Gana Ayuso, pierde Asturies

No hay una España vacía. Hay una España que está siendo vaciada. Y en ese club está cada vez más Asturies.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

La derecha ha gobernado 26 años Madrid combinando un agresivo nacionalismo español con un cada vez más desenfadado regionalismo madrileño. Un regionalismo insolidario con las comunidades más empobrecidas, que no explica por si solo todas las desigualdades territoriales de España, pero que sí ayuda a entenderlas. El insistente discurso de los medios conservadores sobre los “privilegios de catalanes y vascos”, no así de Navarra, la comunidad foral tradicionalmente gobernada por los socios territoriales del PP, ha ocultado la progresiva concentración de ricos y de riqueza en un Madrid que se ha presentado como el santuario fiscal de las burguesías de todo el país. Un dato facilitado por la revista Forbes, y del que el pasado mes de diciembre nos hacíamos eco en Nortes: ninguna de las siete grandes fortunas asturianas tributa en el Principado de Asturies.

“El equilibrio territorial nunca ha sido un asunto importante para el nacionalismo centralista de las derechas”

Convertir a Madrid no solo en la capital administrativa de España, sino también económica, fue una de las grandes obsesiones de José María Aznar. Todo valía para lograr un objetivo: sorpassar económicamente a Catalunya. La competencia desleal con el resto de comunidades autónomas que mantenían impuestos progresivos como el de sucesiones estaba, claro está, permitida. El equilibrio territorial nunca ha sido una preocupación para el nacionalismo centralista de las derechas. Descapitalizar a las periferias formaba parte del plan para reforzar el proyecto de capitalidad económica de las élites cortesanas.

España se aleja de la igualdad con un centro-izquierda en La Moncloa que vacila cada vez que se le reclama un impuesto a la grandes fortunas, y que sigue sin atreverse a abordar una verdadera reforma fiscal progresiva. La victoria de Isabel Díaz Ayuso consolida en la capital del reino un modelo de fiscalidad insolidario en lo social, pero también en lo territorial. No hay una España vacía. Hay una España que está siendo vaciada. Y en ese club está cada vez más Asturies. Establecer una fiscalidad justa, armonizar los impuestos para evitar competiciones a la baja y la formación de “paraísos fiscales” dentro de España, son dos caras de una misma tarea urgente: la redistribución de la riqueza.

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