El giro copernicano de Vox

La moción de censura de Ignacio Blanco en el parlamento asturiano, las elecciones en Castilla y León y sus virajes estratégicos plantean la pregunta: ¿Qué hacer con la extrema derecha en España?

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

El martes de esta semana, los principales periódicos de Asturias daban la noticia de que Ignacio Blanco, diputado y presidente de Vox, pedía una moción de censura contra el Gobierno del socialista Adrián Barbón. La formación de extrema derecha culpaba al presidente del Principado de “mentir” sobre el informe que había sido encargado por la Consejería de Cultura para conocer el impacto económico de la oficialidad del asturiano. Ignacio Blanco “pidió” dicha moción, dado que reclamaba el apoyo de Teresa Mallada, líder del Partido Popular, a pesar de que no darían los números para derrotar a Barbón. Esta estrategia se inscribe, además, en una serie de acciones del partido de extrema derecha entre las que destaca la criminalización pública del diputado de Foro Asturias, Adrián Pumares, respecto de su posición favorable a la oficialidad del asturiano.

Valla publicitaria de Vox contra Pumares y la oficialidad del asturiano. Foto: Iván G. Fernández

La una hipotética e improbable moción de censura de Vox en la Junta General del Principado contaría, por tanto, con la suma del PP, Ciudadanos, Vox y Foro, que llegarían a los 19 escaños, por los 20 de la FSA/PSOE. La aritmética parlamentaria no existe. Entonces, ¿por qué presentar una moción de censura, cuando aritméticamente es imposible que tenga éxito?

Esta es una pregunta cuyos ecos nos llevan hasta otra moción de censura. Concretamente, la de octubre del 2020, en la que Santiago Abascal, líder nacional de Vox, decidía presentar un veto de impugnación al Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos. La censura no salió adelante, dado que tampoco había aritmética parlamentaria posible. Entonces, ¿por qué Vox presentó una moción, cuando era imposible que saliera con éxito?

Estas preguntas nos pueden llevar a unas más de fondo: ¿está cambiando de rumbo la extrema derecha? ¿Qué nuevas estrategias están poniendo en marcha desde Vox? ¿Siguen teniendo los mismos objetivos que en su nacimiento, o han virado hacia otro lado? Para Guillermo Fernández-Vázquez, autor de Qué hacer con la extrema derecha en Europa: El caso del Frente Nacional (2019) y experto en las derechas radicales, “el destino de Vox es sustituir al Partido Popular”. Para Guillermo, la estrategia sigue siendo, como con el resto de las extremas derechas europeas, la de generar contradicciones en el seno de los conservadores tradicionales para, finalmente, sustituirlos. “Primero, una impugnación externa. Después, la división en los conservadores. Finalmente, la escisión y reagrupamiento de las derechas en torno a la nueva derecha identitaria”.

“El destino de Vox es sustituir al Partido Popular”

Aquí estaríamos asistiendo, por tanto, al giro copernicano de Vox, trazando una analogía con el giro con el que Copérnico revolucionó la Astronomía. Según este giro, Copérnico descentró al planeta Tierra y puso al Sol en el centro del firmamento. De igual modo, el proyecto de Abascal consistiría en revolucionar el bloque de la derecha española, descentrando a los conservadores tradicionales, el Partido Popular, y situándose a sí mismo en el centro. Así, Vox se convertiría en el núcleo alrededor del cual gravitaría la derecha española, posicionándose como partido hegemónico.

Guillermo Fernández reflexiona en su obra sobre las categorías de estas nuevas fuerzas de extrema derecha europea, definiéndolas de diferentes maneras según el caso: derecha radical, identitaria, extrema derecha… “En el caso de Vox, estamos hablando de una clara derecha identitaria”, dado que “moviliza y rearticula la cuestión de las identidades”, las cuales estarían “supuestamente en peligro”, como la identidad nacional, la identidad del varón, del cazador… Vox pregunta “¿Usted qué se siente? Pues siéntase orgulloso de su identidad”. En suma, Vox aborda la pregunta de qué hacer con las identidades en el mundo moderno.

Esto se ha podido ver recientemente en las elecciones de Castilla y León. Pablo Batalla vio bien cómo Vox, que pasó de 1 a 13 procuradores, fue habilidoso en atender al “momento leonesista”. Para el historiador y autor de Los nuevos odres del nacionalismo español (Ediciones Trea, 2021), existe una trasversalidad en el leonesismo: “el 70% de la población del antiguo Reino de León está en contra de la autonomía de Castilla y León”. Batalla advierte, no obstante: “esto no es La escopeta nacional ni estamos luchando contra Martínez el Facha, Adolfito y el padre Bocquerini, sino que se trata de un movimiento, la Internacional reaccionaria, con gran talento intelectual mancomunado, con ideas y conocimiento conforme a un plan”.

Guillermo Fernández cree que, con este plan, Vox está sabiendo vehicular el malestar e indignación de aquellas partes de la población que se han sentido juzgadas moralmente y en riesgo de desaparición: ganaderos, taurinos, cazadores, agricultores… La politización del sentimiento de angustia por saberse cercano al fin, reivindicando los oficios antiguos maltratados por el “establishment urbanita progre”, ha sido una de las marcas exitosas de la extrema derecha española.

Juan García-Gallardo, junto a integrantes de Vox tras las elecciones de Castilla y León. Foto: Twitter

Este plan ha ido modulándose desde la moción de censura de Abascal, en el 2020. Para Steven Forti, que estudió en su Extrema derecha 2.0 las estrategias que estos nuevos partidos han ido entretejiendo a nivel global dentro de las democracias liberales, existe una “matización programática”. Si bien Vox había presentado, en su primera irrupción electoral en el Parlamento andaluz en 2018, sus famosas “100 medidas urgentes para España”, con fuertes medidas económicas ultraliberales, posteriormente en la moción de censura del 2020 se moderó en estos aspectos, con algunas medidas de “defensa de políticas sociales”, aunque siempre desde un núcleo duro neoliberal.

Por otro lado, esta modulación no deja de ser una característica básica de otras extremas derechas europeas: la adaptación a las circunstancias. Prácticamente todas han sufrido reveses y bajadas puntuales; recientemente, el Partido por la Libertad de Geert Wilders en Países Bajos, Marine Le Pen en Francia y Matteo Salvini en Italia han obtenido malos resultados en las elecciones o en los sondeos demoscópicos. Sin embargo, Forti advierte: en primer lugar, “la extrema derecha ha venido para quedarse”; y, además, no existe un desplome a nivel global, sino que “les han salido competidores”: el Foro para la Democracia en Países Bajos, Zemmour en Francia y Giorgia Meloni en Italia no han sino apuntalado el porcentaje total de apoyo a estas fuerzas de ultraderecha.

¿Qué hacer, entonces, con la extrema derecha española? Clara Serra, coordinadora y coautora de Alianzas rebeldes. Un feminismo más allá de la identidad (Edicions Bellaterra, 2021), propone, frente a la extrema derecha, articular “un feminismo para todos y todas”. Un trabajo, sin embargo, que aún está por realizar. Este feminismo, haciendo alusión a otra de las obras en la que participa la filósofa feminista, deberá ser del 99%. Es decir, deberá incorporar también a los hombres en un proyecto feminista amplio, proponiéndoles un modo de estar en el mundo que no pase por las relaciones de dominación patriarcales, que también les afectan, aunque no de igual modo, a ellos.

“La libertad debe ser republicana: la libertad de las mujeres va de la mano de la ampliación de libertad de los hombres”

Sin embargo, el feminismo realmente hegemónico en España no ha sido capaz de llevar este proyecto a cabo. No es casualidad que, dentro de las características del votante medio de Vox, una sea el ser hombre: un 72% de los votantes de este partido de extrema derecha son hombres. Por tanto, para la filósofa, siguiendo el problema de la identidad que señalaba Guillermo Fernández, el feminismo deberá abordar la cuestión de la masculinidad si tiene como objetivo un feminismo que interpele a la totalidad de la sociedad.

Clara Serra anima al conjunto de las izquierdas y las fuerzas progresistas a dar la batalla cultural por la libertad: este concepto, que “ha sido colonizado por la derecha”, se presenta, para la filósofa feminista, como “el lugar desde el que se pueden construir las alianzas entre las izquierdas y los distintos movimientos sociales”. Guillermo Fernández sigue esta misma línea: “Vox intenta construir una caricatura de la izquierda como moralista, que está constantemente disciplinando y diciendo cómo debes vivir”. Sin embargo, “¿no son las fuerzas de extrema derecha quienes son realmente moralistas, que impone una única concepción de qué está bien, de cómo hay que vivir y que ofrece menos libertad? ¿Cómo es posible que se presenten y sean vistos como guardianes de la libertad?”

La batalla contra Vox está, en definitiva, en la disputa por la idea de libertad entendida desde la tradición republicana, como señala Clara Serra: “la extrema derecha utiliza una idea de libertad de suma 0: yo gano si tú pierdes. La libertad debe ser republicana: la libertad de las mujeres va de la mano de la ampliación de libertad de los hombres”.

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