¿Qué hacer con el Hogar de Ceares?

Un edificio de cierto valor arquitectónico e histórico se debate entre el derribo y la rehabilitación

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David Alonso
David Alonso
Es geógrafo. Ha sido concejal de Xixón Sí Puede.

No forma nuestra ciudad parte del conjunto de ciudades o espacios que hayan mantenido adecuadamente su patrimonio arquitectónico, baste recordar hace unos meses la enorme bronca generada en torno al planteamiento de La Laboral como Patrimonio de la Humanidad o el sempiterno debate que se arrastra sobre los usos del edificio de Tabacalera, en Cimavilla, por citar ejemplos recientes que nos pueden sonar a todos.

El Hogar de Ceares, una construcción peculiar, de finales de los años 50 del pasado siglo, ha vuelto a generar controversia en la ciudad, sobre su estado de conservación y sobre su futuro; si rehabilitación, demolición parcial o demolición total. Pero esta es solo un pequeña parte del debate que se esconde detrás de este edificio y que nos vuelve a arrojar a la cara la gestión de la cosa pública, puesto que se dan los tres ingredientes necesarios para levantar una polvareda que deja pequeñas las famosas “calimas” que nos asolan en Gijón.

En primer lugar debemos explicar las necesidades vecinales que llevan décadas, según ellos mismo relatan, sin un espacio adecuado para poder realizar las actividades propias de cualquier asociación vecinal. No piden mucho.

Un espacio donde impartir talleres, realizar actividades de numeroso tipo y ser un espacio de convivencia común. Y conviene pararse en este punto, no para levantar la bandera de la colectividad ni nada que se le parezca, pero realmente no resulta saludable para la gestión pública afirmar que los vecinos llevan 19 años reclamando un espacio, con todas las fuerzas políticas diciendo que sí, que tienen razón y que pese a ello sigan sin tener ese espacio. Resulta indignante para los gobiernos que han tenido responsabilidades sobre el asunto y aún no han hecho nada.

Interior del Hogar de Ceares

En segundo lugar aparece un tipo, clásico, de gestión política. En 2003 se reclama por parte del Ayuntamiento de Gijón la gestión del edificio puesto que no se usaba para nada comunitario, ni nada que fuera del interés del barrio. No es hasta 2012 cuando la Justicia le da la razón definitiva al Principado frente a las personas que ocupaban para sus intereses el espacio. Después el Principado tarda dos años más en acordar la cesión con el Ayuntamiento, pero no es hasta 2017 cuando se firma la permuta definitiva de esa propiedad. Desde ese momento hasta hoy solo se han planteado anuncios de calado político, debates en el pleno municipal más o menos intensos y algún informe técnico. La bolita va pasando primero de una administración a otra y después de un grupo político del gobierno a otro. En nada se avanza.

Y en tercer lugar tenemos al convidado de piedra, ladrillo más bien, un edificio con cierto encanto y con cierto valor tanto en lo constructivo como en lo histórico, que espera a ver qué sucede con él. Si un derribo total y aprovechar su solar para levantar una nueva construcción de carácter vecinal. El derribo total, que como bien sabemos en nuestra ciudad no garantiza que luego se haga nada, ahí tenemos la difunta estación de trenes del Humedal como ejemplo estrella.

Un derribo parcial, donde parece que según los estudios técnicos realizados, en el mejor de los casos hace ya tres años, se decía que el bloque que conforma el salón de actos parece que está en estado de ruina y por tanto es necesario su demolición, mientras que el frente, el otro bloque podría rehabilitarse. Y estaría la tercera opción que sería la rehabilitación integral del edificio, dado que probablemente el valor de la obra radica en su conjunto.

El planteamiento de esta última opción, además de los condicionantes técnicos de su realización por un coste racional, que será el ariete que presenten sus detractores, debería sumársele que Gijón no es Roma, es decir que nuestro patrimonio arquitectónico no es, ni mucho menos, excesivo más bien lo contrario y convendría, hoy en día ya sin la presión desarrollista de los años 60,70 y casi 80 que desgraciaron la ciudad, ni la presión de la burbuja de finales de los 90 y primera década del siglo XXI , poner en valor y proteger para poder definir una ciudad con un mínimo de rigor de las gentes que la habitaron.

Estúdiese el edificio, rápido, un informe pericial se hace en menos de una semana, no en años, estructura, cubierta, instalaciones, carpintería y claro cimentaciones (esto ya no es tan sencillo) con eso se saca un presupuesto con las opciones y listo. Al mismo tiempo hay que dejar de decir mentiras en política, a los vecinos debe decírseles que en el mejor de los casos aún quedarían entre 24 y 36 meses de redacción de proyectos y ejecución de obras y por último y no menos importante, respetemos nuestra ciudad, su historia, su geografía, el patrimonio arquitectónico es una parte esencial de ella, de nosotros.

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1 Comentario

  1. ¿Todos los partidos diciendo que sí? Depende. Existen unas actas del plenario municipal del 13 de noviembre de 2019 en las que las tres concejalas de Podemos, Yolanda Huergo, Alba González y Laura Tuero, ésta última concejala ahora mismo por Podemos-Equo, se abstienen en una votación respecto al arreglo integral del edificio, posibilitando así que el resultado fuera contrario a la rehabilitación. Como dice el refrán asturiano, “tanto da el que mata como el que tiene por la pata”. Vergüenza les tendría que dar.

    https://sedeassets.gijon.es/from/12172/plenos/show/1681-16-sesion-ordinaria-de-13-de-noviembre-de-2019

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