“Las inmatriculaciones no son cuestiones religiosas, sino de usura económica”

Luis Fernández, presidente de Asturias Laica, habla con Nortes sobre las recientes noticias de los bienes que la Iglesia se apropió indebidamente con una ley de Aznar entre 1998 y 2005.

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

Luis Fernández (Zamora, 1951) es presidente de Asturias Laica desde el año 2018. Esta asociación defiende y procura la laicidad de las instituciones y de la sociedad asturiana, así como la separación entre Iglesia y Estado y la consecución de un sistema educativo laico.

Recientemente, se han hecho públicos los listados de las inmatriculaciones que la Iglesia realizó entre 1998 y 2005, gracias a la reforma de la Ley Hipotecaria aprobada durante el primer Gobierno de José María Aznar, y la institución religiosa se ha abierto a devolver 965 bienes indebidamente apropiados. En toda España, mediante esta ley, la Iglesia pudo registrar a su nombre bienes tan solo utilizando una mera certificación eclesiástica. Así, las diócesis inmatricularon 34.961 terrenos e inmuebles, de los cuales 20.014 eran templos o edificios complementarias, mientras que 14.947 corresponden a fincas con otros usos, como terrenos agrícolas, viviendas, locales o solares, entre otros. En Asturias, la Iglesia inmatriculó hasta 548 bienes gracias a esta ley. Ante estos recientes sucesos, en Nortes hemos hablado con Luis Fernández para saber su opinión acerca de este y otros asuntos.

Luis Fernández atendió a Nortes para hablar sobre las inmatriculaciones de la Iglesia. Foto: Alisa Guerrero

¿Qué opinión tiene sobre las recientes noticias de las inmatriculaciones de la Iglesia?

Si las noticias reflejan la realidad, es un cínico lavado de cara. Robas treinta mil, pero ofreces mil. Me parece una indecencia. Han hecho de todo: han registrado bienes fuera de plazo, bienes de culto… Todo ello gracias a Aznar. Pero ya lo habían hecho antes, como la parroquia de Santullano en Oviedo, que es un escándalo. Por ejemplo, el caso de uno de los cementerios que dicen haber inmatriculado es señalado: un cementerio, pero con una iglesia prerrománica dentro.

¿Qué le parece el discurso público de la Iglesia de “abrirse a devolver” algunos de los bienes inmatriculados?

Tiendo a no preocuparme por las opiniones que tengan las congregaciones radicales. Me molesta más que el Gobierno del Estado no se dé cuenta de que el Estado es de todos. Como ciudadano de pie, es un ejercicio de cinismo similar al de los casos de pederastia que han ido apareciendo.

El prerrománico asturiano, de “valor incalculable”, para Luis Fernández. Foto: Alisa Guerrero

Respecto de las inmatriculaciones previas a la reforma de la Ley Hipotecaria del Gobierno Aznar, en 1998, ¿por qué no se han abierto también a investigarlas?

Hay una obstrucción clara por parte de quienes registraron esas propiedades. En Asturias fuimos pioneros: conseguimos que la Junta General pidiese los datos de las inmatriculaciones. Sin embargo, recibimos un documento vergonzoso por parte de la presidencia del Colegio de Registradores de la Propiedad, donde había apenas alguna finca, alguna casa y poco más. Por tanto, es evidente cuál será la colaboración de los registradores de la propiedad en este proceso. Pondrán piedras en el camino.

Lis Fernández ve una “usura económica” el asunto de las inmatriculaciones. Foto: Alisa Guerrero

La última vez que estuvimos en el Parlamento asturiano, IU y Podemos Asturies presentaron una PNL, que votaron favorablemente FSA y Ciudadanos, para disponer de información detallada sobre todas las inmatriculaciones desde 1946. La época de la dictadura es un terreno farragoso, pero a partir de la Constitución, esto ha sido un escándalo. Si queremos dimensionar el tamaño de la atrocidad, debemos buscar en esos datos que, además, ya están escritos y disponibles.

¿Por qué hay tanta reticencia en investigar estas cuestiones relacionadas con la Iglesia, incluso desde un Gobierno teóricamente de izquierdas?

En un par de siglos, la Iglesia católica ha aprendido a manejar magníficamente el fantasma del miedo. Lo que las fuerzas políticas en el poder tienen es el miedo a que las huestes católicas, como hicieron con Hipatia, les persigan a ellos. También hay cristianos confesos entre ellos, pero creo que es minoría. Es oportunismo mercantil de votos.

“Me preocupan más las injerencias de la Iglesia en la educación que las inmatriculaciones”

¿No les puede pasar factura, sobre todo con las generaciones más jóvenes, con tendencias más bien hacia el laicismo?

Las inmatriculaciones no son cuestiones religiosas, sino de usura económica. Como presidente de Asturias Laica, estoy satisfecho de que las juventudes estén siendo cada vez más críticas y conscientes. El fenómeno de la secularización de la religión es inaplazable. La Covid ha demostrado que, cuando los tiempos aprietan, hay que buscar en la ciencia, y no en la iglesia. En este asunto, hay que distinguir varios niveles: el de las usuras de parroquias pequeñas, cuyos curas fueron realmente quienes empezaron a investigar estos asuntos, en Navarra. Después, la gran usura, como la Mezquita de Córdoba. Y por último, los casos como el prerrománico en Asturias. Por ejemplo, la Iglesia de Santa María del Naranco, que no está inmatriculada. A día de hoy, es un patrimonio histórico que tiene un valor incalculable, y de eso es muy consciente el economicista Arzobispo de Oviedo, que se formó en la banca.

Luis Fernández, en un momento de la entrevista. Foto: Alisa Guerrero

¿Cómo ves las relaciones entre Iglesia y Estado? ¿Hacia qué tipo de relaciones deberían ir?

Más que de Estado, deberíamos hablar de Gobierno. En la Constitución, se redactó que el Estado era “aconfesional” porque no se atrevieron a escribir “laico”. El Estado español está dominado por una confesión que tiene la mano económica por la que agarra a la sociedad. El Estado debe ir hacia la puesta en práctica de esa aconfesionalidad, separando las confesiones religiosas del Estado, respetar cada confesión religiosa y recortar los terrenos donde se inflijan derechos, como el caso de quienes se ponen a las entradas de las clínicas de abortos para presionar.

¿Hacia qué relaciones se está yendo realmente?

Tenía un poco más de esperanza en este Gobierno de la FSA, al igual que en Pedro Sánchez. Al principio, los discursos iban en línea del laicismo. Sin embargo, el Gobierno de Barbón, que ha conseguido tener la sumisión de uno de los arzobispos más radicales de ultraderecha de España, acude todos los años fervorosamente a que le dé de hostias, en sentido mecánico. ¿Por qué lo hace? No lo sé. Se puede ser cristiano como persona, pero no como presidente del Gobierno asturiano, donde tienes que gobernar para todos. Eso no lo ha sabido hacer, y creo que se debe a que en los gobiernos locales y regionales la personalidad ocupa un espacio central. A Asturias la gobiernan unos pocos, las 10 o 12 cabezas de la FSA, y ahí los sesgos se notan más que en el conjunto del Estado.

Luis Fernández, en las inmediaciones del Naranco. Foto: Alisa Guerrero

¿Qué acciones tenéis previstas desde Asturias Laica?

Desde Asturias Laica, nos preocupamos por conseguir un Estado laico y que las conciencias queden libres. Sin embargo, entre los procedimientos del laicismo, está la separación entre la Iglesia y el Estado. En una sociedad como la nuestra, que no ha salido aún del nacionalcatolicismo de Franco, a veces le dedicamos más tiempo a las inmatriculaciones que a que la blasfemia deje de estar penado por ley. Por ello, desde Asturias Laica hemos impulsado el Grupo de Inmatriculaciones de Asturias, del que formamos parte junto a más gente. Este asunto es esencial, ya que la mayor fuente de ingresos que tiene la Iglesia católica es la inmensa cantidad de bienes que tiene inscritos a su nombre de forma legal, porque lo permitió el dictador, pero absolutamente inmoral. Formamos el grupo para que el asunto de las inmatriculaciones no nos arrastrase completamente, dado que, personalmente, me preocupa más bien la injerencia de la Iglesia en la educación. Pero los pactos con el Vaticano nos amarran.

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