Los cuidados, el ruido y la furia

A propósito de la polémica generada en torno al artículo "Daniel Bernabé: Un señoro toma la palabra".

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No tengo redes sociales personales, apenas un Facebook que mantengo porque hace años colgué fotos de nuestros hijos cuando eran chinorris y porque he de administrar el FB de nuestra editorial. Huyo como de la peste de las polémicas tuiteras estériles y no participo del ruido y la furia que en ellas se desatan cada día. Por eso, cuando el viernes me vi envuelto en una, que afectaba además al sello en el que trabajo, tiré el móvil en un rincón y me propuse no lidiar con el Twitter hasta el lunes por la mañana.

Hoy, sin embargo, me apetece compartir con quien quiera leer estas líneas mi versión de los hechos. La espoleta es el artículo que Nortes publicó en la mañana del viernes: «Un señoro toma la palabra», crónica de la breve conferencia que el escritor y columnista Daniel Bernabé dio en la Semana Negra de Xixón.

“Una tuitera madrugadora había sacado un pantallazo y echó a rodar la bola de nieve después de que el artículo fuera editado”

Escribí el artículo a toda prisa a petición tardía del director de Nortes, Diego Díaz, un buen amigo, y lo entregué el jueves al final de la tarde; cuando lo releí el viernes por la mañana me saltaron los empastes de las muelas al leer la mención tan ridícula que había hecho de algo tan crucial en nuestras vidas como son los cuidados, el trabajo invisible y no remunerado, tradicionalmente desarrollado por las mujeres, comparándolo con algo tan líquido como son los géneros fluidos o con el eufemismo uteroportante. Hablé con Diego Díaz y lo borramos. Tarde. Una tuitera madrugadora había sacado un pantallazo y echó a rodar la bola de nieve después de que el artículo fuera editado. Insultos, mofas, risas, quélistosquesomos, quétontosquesonéstos.

Conseguí a través de un amigo común el correo de la tuitera y le escribí para darle una explicación de mi boutade. Le conté que había tenido tanto cuidado de reproducir con exactitud las palabras de Bernabé para no meterle en más jardines, que el patinazo vino en lo que aporté yo al artículo. Le conté que no tenía más explicación que las prisas para haber metido en esa terna a los cuidados (de hecho, el artículo tiene varias erratas). Le expliqué que he leído a Fraser y a Federici, y sobre todo, he escuchado a las mujeres de mi familia y de mi entorno, y que soy consciente del papel vital que juega el trabajo no asalariado e invisible en nuestra sociedad. Le conté que a la una del mediodía del viernes me escribió el insigne director de este medio para decirme, socarrón como es él, que me había de pasar un par de títulos sobre los cuidados. «Bien que me arrepiento de haberlo puesto», fue mi contestación. «Si te arrepientes, lo borramos», me dijo Diego, de ahí que a la una ya no aparecieran los cuidados en el artículo. Argumenté a la tuitera que, entretanto, ella ya había sacado el pantallazo, pero fue varias horas más tarde, con el texto ya rectificado, cuando echó a rodar la bola de nieve. Sigo esperando su contestación.

“Le expliqué que he leído a Fraser y a Federici, y sobre todo, he escuchado a las mujeres de mi familia y de mi entorno”

Que una persona adulta tire la piedra (tuitera) y acto seguido, esconda la mano (bloqueo), es algo que me parece inconcebible. Quizá esa misma persona considere que escribirle un correo explicativo es un atentado contra su privacidad, quizá prefiera la crispación de las redes a un diálogo sereno entre adultos, pero es algo que me deja sencillamente perplejo. El sino de los tiempos, supongo.

Si no tengo redes sociales es porque no deseo proyección pública ni creo que tenga nada interesante que contar en particular. Apenas una crónica rápida como favor a un buen amigo. Por eso, negarle la palabra a quien has insultado públicamente me parece infantil, propio de los compartamientos que reinan en las redes; meter el dedo en el ojo a una persona a través del lugar en el que trabaja lo encuentro mezquino, sin más.

Agradezco a Diego Díaz la oportunidad dada para publicar esta réplica. A otros amigos periodistas, a los que os chocó la polémica conociendo mi trabajo como editor y a mí como persona, pero no por ello dejasteis pasar la oportunidad de escribir algo sobre el asunto… tenéis mi correo y mi teléfono: «Oye, Dani, ¿pero de verdad has puesto esto?». Por si surge algún otro flame en el futuro y queréis contrastar la información antes de publicar cualquier cosa.

A quienes prefieran el ruido y la furia al diálogo tranquilo, allá vosotros. A mí siempre me gustó más ¡Absalón, Absalón!

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