Otero Brutal Fest: un festival “hecho a mano” que lucha por seguir adelante

Los promotores del festival lamentan que desde lo público no se apueste por un festival sin ánimo de lucro que "dinamiza la escena cultural de Oviedo".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Se acabó el infierno. Les ha costado Dios y ayuda, sangre, sudor y lagrimas, pero finalmente lo han conseguido. El Otero Brutal Fest ha cobrado la ayuda que le adeudaba el Ayuntamiento de Oviedo, 8.000 euros. A partir de ahora no quieren oir ni hablar del concejal de cultura José Luis Costillas para el que tienen de todo menos buenas palabras, y con el que aseguran “no vamos a ir ni a la esquina”. En todo caso, lamentan que gobierne la izquierda o la derecha en Oviedo, siempre han tenido problemas con las subvenciones, y que hoy por hoy no se sienten muy animados para volver a pedir apoyo al Ayuntamiento.

Los orígenes de este festival artesano impulsado por seis amigos amantes del metal, el punk y el hardcore está en una peña de fútbol que toma su nombre del barrio de Otero, lugar de procedencia de la mayoría de sus integrantes, si bien también se juntaban allí otros oviedistas de otros barrios obreros y populares de la capital asturiana como Vallobín y Teatinos. Comenzaron montando el concierto de aniversario de la peña oviedista, y a la vista de la buena respuesta del público, fueron creciendo de manera natura y organizando más y mejores conciertos en diferentes salas de Oviedo.

Finalmente el año 2013 se tiraban a la piscina con el primer Otero Brutal Fest en la sala El Antiguo, hoy Tribeca. En 2015 daban otro paso adelante con dos días de conciertos en Sir Laurens, un cartel de bandas nacionales e internacionales y un presupuesto de 9.000 euros. En 2016 ya se habían liado la manta a la cabeza y contando con una ayuda municipal que nunca llegó llenaban la Plaza de Italia del Parque del Oeste con un festival de 18 bandas al aire libre y los alemanes Sodom como cabeza de cartel. Seis valientes asumían el riesgo económico de la aventura, pero tenían a toda la gente de la peña y del barrio detrás, echando una mano en las taquillas y en las barras, de manera voluntaria, solo por la satisfacción de sacar el proyecto adelante. Sin todo ese calor de la gente, Alejandro Rochu, uno de los promotores está convencido de que el palo económico, que fue grande, habría sido mucho mayor.

Para Rochu el Otero Brutal Fest nace de la necesidad de volver a colocar a Oviedo en el mapa de las giras de los grupos que les gustan: “Hubo unos años potentes en los que vinieron grupos como Green Day a tocar a Oviedo, pero luego llegó un apagón. En la segunda mitad de 2.000 era casi imposible ver conciertos en Oviedo y decidimos montarlos nosotros”. Convertidos en promotores por necesidad, en 2017 y 2018 lograron del tripartito un compromiso serio con el festival, y aunque se quejan de que los técnicos municipales siempre ponen problemas, lograron organizar un festival muy potente, de factura profesional, con bandas como Madball, Ignite, H2O, Casualties, Desakato o Soziedad Alkoholica, concierto que les costó amenazas e intentos de boicot por parte de la ultraderecha.

El Resurrection Fest deja cada verano 10 millones de euros en Viveiro

“Asturias siempre tuvo una escena de hardcore y punk muy fuerte” señala Rochu, que lamenta que por parte de las administraciones públicas no se apueste por este tipo de festivales, como sin embargo sucede en Galicia con el Resurrection Fest. Recientemente la alcaldesa de Viveiro, sede del festival, se lamentaba de que este año no pueda celebrarse. Tiene razones para ello. El evento deja cada verano unos 10 millones de euros en el pueblo de la mariña lucense, convertido en lugar de peregrinación de amantes del punk, el metal y el hardcore de todos los rincones de España, asi como de muchos visitantes internacionales.

Los impulsores del Otero Brutal Fest tienen sus empleos y nunca han querido ganar dinero con la música, pero tampoco perderlo. A pesar de ello han tenido que recurrir a préstamos bancarios para afrontar las deudas dejadas por el festival. Saldar el pufo no ha sido fácil. Desde vender merchandising del festival a presentarse al Proyecto Asturies, las ayudas de Podemos Asturies a colectivos sociales, todo tipo de recursos han sido necesarios para liquidar la deuda que corría el peligro de seguir creciendo y matar el festival. En esos momentos de apuros sintieron la solidaridad de la gente. Por eso el festival también trata de devolver el cariño que recibe cada año. Colabora con causas solididarias y entidades benéficas, y mima a los patrocinadores locales, pequeños negocios asturianos, a los que trata con el mismo cuidado que a los grandes sponsors que ponen mucho dinero en publicidad.

Con el coronavirus todo son incognitas. “No queremos ir a un modelo de conciertos con gente sentada y distancia social” señala Rochu, que prefiere esperar a que las condiciones sanitarias sean mejores. El primer paso, calentar motores con algún concierto más pequeño. No saben cuando volverán, pero de algo están seguros, contra viento y marea, lo volverán a hacer. Hay ganas de pogo.

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