El Muro: la madre de todas las batallas

El conflicto del "cascayu" ha arrinconado cualquier otro debate y será el espacio donde se juegue la alcaldía

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

A un año escaso de las próximas elecciones municipales, la peatonalización de El Muro puede convertirse en el campo de batalla político que sirva para confrontar dos modelos de ciudad. Algo se ha hecho muy bien o se está haciendo rematadamente mal, cuando un asunto como este polariza la ciudad.

El asunto tiene un carácter transversal, porque no sólo enfrenta a peatones contra conductores, también moviliza a bicicleteros y runners contra vecinos, a ecologistas hechos de materiales renovables contra hombres y mujeres que siguen hechos de carbón contaminante. Ciudadanos dinámicos contra ciudadanos estáticos. Vecinos acelerados contra plácidos flanëurs y paseantes. También participan en este End Game de Gijón los que afirman que las enfermedades pulmonares tienen código postal contra aquellos que afirman que el paro y la emergencia social también tienen perfectamente descifrado el de sus barrios. En el combate, no faltan los que no se pueden costear un coche eléctrico con los que no se pueden permitir un transporte público deficitario para desplazarse a su trabajo o, sencillamente, para poder conciliar sus tareas laborales con sus tareas familiares y el descanso.

Infografía del proyecto para el Muro de Xixón.

Si ampliamos el campo de batalla, observaremos que hay otros frentes abiertos: el apartheid a los coches matriculados antes del 2005 ha puesto en guardia a los conservadores distópicos y a los progresistas utópicos que han enarbolado la bandera verde del ecosocialismo, también a los propietarios de una plaza de garaje y a los que aparcaban su coche en la calle de su barrio. Por si fuera poco, la tarjeta europea de discapacitado ha levantado de sus sillas y erguido sobre sus muletas a todos aquellos que han visto como había que pagar una tasa por aparcar su automóvil en cualquier espacio.

“Bienvenidos a la batalla del Muro San Lorenzo, aquí se juega una alcaldía”

Arquitectos, urbanistas, medioambientalistas, administrativistas, hosteleros, turistas, animalistas, deportistas, columnistas, mirones, chigreros, cotillas, futurólogos y milenaristas se han alistado a uno y otro frente, dispuestos a jugar la madre de todas las batallas, la que, hasta el momento, conecta con un debate global que incluye la gestión de los recursos energéticos, el derecho a respirar aire limpio y el coste que todo eso supone para el bolsillo de miles de trabajadores. Bienvenidos a la batalla del Muro San Lorenzo, aquí se juega una alcaldía.

Aurelio Martín, con el Ayuntamiento a la espalda. Foto: Luis Sevilla.

A la guerra judicial, ganada por el movimiento vecinal Stop Muro en primera instancia, se suma la batalla social, que acaba de arrancar con un manifiesto firmado por más de 4000 personas en tan solo un semana, mientras el flanco conservador trata de recabar (y lo logrará fácilmente), los 48.000 euros de aval que el Juzgado de Primera Instancia le exige para ejecutar la sentencia que falló a su favor, hasta que el recurso instado por el Ayuntamiento de Gijón sea admitido a trámite en el TSJA.

La madre de todas las batallas también ha conseguido arrinconar cualquier debate político interno hasta la fecha sobre futuros candidatos. Todo el mundo es desgraciado desde entonces. En el PSOE, el Secretario General José Ramón García se huele que la apuesta por un Muro con un sólo vial no encajaría con el Plan Especial y que el lio puede ser más gordo de lo que algunos piensan si sale adelante, especialmente tratándose de los ecologistas que, de momento, infravaloran la sentencia del Juzgado, bajo el prejuicio de que la jueza que la firmó no es de Gijón (ni siquiera la izquierda se escapa del localismo más soez y repugnante). Sea como fuere, el fallo ha sido un espaldarazo para la derecha forista, que ha visto en Aurelio Martín el flanco débil por el que atacar al Ayuntamiento de Gijón.

La cosa se pone interesante, porque el supuesto flanco débil del gobierno es quien goza hoy del discurso político mejor armado de toda la ciudad y es más que seguro que ha asumido el reto de plantarle cara a la derecha como un D´Artagnan dispuesto a hacer valer su florín ante la guardia del Cardenal Richelieu. Martín es la excepción de la experiencia política. Nunca se acaba. Ha entendido que la política es el arte de tener un plan y en cada cargo político que ha ocupado, siempre ha ofrecido un plan, una solución, una idea que presupone en su mirada siempre una extrema lucidez. Aunque algunos tratan de convertirlo en el mal de la ciudad, desconocen que no se puede ser al mismo tiempo D´Artagnan y Richelieu.

El Cardenal Richelieu, sin embargo, ni está ni se le espera en esta batalla. Basta con que la alcaldesa de Gijón, Ana González, tense la cuerda entre sus filas para provocar una crisis institucional de magnitud épica que lo acabe mandando todo al carajo. Pero esa batalla no se disputa en Gijón sino en Oviedo, en la FSA, al menos, de momento, y es otra bonita historia que enlaza con la consternación de González. No creo que le haya hecho mucha gracia la rueda de prensa que ofreció su secretario la semana pasada, en la que se apostó por el dialogo con todas las partes interesadas sin dar nada por sentado con el Muro. Nada, nada, nada. Y esa es una de las máximas más importantes de la teoría política: nunca des nada por sentado. D´Artagnan lo sabe y seguro que ha tomado nota. El mismo defendió en una entrevista que sin Atos, Portos y Aramis, el mosquetero tampoco sería nada. Y ya saben lo que escribió Dumás: todos para uno y uno para todos. Así sea.

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