Amazon: anatomía del secreto

Tengo que reconocer que la lectura del acuerdo provoca el mismo efecto que el del manual de instrucciones de un juguete sexual.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Este viernes, gracias al gran periodista Bernardo Álvarez, NORTES publicaba el contrato de confidencialidad que el vicepresidente del Gobierno asturiano, Juan Cofiño, había firmado con la multinacional Amazon en enero 2021. El acuerdo es una letanía de clausulas sin más objetivo que ocultar el procedimiento de adjudicación de unos terrenos públicos al gigante de la logística mundial.

La lectura del acuerdo es un escaneo de lo que podemos entender por opacidad y tengo que reconocer que su lectura provoca el mismo efecto que el del manual de instrucciones de un juguete sexual. La opacidad más que un estado de la materia, se diría que es un fingimiento. La necesidad de no ver, de no tocar, de no escuchar y de no decir. La opacidad es el silencio que transmiten los objetos, el aura del secreto. Los que pequen de una curiosidad enfermiza, como los que pecamos de gula, hoy tenemos un regalo, gracias al estudio de este acuerdo.

“Tengo que reconocer que su lectura provoca el mismo efecto que el del manual de instrucciones de un juguete sexual”

Durante las tediosas sesiones de control parlamentario al gobierno, los grupos de la oposición vienen reclamado recurrentemente a Barbón que nombre a un presidente de la Comisión de Transparencia para que eche a andar. Tres años llevan así. Se entiende ahora la demora permanente, las absurdas razones del Presidente que han dilatado la creación de un órgano que verifique los entresijos de la acción del gobierno.

Cualquier ciudadano puede entender la discreción como un método necesario para que la política alcance un resultado. Se trata de eso que el maestro Miguel Ángel Aguilar denominaba zonas de penumbra. Ese espacio de sombra es necesario máxime cuando la economía se convierte en el campo de trabajo en el que se entrelazan los intereses públicos y los intereses privados. Pero el estudio detenido de las clausulas de confidencialidad aceptadas por Cofiño ponen en tela de juicio nuestra propia democracia y de cómo esta puede llegar a estar subordinada a la voluntad de una compañía titánica que alcanza a tener la soberanía suficiente para decidir qué, a quién, dónde, cómo y cuando transmitir y, sobre todo, ocultar información de interés público.

Amazon Siero. Foto: Luis Sevilla

La opacidad es el aura del capitalismo invadiendo como una niebla densa y espesa los lindes del espacio público. En el acuerdo de confidencialidad, se establece todo un ejercicio de anatomía del secreto, de blindaje de cualquier información que pueda perjudicar a La Compañía. El documento se refiere así a Amazón, como en el “A Quemarropa” de Donald Westlake, aquella maravillosa novela que John Boorman llevó al cine, de la mano de Lee Marvin, revolucionando el hard boiyle hasta límites insospechados.

En A Quemarropa o Payback, Westlake /Boorman/ Marvin ponían de manifiesto como las grandes multinacionales se habían convertido en un gran poder no sólo económico sino político, convirtiendo el delito y la violencia en un ejercicio fascinante de abstracción, perforando como una bala cada muro en los rascacielos de la opacidad. La política y la economía, la Junta del Principado o las fábricas buscan legitimarse popularmente con los días de puertas abiertas y los edificios, en esa vocación por acristalar todas sus fachadas, se consagran como contemporáneos a través de la multiplicación de vidrios y espacios exentos de secretos. Aparentemente, no hay intimidad en las empresas que ocupan La Castellana. Se diría que el agujero negro del secreto ha entrado en decadencia puesto que el mundo se representa constantemente a través de tik tok e instagram como un lugar remoto y a la vez cercano, pero sólo a golpe de like. Sin embargo, la opacidad sigue ahí, ya digo, como un agujero negro, invitándonos a sospechar que bajo la sonrisa brillante y chiclosa del logo de Amazon, alguien, Cofiño tal vez, esta tapando basura y no custodiando cualquier clase de tesoro.

Lo que no se ve o no se dice es, en términos generales, susceptible de encerrar lo peor y lo no revelado pasa de ser un atributo de lo sagrado a otro siniestro y viciado. La opacidad es una cámara de compresión que descompone el significado de las palabras que no se pueden proclamar ni transmitir hasta convertirlas en silencio. En el silencio, como en la oscuridad, los ciudadanos somos frágiles, vulnerables, mientras las compañías adquierer una nueva soberanía blindada que las convierte en entes desnaturalizado en el paisaje pletórico de las democracias y la transparencia. Ay.

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