Premio Reina Sofía de Poesía para la mística sin Dios de Olvido García Valdés

La poeta praviana ha construido una obra a contracorriente de los mandatos y corrientes capitales de la época

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Los poemas de Olvido García Valdés tienen mucho más de balbuceo que de afirmación rotunda; mucho más de grieta irregular y angosta que de imponente fortaleza. Son como una rendija, una brecha por la supura y respira “la herida de lo vivo y de la vida”, como dijo en una entrevista para Nortes.

El poema es en sí mismo soledad

Tiene contacto con lo vivo

Las cosas que mira fijamente reverberan

Llegué a ser para mí la región del hambre

Es la poeta praviana alérgica a lo frívolo y presuntuoso, reacia a las servidumbres de la egolatría y de la inmediatez, y beligerante, persistente, precisa en esa artesanía suya de bruñir las palabras para dar a luz una obra tan poco acomodada a los mandatos y corrientes capitales de la época. García Valdés, nacida en 1950 en la aldea praviana de Santianes-penumbra y verde/tierra y río/animales de sangre caliente en el establo-acaba de ser galardonada con el XXI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más prestigioso en el ámbito de las lenguas española y portuguesa y dotado con 42.100 euros.

Los versos Olvido-son ya más de una decena de poemarios, además de un ensayo sobre Teresa de Jesús, un puñado de textos en catálogos artísticos, traducciones de Pasolini o Anna Ajmátova, el Premio Nacional de Poesía en 2007, el Premio de las Letras de Asturias en 2016-andan siempre descolocados, confundidos, balanceándose entre visiones oníricas, iluminaciones místicas-“religiosidad sin Dios”, nos dijo en la entrevista-, contemplando al gorrión o a la oropéndola, pero también despiertos y sensibles al sufrimiento del prójimo, a su alegría, a sus padecimientos en el trabajo: ¿qué piensa?, ¿cuántas horas va a durar / su jornada?, ¿cuánto le pagan?.

La pregunta por la utopía es la misma de la piedad

¿y la verdad? ¿Lo disciernen los

Tiempos?, ¿mira la piedad al pasado y solo

Lo por venir es utopía?, ¿es la verdad

Instantánea como el punto que nunca

Es el presente? No es piedad

La compasión. Ocurre en otro plano.

El jurado del premio, convocado desde 1992 conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, eligió por unanimidad a Olvido García Valdés por ser una de las grandes voces de la poesía contemporánea “cuyos textos adquieren desde la connotación y la sugerencia una honda trascendencia”.

Para García Valdés, la poesía ocupa “el lugar más alto de la lengua” y los poemas son “los que nos acompañan de una forma más profunda y forman parte de la vida interior”.

Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio Nacional, ha señalado que la asturiana es “dueña de una sintaxis enteramente personal, que busca el despojamiento, la desnudez y el esencialismo”. “Poeta de la emoción (la alegría, el dolor, la enfermedad, la naturaleza) y de la reflexión ontológica. Intimista y metafísica. Sus textos adquieren desde la connotación y la sugerencia una honda trascendencia”, destaca el jurado.

Este ha estado copresidido por la presidenta de Patrimonio Nacional y el rector de la Universidad de Salamanca y formado por Santiago Muñoz Machado, director de la RAE; Ana Luisa Amaral, galardonada en la anterior edición del premio; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes; Ana Santos Aramburo, directora de la Biblioteca Nacional; la poeta Raquel Lanseros; el escritor Jorge Luis Volpi, entre otros.

El premio recayó el pasado año en la portuguesa Ana Luisa Amaral, y en ediciones anteriores ha reconocido al chileno Raúl Zurita; la uruguaya Ida Vitale, la nicaragüense Claribel Alegría, el venezolano Rafael Cadenas y a los españoles María Victoria Atencia, Antonio Colinas y Joan Margarit.

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