La clase trabajadora con el agua al cuello

El Gobierno debe controlar el oligopolio eléctrico o el malestar social se convertirá en el botín de guerra de una extrema derecha en crecimiento.

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José Manuel Zapico
José Manuel Zapico
Empleado público y secretario general de CCOO de Asturies.

El sueldo se esfuma a la velocidad de la luz. Llegar a final de mes es una auténtica misión imposible y la escalada de precios nos pone contra las cuerdas: cada vez más familias viven con el agua al cuello. Y mientras la mayoría suda tinta para poder sobrevivir, hay megamillonarios que se permiten comprar Twitter por 40.000 millones de euros o gastarse fortunas para darse el capricho de viajar por el espacio. La desigualdad no se muestra en brechas sino en auténticos abismos. Y cuando eso ocurre, estamos ante la aluminosis para cualquier democracia.

España es la cuarta economía de la zona euro pero también somos el tercer país con mayor número de trabajadores pobres. Solo nos ganan Grecia y Rumanía. El 40% de las personas que tienen menos de 30 años no pueden asumir gastos imprevistos o uno de cada cuatro personas está en riesgo de pobreza. Son datos del INE, los últimos disponibles y se refieren a 2020. No hace falta ser un genio de la economía para saber que la situación, en estos dos años, ha empeorado notablemente.

Llevamos dos años de pandemia que han causado mucho dolor y cuando comenzábamos a mirar con esperanza la recuperación económica y la puesta en marcha de los fondos europeos, la guerra de Putin lo puso todo patas arriba.

“La economía familiar está en los huesos tras dos años de pandemia”

No podemos olvidar que la economía familiar está en los huesos tras dos años de pandemia y la capacidad de sacrificio de la mayoría también está en números rojos. Especialmente grave es la situación de las mujeres y la juventud. El paro, la precariedad, los sueldos de miseria y la falta de expectativas son el laberinto sin salida.

Ellas sufren la brecha salarial, la desigualdad de un mercado laboral que las expulsa sin contemplaciones si optan por ser madres, por no hablar de los cuidados familiares que recaen en exclusiva sobre sus espaldas.

FOTO: Iván G. Fernández

La juventud va camino de ser una “generación triturada” por las crisis. No es ninguna exageración: ya son el grupo de edad con más pobreza.

Es cierto que hemos logrado subir el Salario Mínimo que ha supuesto una importante subida de sueldos para las personas con contratos más precarios, también acordamos una Reforma Laboral que ha permitido a miles de personas tener un contrato indefinido por primera vez en su vida o logramos mejorar las pensiones públicas. Mención aparte merecen los ERTEs, que han impedido una oleada de despidos en nuestro país y han sido clave para proteger el empleo. Pero todo esto no es suficiente, se necesita seguir adoptando medidas para consolidar los avances logrados.

La mayor subida de precios en 30 años, el escenario de un guerra que puede tener consecuencias dramáticas y una pandemia que sigue activa obligan de manera inmediata a tomar decisiones para proteger a la gente corriente, para apoyar nuestra economía y el empleo. El riesgo de empobrecimiento masivo no es ninguna distopía.

Por eso estamos reclamando desde CCOO una subida de sueldos, un reparto de los sacrificios, un pacto de rentas que garanticen que los que más tienen arrimen más el hombro. Sin salarios dignos no habrá recuperación, solo más miseria. Y no podemos olvidar que hay miles de trabajadoras y trabajadores que llevan años con los sueldos congelados. Pongamos dos ejemplos: en Asturias hay más de 20.000 personas que trabajan en la hostelería con el sueldo congelado desde hace ocho años o la limpieza, donde la patronal llegó a proponer una subida de 53 céntimos de euro al mes.

Con sueldos de hojalata no se llega a ningún sitio. La patronal tiene que garantizar convenios justos y salarios decentes. FADE no puede quedarse de brazos cruzados, tiene que impedir que la intransigencia de sectores como la hostelería o la limpieza sigan provocando tanto sufrimiento en Asturias.

El principal problema de las PYMES de este país es la brutal escalada de precios de la electricidad o combustible, pero es más fácil cargar las tintas contra las plantillas que tomar medidas contra el oligopolio eléctrico o el sector energético, cuya avaricia arruina a países enteros.

No vamos a salir de esta crisis dando más dinero a los ricos, gracias a los privilegios fiscales que son una ruina para la mayoría. Tampoco vamos a salir de esta crisis si cometemos los mismos errores que en el pasado o condenamos al abismo a millones de personas.

Hemos puesto sobre la mesa medidas concretas y realistas para apoyar a las pequeñas empresas y los autónomos, bajar los precios de la luz y la energía y ayudar a las familias que peor lo están pasando. Los gobiernos no pueden seguir mirando hacia otro lado, hay que tomar decisiones y hay que hacerlo ya. De lo contrario, el malestar seguirá acumulándose y será el botín de guerra de una extrema derecha en crecimiento.

Por estas razones y más, hacemos un llamamiento a llenar el próximo domingo, 1 de mayo, las calles de Avilés y de toda España para exigir contención de precios, subidas salariales y más igualdad. Te animamos a participar.

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