Doval (Oviedo, 1997)

Los revolucionarios:

Tenemos veinte años y queremos
cambiar el mundo desde abajo: así
es como todo avanza —nos decimos—
No tenemos certezas
pero tampoco dudas: la verdad
está de nuestra parte y lo sabemos.

No todos nos entienden: nuestros padres
siguen tan reaccionarios como siempre
y los abuelos dicen
burradas en las cenas familiares.
No pueden entender los sacrificios
que exige de nosotros el futuro:
la heroicidad es patria de los jóvenes.

La estupidez también. Nuestra revolución:
estupidez con buenas intenciones. 

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