“El rock and roll en España nunca ha sonado tan bien como ahora”

El próximo jueves, Los Zigarros darán un concierto en la Sala Albéniz, dentro del Gijón Sound Festival: "tras la pandemia, la banda está otra vez a tope".

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Hablar de Los Zigarros es tratar de dibujar un hilo de Ariadna del Rock and Roll en España que va de AC/DC a los Rolling Stones, de Cream a Faces, pasando por Tom Petty and the Heartbreakers. Al mismo tiempo, ese hilo que tejieron en las carreteras españolas se cruzó con otros sonidos adheridos a un pentagrama made in USA. Atentos a lo que hacían Carlos Tarque, Carlos Raya, Fito y los Fitipaldis y unos chicos muy stonianos llamados Pereza, no tardaron en llamar la atención de todos ellos. Los Zigarros es la siguiente etapa de ese sonido en nuestro país. Ovidi y Álvaro Tormo, Adrián Ribes y Natxo Tamarit son la mejor banda de rock and roll española según Tarque. El próximo jueves, Los Zigarros llegan a la Sala Albéniz, dentro del Gijón Sound Festival para repasar su carrera, cinco discos desde que los hermanos Tormo abandonaran Los Perros del Boogie y comenzaran una nueva aventura. Como afirma Ovidi en esta entrevista, «tras la pandemia, la banda está otra vez a tope».

Llegáis maduros

No nos costó mucho. En el primer bolo que dimos después de la pandemia tenía dudas porque era mucho tiempo sin tocar. La sensación del público, la electricidad que transmite, es suficiente para que la banda siempre suene. Los cuatro enseguida sonamos y estamos muy calientes.

¿Elaboráis el setlist en el último minuto, o maduráis con un poco de antelación?

Hay un esquema más o menos elaborado que tiene que ver con sensaciones al comienzo, en el desarrollo y el final del concierto. Pero el orden no está completamente definido hasta que empezamos.

El discazo del Price, el concierto que habéis titulado con un tema tan emblemático como ‘¿Qué diablos hago yo aquí?’, ¿marca un punto de madurez en vuestro sonido?

Yo creo que eso lo percibe más el que lo escucha. Es una celebración que cierra una época. Pero sí, es cierto que la banda suena como un cañón desde la primera canción. El concepto está más claro que nunca cuando tocamos los cuatro.

¿Como definirías esa etapa que abarca ya cinco discos?

Es rock and roll puro y duro. Empezamos tocando solos ante el peligro, viajando en la furgoneta cuatro personas que empezaban un proyecto nuevo. Ahora somos ocho o nueve. Mi hermano entonces no tenía carné de conducir, yo tampoco. Conducía Natxo, el bajista. Tocábamos muchísimo en muchísimos garitos, que es lo que había que hacer, por cuatro perras o por la cena. Así nos pasamos un año y medio hasta que le quitaron a Natxo el carné de conducir, y después se lo quitaron a Adrián. La verdad es que contamos siempre con el apoyo del público. Hicimos lo que quisimos y hacemos lo que queremos. Eso es algo de lo que estoy muy orgulloso. Orgulloso de haberlo luchado y de haberlo conseguido. Cuando haces lo que te da la gana, es importante que te salga bien.

Cuando abandonasteis Los Perros del Boogie y decidisteis iniciar Los Zigarros, ¿sentiste que te lo jugabas todo a vida o muerte?

Pues sí. Además, cuando decidimos dejar Los Perros del Boogie, estábamos despegando. Destacábamos con diferencia de otras o todas las bandas de rock de Valencia, donde entonces tampoco había mucha escena. La altura que teníamos no era mucha, pero ya era algo comparado con lo que había. Cuando dejamos eso, me vi desnudo. Pero es algo que de todas maneras teníamos que hacer. El rock and roll estaba por encima de todo. De alguna manera, era una sensación que yo tenía y no podía tirar p’alante con ella. Había que hacer un cambio y me alegro muchísimo de que haya salido.

Tengo la impresión de que fuisteis muy racionales a la hora de evolucionar y mejorar técnicamente.

Porque pudimos. La banda comenzó sin ningún tipo de apoyo, sin dinero, como siempre hemos empezado todas las bandas y lo normal es que te esfumes. Ya sabemos cómo está el rock and roll en este país. Esa precariedad permitió que tuviéramos un público pequeño primero, que pudiéramos vender camisetas después, y eso hizo que más tarde pudiéramos pagar un técnico, y luego otro, y más adelante un guitarra más. A continuación, mejorar el escenario, pasar de la pensión de mala muerte a un hostal, y del hostal a un hotelito. Todo hecho con sensatez. Por otra parte, hemos conseguido rodearnos de lo que queremos realmente.

“Hicimos lo que quisimos y hacemos lo que queremos. Eso es algo de lo que estoy muy orgulloso”

La producción de los discos de alguien que sabía qué sonido podría extraeros, como Carlos Raya.

Siempre hay un poco de suerte. En esta historia está muy presente Carlos Raya y, sobre todo, Carlos Tarque, porque él nos puso en contacto con el mundo de los mánagers y los productores de las primeras ligas. Fue él quien nos recomendó a Carlos Raya, quien le enseño la banda, habló con Polako, que era su mánager y de Fito también. Tarque siempre nos apoyó desde un principio, y Universal, que es nuestra discográfica, exactamente. Así que Carlos apoyó una banda que no existía. Las bandas de rock tienen que gustar por sí mismas. Al mismo tiempo, Carlos Raya es el quinto Zigarro. Hemos hecho el disco con él y siempre pienso que puso un toque mágico que hace que esté presente en nuestros corazones.

En YouTube se disfrutan algunos momentos calientes o álgidos del Price que inevitablemente hace que lleguen reminiscencias de grupos como The Band, Faces y por supuesto, The Rolling Stones. Bandas que han logrado alcanzar un sonido genuinamente americano, muy cálido, sensual y stoniano que el rock español no había rastreado en los setenta, los ochenta o los noventa ni con el timbre de sus guitarras ni en el ritmo hasta que llegó M Clan o Pereza.

Estoy muy de acuerdo contigo. Creo que nunca ha sonado tan bien el rock and roll en España como ahora. Creo que tiene que ver con muchas cosas y, entre ellas, que a las nuevas generaciones les haya dado tiempo a escuchar más rock and roll. En los setenta y los ochenta, aquel rock tenía en España unas guitarras más afiladas, más heavys. En los noventa llegó el grunge, el garaje y el noise, y eso es otro mundo. Pero en cuanto a rock and roll, ese tono que dices yo también pienso que no llegó hasta hace relativamente poco tiempo. La batería suena mucho mejor que antes, que tiene que ver con grupos que suenan muy bien, que han asimilado ese sonido. Nosotros hemos tenido siempre en nuestro radar a grupos como Tom Petty los Heartbreaker.

Yo planteo que el rock argentino de los 70 estaba mucho más conectado al rock americano de los Rolling, Cream o de Faces que el español, y casi 40 años después, observo que Ariel Roth o Calamaro están homologados a un Carlos Raya, un Fito, un Leiva o vosotros mismos. Entonces parece que hubo un muro, probablemente la dictadura que determinó los canales a través de los que llegaba el rock, al tiempo que los rockeros estaban más atentos a otros sonidos que no eran los Stones. Pero Hoy escuchas a Leiva y suena a stone y hasta Sabina quiere sonar a los Stones.

Tiene que ver con la dictadura, como bien dices, pero también con que a la gente le haya dado tiempo a escuchar las fuentes. Como lo he vivido, sé que no basta con escuchar ese sonido. Yo he tenido que aprender qué tipo de amplis hay que tener, qué guitarras, qué mástil, que técnica digital. En fin, eso requiere años. Mi generación ha ido integrando ese tipo de influencias extranjeras hasta el punto de hacerlas suyas. Leiva suena superbien.

“Ser telonero de los Stones es algo que me llevaré a la tumba”

¿Qué significa ser telonero de los Stones?

Para mi significa una noche increíble, algo que me llevaré a la tumba. Obviamente los Stones son muy importantes para mí. Porque si me pongo a pensar la influencia que ha tenido en el mundo y en mí se me hace muy difícil de gestionar. Es algo muy psicodélico. Resulta una cosa muy extraña de asimilar. Estaré agradecido toda la vida y me lo llevaré a la tumba. Pero, por otra parte, nada de ese momento tiene que ver con mi carrera. Es decir, no lo buscamos, porque nunca fue una meta. Fue algo que nos regaló la vida.

La figura de Keith Richards no sólo es la de un pilar del rock and roll, sino de la música popular. Lo mismo compone una pieza exquisita como ‘Hate It When You Leave’, que es casi una síntesis elegante y noble del soul, como es capaz de asimilar géneros igual de populares como el reggae. ¿Te ves con esa capacidad de asimilar o incorporar otras influencias, otros sonidos de géneros?

Sin lugar a dudas. No hay nada que me apetezca más que hacer eso. La música es lo más importante de mi vida. Me encantaría poder introducir nuevos sonidos.

Decías al principio de la entrevista que el concierto del Price era un punto de inflexión, un final de etapa. ¿Qué vislumbras en la siguiente?

Me ha pasado varias veces intentar vaticinar y no he sacado nada. Lo que pasa con la creación es que sale lo que sale, antes de lo que quieres que salga. Me gustaría abrir varias ventanas y ser variado y brillante en cada una de ellas. Ojalá lo consiga. Intentaré con todo mi corazón que así sea, pero el rock and roll será la base de todo. Todo lo que hago parte por ahí. La actitud siempre va a ser esa.

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