Ronda Norte, miles de viviendas en la zona rural y todo el poder para los constructores

El Plan General de Ordenación Oviedo dibuja una ciudad a contracorriente del urbanismo verde de las ciudades más avanzadas.

Recomendados

Manuel Maurín
Manuel Maurín
Es profesor titular de geografía de la Universidad de Oviedo/Uviéu y activista en diferentes movimientos por el derecho a la ciudad.

La presentación pública del Plan General de Ordenación de Oviedo (PGO), en su fase inicial de Documento de Prioridades (DP), termina con un periodo de incertidumbre sobre el alcance que pudieran tener los cambios anunciados por el gobierno de la derecha respecto a las directrices avanzadas en la legislatura anterior por el tripartito progresista, que fue quien inició el proceso de revisión en 2016, fijando los objetivos generales y adjudicando, por procedimiento abierto, el contrato de asistencia técnica al equipo redactor dirigido por los arquitectos Víctor García Oviedo y Ramón Fernández  Rañada.

Esa referencia es inevitable para valorar el DP, pero sin perder el hilo conductor con el propio plan que se revisa, cuya última versión refundida de 2006 es una apología inequívoca del desarrollismo que desembocó en la burbuja inmobiliaria y la crisis económica subsiguiente.

Vivendas en construcción en la ladera del Naranco. Foto: Iván G. Fernández

Si se superponen ambas comparaciones se llega a la conclusión de que el nuevo PGO de Oviedo se aproxima mucho más al viejo modelo insostenible y, a la postre, ruinoso del aznarismo y el gabinismo que a la corriente regeneradora surgida tras la crisis del ladrillo y que podría sintetizarse en la apuesta del Libro Blanco de la Sostenibilidad en el Planeamiento Urbanístico Español (2010)  “por la rehabilitación y la renovación de la ciudad ya existente, frente a la construcción de nueva ciudad, evitando cometer los mismos errores del pasado”.

De esta corriente quedan en el DP huellas fragmentarias que hablan de fomentar la diversidad y la mezcla de usos, la compacidad, la movilidad sostenible, el metabolismo urbano, la rehabilitación urbana integrada o la perspectiva de género. Se trata de objetivos que habían sido incluidos en los primeros documentos para la Revisión del PGO en 2016 y reaparecen ahora más como restos inservibles de un naufragio que como verdaderos resortes de cambio; como referencias aisladas, vacías de contenido y de recorrido y cuyo único compromiso se limita al cumplimiento de la legalidad vigente y su ajuste a las ordenanzas.

Tramo urbano de la autopista Y a la entrada de Oviedo. Foto: Pablo Lorenzana.

Después están los llamados Proyectos de Capitalidad, entre los que se incluyen el Casco Histórico, las Fábricas de La Vega y de Gas, el Viejo HUCA, el Monte Naranco o el Bulevar de Santullano, entre otros. Aunque el desarrollo de estas “áreas de oportunidad” va a determinar en gran medida el modelo urbano de Oviedo para las próximas décadas, constituyéndose en el armazón sobre el que se materializará el desarrollo físico (pero también el nuevo tejido económico y gran parte de la oferta cultural de la ciudad), se dejan, de hecho, al margen del debate público por considerar que deben desenvolverse “en paralelo” al propio PGO y que son las administraciones y agentes involucrados en cada caso quienes han de definir los parámetros concretos para su ejecución.  Se opta, en definitiva y literalmente, por un “planteamiento neutro en aras de acomodarse a las acciones futuras”.

Fábrica de La Vega. Foto: Javier Ordás.

Así, no solo se limita la participación ciudadana en los proyectos verdaderamente cruciales, sino que se renuncia también a que el propio PGO, como instrumento de cabecera, establezca unos objetivos y criterios básicos y vinculantes para el desarrollo de los planes especiales que lo complementan. O sea, se propone un tipo de planeamiento en orden inverso al que establece la propia legislación del suelo, dejando en manos de los fragmentarios instrumentos de desarrollo determinaciones relativas a las condiciones, plazos, prioridades, aprovechamientos y dotaciones que excepto en casos excepcionales (que aquí parecen ser todos) correspondería establecer al PGO de manera preliminar e integradora.

En ausencia de propuestas específicas sobre los proyectos de capitalidad en el DP se suceden las páginas con descripciones y reflexiones vagas, cuando no evanescentes o abiertamente contradictorias. Un ejemplo del galimatías que caracteriza a todo el documento es el de la delimitación del ámbito para el proyecto del Bulevar de Santuyano,  pues en una misma página se dice primero que “el tramo del concurso internacional (ganado por el proyecto “Bosque y Valle”) se ha reducido por considerarlo desmesurado”, y después que “el ámbito se concretará a posteriori, una vez encontrada la solución”,  para volver a afirmar finalmente que “hay que tener como referencia el ámbito propuesto en el concurso internacional”.

Por cierto, a este ámbito se le denomina “Entrada Nordeste A-66 A”, cuando su nombre oficial es desde 2017 el de Bulevar de Santuyano, aunque también se le llega a calificar, en un momento de delirio redactor, como “Entrada a la cristiandad”.

“Entre las tinieblas de la redacción se percibe la insistencia en supeditar la conservación del patrimonio a la actividad inmobiliaria”

Con todo, entre las tinieblas de la redacción se percibe la insistencia en supeditar la conservación del patrimonio a la actividad inmobiliaria cuando se considera como patrón adecuado para la intervención en el Casco Histórico o en La Vega el actual proyecto para la Fábrica de Gas, que precisamente han contestado las organizaciones que defienden el patrimonio por descoyuntar el conjunto industrial para introducir aprovechamientos lucrativos. O cuando las acciones del Naranco se limitan a la cumbre y al área de los Monumentos, argumentando que el Monte “presenta condiciones que serían adecuadas para la formación de un parque metropolitano si se pudiesen resolver los problemas de comunicación que actualmente plantea”.

Nave de la Popular Ovetense en la Fábrica de Gas. Foto: Pablo Lorenzana

¿Problemas de comunicación parta proteger y mejorar un espacio de alto valor natural, cultural y paisajístico? Será por eso que la llamada Ronda Norte se incluye también en el DP como uno de los proyectos estrella de capitalidad y se cita frecuentemente en todo el texto (también de manera equivocada, pues oficialmente no se denomina Ronda Norte, sino Acceso Norte a Oviedo), mientras el resto de los sistemas de movilidad no merece demasiada atención, supeditando su ejecución a lo que estipule el Plan de Movilidad Urbana Sostenible.

Terrenos por los que pasaría la Ronda Norte en la falda del Naranco. Foto: Iván G. Fernández.

Aunque pasa más desapercibido y tampoco tiene un contenido sustancial, resulta preocupante que se incluya entre los grandes proyectos de capitalidad lo que en el DP se denomina Lugar Central, delimitado por la ronda interior y correspondiente al Distrito Urbano 1. Bajo la consideración del alcance metropolitano de este sector y de su propio peso en la ciudad se pretende volcar en él una redoblada atención desde el punto de vista dotacional y de mejora en la accesibilidad, lo que no generaría mayor incertidumbre de no ser porque , al menos en esta fase de avance, el PGO no especifica ningún proyecto importante para los barrios, los núcleos periféricos y el medio rural, donde los problemas de servicios y segregación socio-espacial están muy lejos de ser resueltos.

En el fondo, se puede vislumbrar un aumento de la brecha que ya separa al centro de la periferia urbana y territorial, dando la impresión de que se vuelve, consciente o inconscientemente, al viejo urbanismo clasista y segregador que hasta Gabino de Lorenzo había maquillado llevando a los barrios y a los confines municipales las farolas isabelinas y otros excedentes de su peculiar mobiliario urbano. Las recomendaciones de la Agenda 2030 o de la Agenda Urbana Europea para lograr que las ciudades sean inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles parece que no va a dejar una huella profunda en el nuevo PGO de Oviedo.

Paradójicamente (aunque era de esperar) el DP, que justifica su propia ambigüedad cuando trata cuestiones de interés social, cultural o ambiental en el hecho de corresponder las propuestas a una fase inicial, aún exploratoria y abierta al enriquecimiento por parte de los agentes sociales y la ciudadanía en general, se vuelve repentinamente detallado, concreto  y cuantificador cuando se trata de planificar el crecimiento inmobiliario y, renunciando a la idea de desclasificar una parte sustancial del extraordinario excedente de suelo urbanizable del plan vigente (que permitiría aún la construcción de casi cuarenta mil viviendas cuando todavía hay  veinte mil vacías), como se está haciendo en  otras ciudades y se había planteado en el mandato anterior, da un viraje hacia el pasado intentando abrir una nueva senda de crecimiento carente de cualquier fundamento demográfico y socioeconómico.

Desclasificando solo algunos suelos que por sus características físicas (zonas inundables o de topografía adversa) o por su localización (desconectadas de la trama urbana actual) no podrían se ejecutados de manera rentable, el DP propone mantener la mayor parte de la corona urbanizable que rodea la ciudad y se aventura a prever la construcción de más de dieciséis mil viviendas en una década, para empezar (y sin contabilizar las que se pudiesen incluir en los planes especiales del HUCA, La Vega y la Fábrica de Gas).

Como esas estimaciones no se avienen con la situación demográfica de estancamiento que conoce el municipio se realizan proyecciones que trasgreden de manera palmaria las reglas de la prospectiva demográfica, consiguiendo transformar una curva realmente descendente, con saldos negativos de crecimiento natural (nacimientos y defunciones) y  migratorio en una rampa de incremento poblacional que, en vez de sustentarse en los datos actuales, lo hace tomando como punto de partida las del periodo álgido previo a la crisis  inmobiliaria de 2008.

Uno de los escasos tramos de carril bici. Foto: Iván G. Fernández

Dejando a un lado las partes del DP que, siendo más o menos asumibles (como la normativa para la edificación en el medio rural), carecen de suficiente concreción para poder ser tomadas en consideración, lo que sí se puede observar,  analizando aquellas otras donde las propuestas son más diáfanas, es la apuesta del gobierno municipal, a través del  PGO,  por volver a fundamentar el desarrollo urbano en el negocio inmobiliario que opera sobre el incremento del  valor de los terrenos en los procesos de reclasificación y recalificación del suelo, pretendiendo inaugurar una nueva fase de crecimiento tan quimérica como -en el caso de llevarse a cabo- destructora de patrimonio público. Y ello cuando en la vecina ciudad de Avilés se anuncia la revisión del planeamiento admitiendo la imposibilidad de desarrollar los suelos urbanizables heredados de la etapa anterior o en Bilbao (un referente del urbanismo de vanguardia) el Avance del Plan General  declara como objetivo el crecimiento 0 y la apuesta por la renaturalización del entorno metropolitano.

Actualidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here