“Cuando el rural pide que se aparte los lobos, nos parece una barbaridad, pero en la ciudad hemos alejado lo salvaje a kilómetros”

No es un tema fácil de tratar. Muchas susceptibilidades hay por en medio. Pero Álex Galán ha realizado un ejercicio de empatía en ‘Salvajes. El cuento del lobo’ con el que al menos, espera, unos den valía al sentir de los otros.

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Técnico de medioambiente por el Instituto de Luces (Colunga), este corverano de 34 años y de nombre Álex Galán, ahora ubicado en Cangues d’Onís, es guía de expediciones en Siberia, Mongolia o Kazajistán. No solo Asia central forma parte de su mundo, sino también Sudamérica. En ambos continentes, con el contacto de indígenas, comenzó a grabar para tener sus testimonios. “A partir de ahí entré en el mundo del audiovisual de lleno trabajando para TPA o TVE casi siempre relacionado con temas de naturaleza o las personas que viven más cercanas a ella, llamésmoles indígenas o paisanos y paisanas”.

Acaba de estrenar el documental ‘Salvajes. El cuento del lobo’ que se puede ver en los cines Yelmo de Xixón hasta el próximo 20 de mayo, donde es la segunda película más vista tras ‘Doctor Strange’. Entonces saldrá a rodar carretera por otros territorios del estado. La acaban de pasar en GNat Zinema, en Donosti, donde seleccionan las 10 películas consideradas más interesantes sobre naturaleza y nuestras relaciones con ella, y pasará por FICMEC, en Tenerife.

¿Dónde surge tu relación con el mundo rural?

No viene de nacimiento, ni siquiera viene de Asturies. Mi relación con el mundo rural empieza en un viaje por Sudamérica que hice durante un año a dedo en 2012 recorriendo las zonas más fuera de ruta de Sudamérica. Pasé mucho tiempo con campesinos de Bolivia, del altiplano de Perú, los gauchos de Argentina… Son los primeros habitantes del mundo rural que yo valoré. Hasta entonces no había valorado Asturies como un sitio especialmente interesante en cuanto al mundo rural, más allá de verlo como una postal de ‘Asturias Paraíso Natural’ y las brañas de Somiedo. Desconocía por completo el mundo rural asturiano. Y después de estos viajes, en concreto por Kirguistán y Mongolia, donde pasé cinco meses conviviendo con una familia nómada, empecé a pensar “ostras, qué fácil es cuando enseñamos indígenas de otra parte y entender, incluso aunque sean barbaridades, lo que hacen; puedes incluso entender que un kazajo mate cinco lobos en un mes porque entiendes que en Kazajistán la vida es así”. Y cuánto nos cuesta entender cosas de aquí que no es que sean mejores o aceptables, es solo que hay que entenderlas aunque no estés muy de acuerdo con ellas. Por eso me metí en el mundo rural asturiano, para conocer un poco más y, como siempre anduve mucho de monte, pasé de quedarme a dormir en tienda de campaña y saco a desviarme y quedar a dormir en una cabaña con un pastor en una majada. Yo soy urbanita, pero me intento sensibilizar con el mundo rural.

Foto: David Aguilar Sánchez.

En la introducción hablas de que todavía hay población indígena en Asturies.

Entendiendo indígena… hay gente que se pone de uñas: un indígena no haría cosas que hacen aquí, quemar, pedir la caza del lobo. Y realmente sí, un indígena no es mejor por ser indígena, no tenemos que idealizarlo tampoco. Hay indígenas que están cazando el leopardo de las nieves, que está en extinción, y los hay que son furtivos ilegales. Indígena no es una cosa que ver en un escaparate y que adorar. Indígena es una persona que vive muy cercana a la tierra según sus propias normas dentro de lo posible, que normalmente suele estar en los márgenes del sistema, en las esquinas, y que mantiene un estilo de vida que se diferencia del resto de la corriente. Y eso sí que nos queda en Asturies, en León, en El Bierzo.

De esos márgenes habla en el documental Xuan Valladares (Asturias Ganadera), de vivir fuera de la ley. Al final parece que nos ubicamos en ese ser binario, maniqueo, de lo blanco, lo negro, lo bueno, lo malo.

Exactamente. Y al final hay una serie de personajes, y eso es algo que me di cuenta durante el rodaje, de sitios en Asturies donde hay un tejido que está fuera de la ley, que practica el autogobierno. Hay un capítulo en el documental que lo titulé El Autogobierno porque me llamó mucho la atención. No me había parado en que en Teverga, Quirós, el suroccidente… hay un autogobierno tan marcado en muchos sitios. Como decían fuera de cámara, “aquí hay muchas cosas que están prohibidas, pero es que nosotros no leemos el BOPA”. Son gente que practican el autogobierno y están fuera de la ley, y eso es algo que la película intenta mostrar pero no idealizar tampoco. No se trata de blanquear, el autogobierno es lo que es. Y tiene cosas muy lógicas como que se gestionen su territorio, y muy románticas también de una persona fuera de la ley, pero otras son barbaridades. No es mejor que el sistema, pero es otra forma que está ahí y nos apetecía darle voz porque me daba la sensación de que no se hablaba directamente y con franqueza: si cazas un lobo por la noche y dices que esto es importante para ti, yo lo voy a grabar. No con eso estoy diciendo que me guste más o menos.

Hablas también de la brecha entre mundo rural y urbano en una región con un millón de habitantes donde el 80% de la población vive en el 20% del territorio y el 80% de la superficie aglutina al 20% de la población. Al final la perspectiva es centrista.

Totalmente. Parto de la base de que el mundo rural necesita adquirir nuevas sensibilidades en muchas materias (animal, ambiental, cultural y en tolerancia de muchas cosas, como LGTBI), pero el mundo urbano necesita adquirir sensibilidad con el mundo rural. Se les exige cosas que no estamos en posición de exigirles. Cuando una persona del mundo rural pide que se le aparten los lobos de su zona, está pidiendo que lo salvaje se mantenga a raya, lejos de donde él se desarrolla, y nos parece una barbaridad, cuando en la ciudad lo que hemos hecho es alejar lo salvaje a kilómetros para poder desarrollar nuestro modo de vida. En Xixón no había un solar que ponía constrúyase aquí, había también bosques, y ríos, y jabalíes… y ahora no los hay. Les pedimos demasiado, y apartamos todo lo salvaje para vivir dentro de las comunidades y cuando alguien en el mundo rural se queja de lo salvaje, le decimos “no, es que tú te tienes que joder”. Obviamente vivir en lo rural tiene un cargo, pero de ahí a “tú aguántate”… por eso con la película pretendemos que la gente le reconozca al otro un punto de razón, una valía. Aunque no estés de acuerdo, pero reconócele que algo tendrá que decir.

El ejemplo más fácil lo tenemos en las gaviotas: nos echamos las manos a la cabeza cuando una gaviota se posa en una terraza y te quita el pincho, y si esa gaviota le picara en los ojos a tu perro y pasase a cien perros diferentes, habría una movilización y se haría una extracción de gaviotas, o sea, matar gaviotas. Y sin embargo cuando un pastor dice que hay que tomar medidas, nos parece que no tiene derecho y en parte viene de ese cinismo de cómo tenemos idealizado al lobo. Me da la sensación de que hay un punto de vergüenza en lo que nos convertimos. En realidad somos un animal también y venimos de lo salvaje y vemos en el lobo lo que él no rechazó; y lo ponemos en camisetas. Protegerle a él es proteger un poco el legado que eliminamos.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Habiendo tantos temas en el rural, ¿por qué hablar de algo tan polémico y complicado como el lobo?

Parto de una premisa que es que para resolver un conflicto, hay que entenderlo, y para entenderlo hay que afrontarlo. Me daba la sensación de que el conflicto del lobo no estaba afrontado, y no sé si lo está ahora tampoco, desde mi punto de vista el conflicto necesitaba sacar muchas cosas a la luz para poder afrontarse. Y muchas cosas es dialogar cara a cara con un furtivo, enfrentar la historia de un furtivo y de un guarda amenazado de muerte. Y a partir de ahí, a quien le corresponda, a las partes implicadas, pueden empezar a pensar y, si no resolverlo, mitigarlo un poco. Nos parecía que no estaba contado con la suficiente contundencia y había que afrontar para pasar al siguiente problema, que ésa es la lectura que hago a nivel personal de todo esto, y ya que hubo una pandemia ahora me voy a poner hasta conspiranoico: me da la sensación de que al sistema, o al mercado, le interesa que el lobo sea una cabeza de turco porque mientras todos los ganaderos estén clamando contra el lobo y yo haga una película contra el problema de lobo, no estamos delante de la puerta del Mercadona pidiéndole a Juan Roig por qué cojones paga los corderos como hace 25 años ni preguntando por qué hay un libre comercio con Patagonia para que vengan congelados. Mientras el mercado sea eso, que se maten con el lobo, porque es muy fácil odiar a un animal, pero no queremos que odien al dueño de Mercadona… a ningún gobierno le interesa eso.

Olvidamos que el paisaje está mantenido por el paisanaje.

Un mantra que se repite mucho desde el lado naturalista, y con la mejor intención pero no creo que sea tal cual, es que a la naturaleza no hay que tocarla, que se equilibre sola. La naturaleza se equilibra sola en el Amazonas, que no está antropizado: una naturaleza antropizada es una naturaleza desequilibrada y en ese momento hay que equilibrarla. Ponen como ejemplo Yellowstone… pero es que en Yellowstone hay una línea, literal, que si pasa un lobo, se le puede ejecutar. Gestionar un entorno que está antropizado es lo más normal porque ya no nos queda otra. Estos entornos antropizados son los que dan forma a un paisaje, y eso sin entrar a hablar del valor patrimonial de un modo de vida incalculable. Si el pastor desaparece, los pastos se convierten en matorral, el matorral acaba generando incendios, pérdida de diversidad… por no hablar que el pasto captura CO2 con su regeneración y que hace que la ganadería extensiva sea la mejor solución porque captura y mitiga el metano que expulsan. Si todo eso desaparece el ecosistema deja de ser igual de diverso como lo conocemos ahora, antropizada, y quizás tendríamos una selva. Y sobre todo hay un valor patrimonial. Desaparece una tribu en Tanzania y desaparece un estilo de vida, y aquí si desaparecen los pastores del puerto, también hay un valor patrimonial que se va. Normalmente el Estado tiene esos mecanismos para que no sintamos que eso ocurre y lo convierte en un parque temático, y ya mantendrán a tres pastores, que serán los de la foto, que te hacen el queso y un certamen para que pensemos “No, no está desapareciendo nada”. Y esos tres están puestos ahí por el Ayuntamiento.

¿Cuándo empezaste a grabar el documental?

Todo 2021 fue de montaje y los dos años anteriores, 2019 y 2020, fueron de rodaje. Y en 2022 lo estrenamos.

Os pilló de pleno la ley de protección del lobo.

Nos pilló justo en medio.

Comentaste la falta de entendimiento quizás por parte de las administraciones. La posición del Noroeste es muy particular. La problemática es diferente a otros territorios dentro del Estado español, la mayor concentración de lobos se da aquí y el estilo de ganadería es distinto.

El Noroeste concentra cerca del 85% de todos los lobos de la Península Ibérica y parece que tendría algo más que decir. En esa ley de protección votó Murcia, Melilla, Ceuta… Cuanto menos se hace raro que tenga el mismo peso para opinar sobre el lobo Melilla que Asturies, Galicia o León. Y eso desemboca en una ley, que no voy a entrar si es mejor o peor, que se aplicó en un territorio que no estaba de acuerdo con esa ella, se impuso, y hay que pensar qué consecuencias puede traer eso. Cuando impones una ley urbana en un entorno rural para proteger a una especie, es posible que estés poniendo en peligro a esa especie sin querer hacerlo. Y tenemos un ejemplo muy claro en Portugal, donde había un descenso inmenso de lobos y decidieron blindarlo, prohibido hacer ningún control, ningún tipo de extracción… En 30 años prácticamente se extinguieron porque toda la población rural interpretó que les habían abandonado, y cuando alguien se siente abandonado toma una decisión equivocada. En el caso de Portugal la decisión equivocada fue el veneno y acabaron con lobos, buitres, mastines… Si aquí les mandas el mismo mensaje, “estáis totalmente desatendidos respecto a este tema”, no es que tengan razón para hacerlo pero no hay que ser muy listo para saber qué va a pasar. Y va a pasar, lo decía Valladares: “cuando haces una ley mal hecha solo hay dos salidas, la injusticia o la ilegalidad”. Y eso es lo que van a tener. Desde el mundo naturalista dicen que si hay que legislar con miedo a los caciques… no es eso, pero igual hay que preguntar e intentar consensuar. Visto en otro territorio del mundo lo vemos muy bien: si Bolsonaro en una parte del Amazonas toma una decisión en contra de los indígenas que lo habitan diríamos “es que este tío…” y aquí se está haciendo lo mismo.

Foto: David Aguilar Sánchez.

En el preestreno se llenaron dos salas con personas que vinieron de las zonas rurales que hacía años que no venían al cine.

Para mí ésa es de las cosas más especiales de todas. Fue muy guapo porque se llenaron dos salas como ésta, con todo agotado y gente que no había ido al cine en décadas. Una familia que no habían ido nunca al cine juntos, una pastora que la última vez vino a ver Pocahontas… Gente de Sotres, cántabros de Potes, vino gente de Amieva, de muchas partes con mucho camino, lo que implica que para venir aquí los animales no salieron al puerto y el que no tuvo con quién dejarlos no pudo venir al cine. Para mí la lectura es que la cultura la creamos normalmente en el entorno urbano y se puede consumir en el entorno urbano, y nos extraña que no haya más cultura o sensibilidad hacia ciertas cosas en el entorno rural. Claro, es difícil. Y de pronto una película hecha por un urbanita rodada y gestada en el mundo rural, exhibida en el urbano y ahí confluyó. La gente venía del urbano interesados en el tema, pero también del mundo rural que decía que por primera vez había una película que habla sobre nosotros. Cerraron todos los cines de provincia, y de pueblo, y de barrio, y ahora son multicines. Igual es que no se les está dando contenido para que ellos vayan. Hay gente que se ha pegado dos horas para venir y dos para volver para ver una película de hora y media porque sentía que se le daba voz.

¿Cuántos brutos te quedaron fuera, cuántos off the record?

Se quedaron muchas cosas, también muchas que estaban en el montaje y que finalmente se eliminaron. Muchas cosas que hablamos y que nunca se llegaron a grabar porque se hablan en el momento y no fluyen. Intentamos tenerlo todo lo más captado posible, por eso se hizo mucha preproducción antes, mucho ir con los paisanos a las cabañas, pasar días, subir veranos a echarles una mano con el ganado sin cámara para que el día que pusiéramos la cámara fuera un elemento familiar que haga que funcione. Pero se quedaron muchas cosas fuera, muchas.

¿Cuáles son las localizaciones?

Oriente en Picos de Europa, el centro en Las Ubiñas, y el occidente en Valdés y Villayón. No es lo mismo ser pastor en Picos que ser pastor en Villayón.

Me parece interesante el testimonio de Pepe Mier cuando cuenta que antes no había lobos en Picos, que habían desaparecido, y cambia el pastoreo teniendo el ganado suelto por el monte y ahora ¿quién los vuelve a estabular?

Realmente ésa es la diferencia en muchas zonas de Asturies donde siempre hubo lobo, y Picos donde hubo muchos años que no lo hubo. Tú vas al suroccidente donde el lobo siempre estuvo presente y no tienen problema porque su padre, su abuelo ya les enseñó que va con eso y ya tienes un manejo desde el principio. En Picos de Europa pastores jóvenes como Nel, José Luis, se criaron sin lobo y de repente aparece y tienen que adaptarse, qué remedio. Pero las adaptaciones llevan tiempo, llevan esfuerzo, emocional y económico. Los mastines cuestan dinero, estar encima de las ovejas cuesta dinero, el pago de una oveja no es justo porque te mató esa oveja, pero siete se asustaron, dos abortaron, tres no dan leche, la nueva no se adapta al rebaño y se escapa y se la vuelve a comer el lobo… Hay muchos más valores por no hablar del emocional. ¿Te mataron a tu perro? Te compro uno. Los pagos no son justos, son tardíos, y si un pastor tiene que adaptarse en esas circunstancias, le va a costar mucho más.

Varios ganaderos critican las críticas que les hacen de dejar el ganado abandonado para marchar al chigre… y denuncian que la propia mafia empieza por los propios guardas.

La mafia y la trampa la hay en todas partes. Un partido hace trampas también con sus subvenciones. ¿Eliminamos todas las subvenciones a los partidos políticos? Recibe subvenciones una industria que se salta a la torera las normas laborales y no le quitan la subvención. Habrá que perseguir a quien se las salta, pero no medir a todos igual.

En la pandemia los consideramos héroes. ¿Hay algo de cinismo o hipocresía en toda esta postura?

Totalmente. En la pandemia idealizamos lo rural como el lugar donde vivir. Empezamos a ocupar espacios rurales no para llevar una vida rural, sino para vivir de una forma urbana en un entorno rural, que es muy diferente. Y no nos dábamos cuenta de que esa gente tenía que seguir trabajando para los animales, el pienso… y generar el alimento que comíamos. Y lo dice David, el pastor del final, que en las ciudades no se produce casi nada. Pero les exigimos que las pasen más putas porque les va en el juego. El discurso está tan idealizado… “los pastores antes…”. Los pastores antes llevaban una escopeta al hombro, ¿en serio queréis los pastores de antes? “Que las cuiden, como antes, que ahora están todo el día en el chigre”, vale, pues las van a cuidar como antes, con la escopeta al hombro y cada vez que vean un zorro, un loquesea ¡pum! Por un lado les pedimos que avancen y por otro que sean como antes, ¿en qué quedamos?

¿Y esta figura del fotógrafo amenazado, de dónde sale?

Es una buena pregunta. Ésta es una historia real de un fotógrafo amenazado en Asturies, pero es un actor. Nosotros jugamos en la película a apretar los márgenes de la realidad. El subtítulo es ‘El cuentro del lobo’ y jugamos a que no sepas qué es verdad o no es verdad, y mucho más con el lobo, que en un lado del valle te van a decir una cosa y en el otro otra. Jugamos a ficcionar una cosa, muy estrambótica también porque el personaje real lo es, y ver qué pasa. Vamos a hacer un Frankenstein con esto y ver qué pasa. El 90% de la sala no sabe que es un actor. Juega a confundir porque la historia depende de quién la cuenta, y es lo que buscábamos con este personaje. Pero el testimonio es muy fiel, que le quemaron el coche y la cabaña, y prefería no salir. Hace fotos a los lobos, los ceba, sigue a los pastores haciéndoles fotos… Esta historia es tan potente que es la que se va a convertir en el cuento y que genere extrañeza.

Foto: David Aguilar Sánchez.

¿Y el papel de la mujer? Es un documental de testosterona.

Hicimos una pequeña trampa en el documental de dos maneras. Es un documental muy masculino, con mucha testosterona: Valladares descamisado a caballo, todos los hombres en plan… muy de hombre cogiendo las ovejas. Y solo salen dos mujeres. Una canta y otra cocina. Ésa es la parte que relata un poco el papel de la mujer en el mundo rural, pero la segunda lectura es que si te vas a que una canta y la otra cocina, solo aparecen dos mujeres que ponen sensibilidad y normalidad: sensibilidad para decir todo lo que dijisteis a pecho descubierto lo puedo decir yo con una canción sin una palabrota, y es lo mismo, y ya os lo dije todo; y por otro lado normalidad, “esto es lo que hay”. Y para rematar viene un niño que dice una frase “estoy bien aquí, a mí me gusta estar sentado en una piedra”. La mujer que está como relegada en esa esquina, que se le escucha poco, solo en dos apariciones, pero si la escuchas… “joer, ¡qué es lo que dijo!”. Pues dijo las cosas con calma y tranquilidad sin montar ningún pifostio, y encima la otra me dice que tampoco es pa tanto.

Pero salen otras dos mujeres, Lucía Velasco (Ganaderas Asturianas) y Mercedes Cruzado (COAG), dos lideresas.

Es verdad. Liderando. Dos lideresas de verdad. Se les escucha poco pero si te fijas en lo que dicen… Tampoco queríamos poner una súper mujer rural porque no es representativo, es más anecdótico una súper mujer rural. Las mujeres en el mundo rural están relegadas a esas cosas pero escúchalas, que algo tienen que decir diferente; y de otra manera.

¿Cuál era la posición de Álex Galán antes de grabar y cuál es después, si es que hay una posición? El documental es un trabajo de empatía.

La verdad es que no cambió mucho. Quizá la mía de hace muchos años sí. Hace muchos años empatizaba mucho más con el lobo que con los pastores, pero porque no conocía la vida y la realidad de los pastores y por una realidad romántica de querer al lobo. En el momento en el que conozco la vida de los pastores y me acogieron de la forma que hicieron y les pude escuchar de cerca, empecé a ver que lo que yo sentía era una cuestión más romántica que práctica. Y en ese momento no quiere decir que yo haya empezado a odiar al lobo, pero lo empecé a ver como lo que es y no como el tótem que a lo mejor lo veía en su momento, a pesar de que siga siendo un animal que me siga encantando. Hay mucha gente en el monte que dice “puto lobo”, pero cuando lo ven… “¡vimos un lobo…!”. Hay algo que está en nuestra memoria más primaria. Mi postura era que me gustan los animales y mi postura ahora es que me gustan los animales y me gusta la gente. Y tienen que estar todos.

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2 COMENTARIOS

  1. En Yellowstone se reintrodojo el lobo. Sobre el paisanaje habría mucho que hablar de su vida urbanita disfrazada de ruralismo en muchos casos. Y de los daños del lobo aún habiéndolos,que se sometan a análisis forense para evitar el fraude.
    Y sobre todo cultura para entender y resolver conflictos de forma civilizada y no como en el siglo XlX.

  2. Dos apuntes:

    1- sobre el “ejemplo” de yellowstone: allí si hay un incendio no lo apagan, hasta que se extingue por si solo. Así que ojo con los referentes

    2- viviendo en rep. checa mendi cuenta de lo importante que es la gestión forestal, en todos los ámbitos. Eso hace que haya bosques sanos y limpios, no como aquí que es imposible moverse por ellos. Y además permite fijar la población ya que el propio entorno rural ofrece oportunidades laborales, sea por la explotación o bien por los negocios asociados

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