Gariteros en el Parlamento

La cooficialidad se ha convertido en un fetichismo

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

La vida parlamentaria asturiana solo adquiere dignidad cuando el solitrón se cuela en sus vidrieras. Por lo demás, es un juego de trujamanes donde se mercadea la pasta y los votos a cambio de las palabras adecuadas en la parla del Boletín Oficial del Principado. No hay mucha diferencia, pues, entre jugar a los naipes en una timba y sentarse en el despacho a intercambiar la sota de bastos por el rey de copas, la cooficialidad por un tren, y así en este plan. La política de estos días, querido y desocupado lector, es una larga noche de tahures.

Foro está convirtiendo estas semanas el parlamento en una almoneda donde se exprime la cooficialidad hasta dejarla seca, sin que antes nadie se atreva a definir con rigor y exactitud qué cooficilidad quiere. Los de Pumares buscan una reforma de la fiscalidad a su medida y hasta un nuevo Plan de Vías, Chus “Marsal” mediante, que devuelva la dignidad al anterior convenio firmado por Carmen Moriyón en la capital industrial.

Mientras Berta Piñán sondea el pánico en las calles y sólo encuentra silencio, su jefe de gobierno se dedica día tras día a vaciar de contenido legal la cooficialidad. No será obligatorio, no se podrá imponer, tampoco será lengua vehicular. No es que el asturiano trate de ser amable, es que a este paso será tan amable como un cadaver. Nace muerta, sin voz y sin sangre. Las palabras pueden siginficarlo todo o nada, según quien las pronuncie y a veces son una soga para la propia lengua.

El debate parlamentario sobre el nuevo estatuo se disuelve en la cooficialidad. Y hasta la discusión del propio Estatuto se ha independizado del debate de la realidad misma, como se pudo ver en las sesiones parlamentarias de hace dos semanas. La intervención de Barbón y el resto de portavoces parlamentarios consignaban como cierta aquella reflexión del viejo marxista Nicos Poulantzas que evidenciaba un poder independizado de la realidad material de las cosas, el parné, mayormente, que dividía, atomizaba, a la clase trabajadora. En esas estamos con este Estatuo y con esta cooficialidad.

Mientras los trabajadores de Alu Ibérica salen a la calle, después de que los estafaran con su puesto de trabajo, mientras se mantiene la injusticia territorial con nuestras infraestructuras y se grava con más peajes, mientras se discute un presupuesto y el mundo sigue, en la leonera de la calle Fruela sólo se discute sobre el Estatuto. Lo hemos convertido en un libro sagrado y al sermo vulgaris en un fetichismo. Ay.

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