Pago por generación de residuos: la responsabilidad de la producción

¿Quién es el responsable de la generación de residuos? ¿Las personas consumidoras que no tenemos alternativas reales para evitar los envases de usar y tirar?

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Pablo García
Pablo García
Es sociólogo, vecino de Llangréu y activista del Conceyu pola Transición Xusta.

Tiene razón Manuel Cañete, presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales (FAV) de Gijón, cuando dice que no somos las personas consumidoras las responsables de la cantidad de residuos que se producen. Al menos desde J. K. Galbraith sabemos que la producción es quien determina nuestras prácticas de consumo, que “el productor tiene tanto la función de fabricar los bienes como la de elaborar los deseos que se experimenten por ellos”.

Fueron los fabricantes, a impulso de la concentración empresarial y el imparable poder de la gran comercialización, quienes decidieron terminar con los envases reutilizables que devolvíamos a la tienda hasta los años 80 y sustituirlos por envases de un solo uso.  Es la producción y la gran comercialización quienes deciden cómo son presentados los productos puestos en el mercado, quienes deciden que estén sobreempaquetados y en envases complejos como los briks, imposibles de reciclar.

En este escenario de intereses creados por la producción y la gran comercialización ¿Quién es el responsable de la generación de residuos? ¿Las personas consumidoras que no tenemos alternativas reales para evitar los envases de usar y tirar? ¿La ciudadanía que pagamos por cada producto envasado que adquirimos, que dedicamos tiempo y esfuerzo a separar y llevar los residuos al contenedor correspondiente y que sufrimos el modelo de gestión basado en el contenedor amarillo?

No, en la legislación española, como trasposición de Directivas europeas, está establecido que la responsabilidad de la generación de residuos no es de las personas consumidoras, es de los productores. En concreto en el Título cuarto “Responsabilidad ampliada del productor del producto”, de la vigente Ley 22/2011 de residuos y suelos contaminados, se dispone que es obligación del fabricante diseñar productos que reduzcan su impacto ambiental y la generación de residuos, tanto en su fabricación como en su uso posterior.

Este principio de “responsabilidad ampliada del productor” también está desarrollado en los artículos 6 y 7 de la Ley de Envases 11/1997. Siendo obligación de los envasadores y los comerciantes aceptar el retorno de los residuos de los envases usados, devolviendo la misma cantidad que haya cobrado por el envase. De no ser así, son los sistemas integrados de gestión constituidos por esos mismos agentes económicos quienes tienen la obligación de recoger los residuos de envases en el domicilio de las personas consumidoras o en sus proximidades.

Llevando de esta manera el principio de «quien contamina paga» hasta el origen, hasta quienes producen los productos que se acaban transformando en residuos y tienen capacidad para prevenirlos: los fabricantes.


El pago por generación que ya hacemos

En la vigente Ley de Envases también encontramos regulado el pago por generación.  Cada consumidor o consumidora, cuando compramos un producto envasado pagamos una cantidad para financiar la recogida separada y el reciclaje del residuo que generará ese envase. Si compramos muchos productos en envases de usar y tirar pagamos más que otras personas que eviten -si pueden- comprar tantos productos envasados.

Este sistema de pago por generación lo gestiona principalmente Ecoembes, organización formada por las principales marcas contaminantes de plástico (Coca-Cola, Nestlé, P&G…), que debe compensar a los Ayuntamientos en la diferencia de costes entre el sistema ordinario y la recogida separada de envases. Las cuentas de Ecoembes no acaban de estar claras, cobra por el 100% de los envases de plástico comercializados y sólo recoge el 25% mediante el contenedor amarillo.

Es decir, las consumidoras y consumidores estamos pagando por hacer una gestión de los residuos de envases que en las tres cuartas partes no se hace. Si el Ayuntamiento de Gijón no tiene suficientes recursos económicos para recoger los envases ¿no sería bueno que se los pidiese a Ecoembes?

Incentivar, en lugar de penalizar

El uso de bolsas de basura homologadas como proponen desde Emulsa, ¿Va a lograr la identificación individualizada de la cantidad de residuos generada? ¿Va a terminar con el abandono de envases en calles, parques y jardines? ¿Va a incrementar la colaboración ciudadana en la recogida separada? Lo dudo.

Si hay un mecanismo que se ha demostrado eficaz es el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) implantado en más de 40 regiones europeas y que alcanza tasas de recogida separada superiores al 90% de los envases generados.

El Sistema de Depósito equivale a la práctica llevada a cabo en España hasta los años 80 de “devolver el casco” a la tienda. Se basa en ofrecer un incentivo económico, la cantidad que previamente nos cobran por el envase, para que devolvamos los envases vacíos a cualquier comercio y de esta forma, además asegurarse que serán reutilizados o reciclados, evitamos que vayan a la bolsa de “restos”.

Mientras en Escocia celebran que sólo les falta un año para que el 1 de julio de 2022 esté en actividad el sistema devolución y retorno de envases, aquí los responsables de la gestión de residuos no son capaces de dar con un mecanismo que saque el 80% de los envases de la bolsa de la basura mezclada. Ese es el problema.

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