Goico-Aguirre y el frente del arte antifascista asturiano

Ramón Lluis Bande ha recopilado en "Viñetas antifascistas" los trabajos realizados por el pintor y escultor para el diario socialista "Avance" entre 1936 y 1937.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Faustino Goicoechea Aguirre, más conocido como Goico-Aguirre, fue uno de los grandes artistas asturianos de preguerra y probablemente habría llegado mucho más lejos en el panorama artístico español de no haber sido por una contienda en la que el pintor y escultor tomó partido por el bando perdedor, sufriendo las consecuencias de ello. El polifacético artista vuelve a estar de actualidad 35 años después de su muerte gracias a la publicación del catálogo Goico-Aguirre. Viñetas antifascistas, editado por la Semana Negra y De La Piedra, con selección e introducción del cineasta y escritor Ramón Lluis Bande.

La publicación, que se presentó en la reciente edición del festival literario, recoge algunas de las mejores viñetas que el artista publicó a diario en el periódico socialista Avance, mientras trabajaba como delegado provincial de Bellas Artes del Gobierno del Frente Popular. A cargo de esta tarea, Goico-Aguirre se encargó de la protección de los tesoros artísticos asturianos, incluyendo entre ellos la escultura de la Virgen de Covadonga. De hecho, sería él el encargado por la República de evitar la destrucción de la talla de la Santina, que fue evacuada a París para protegerla de la furia anticlerical de los elementos antifascistas más radicalizados.

Carteles de Goico-Aguirre para el Frente Popular asturiano.

Con anterioridad al estallido de la Guerra Civil, Goico-Aguirre había sido un joven y prometedor artista, becado para ampliar sus estudios artísticos en París y Roma. Había nacido en Oviedo en 1905. Hijo de padre navarro y madre asturiana, el progenitor les abandonó y fue su madre la que tuvo que sacar adelante a la familia. Su formación se desarrolló entre la Escuela de Bellas Artes ovetense y el taller de escultura de Víctor Hevia. Después llegarían sus estancias europeas, de las que regresaría en 1931.

Tras el periplo europeo, Goico decide optar por un estilo de vida más tranquilo. Se casa con Julita Suárez, maestra, y él mismo saca una plaza como profesor de arte. Sin embargo, su éxito es tal que pronto abandona la vida de funcionario para dedicarse a trabajar en su taller particular. Le llueven los encargos y participa del rico ambiente cultural asturiano de los años 30, exponiendo en el Ateneo Popular de Oviedo y realizando en 1935 los relieves de la fachada del Instituto Nacional de Previsión.

Aunque su producción artística anterior a la guerra no está especialmente volcada hacia lo político, el 18 de julio de 1936 todo cambia. Goico escapa del golpe de Estado dado por los militares en Oviedo y se refugia en Gijón, donde milicias y fuerzas leales a la República derrotan a los sublevados, convirtiéndose en la capital del antifascismo asturiano. Allí se ha trasladado también la sede del diario socialista Avance, cuyo director, Javier Bueno, también logra huir por poco de la sublevación militar en Oviedo.

“Figura sentada” (1936). Museo de Bellas Artes de Asturias

La guerra y sus horrores se cuelan en la obra de otros artistas asturianos del momento, como Mariano Moré, Evaristo Valle y Nicanor Piñole, pero, en el caso de Goico o de Germán Horacio, el compromiso va un paso más allá. Su talento artístico se pone al servicio de la propaganda antifascista que trata de elevar la moral de la resistencia asturiana o de explicar a la población civil qué hacer en caso de bombardeo. La firma de ambos artistas plásticos aparecerá en el manifiesto fundacional de la Liga de Escritores y Artistas Antifascistas de Asturias. Para Ramón Lluis Bande, Goico sería de hecho “el gran catalizador del Frente de Arte asturiano, conformado por un grupo de creadores visuales que pusieron todo su talento y esfuerzo creativo al servicio de los intereses de las clases populares en guerra”.

Para la portada del diario socialista realiza una viñeta diaria. Caricaturiza a los golpistas, denuncia sus crímenes, la ayuda que reciben de Hitler y Mussolini mientras Gran Bretaña y Francia dejan a su suerte a la República, critica el papel de la Iglesia católica legitimando a los militares sublevados… La influencia del artista alemán George Grosz, otro antifascista, se percibe en las viñetas.

“Grey Day” (1921) del alemán George Grosz.

El 20 de octubre la caída de los últimos focos asturianos de la resistencia antifascista es inminente. Goico-Aguirre monta junto a otras personas en uno de los barcos que huyen del puerto de Gijón hacia Francia. Sin embargo el buque es apresado por los franquistas. El artista es juzgado y sentenciado a muerte. La pena finalmente se transformará en cinco años de cárcel en Burgos y Alcalá de Henares.

Tras la cárcel se refugia en el anonimato de Madrid. Allí ha ido a parar su mujer y sus hijos. Ella también ha sido represaliada como maestra. En la capital trata de recuperar su carrera artística. Llega a exponer en 1947 en el Museo de Arte Moderno de Madrid, pero pronto llegan los problemas con el régimen. Se refugia en el trabajo como ilustrador y sobrevive como puede en tiempos en los que las editoriales explotaban a su antojo el trabajo de los artistas. Hasta los años 70 no volverá a exponer. Será otra vez en su ciudad natal.

“Títeres con cabeza”, uno de sus trabajos como ilustrador.

Su nieto, José María Goicoechea, director de comunicación del Museo Thyssen de Madrid lamenta que la guerra truncase la prometedora carrera artística de su abuelo. “Su obra posterior a la cárcel fue un paso atrás. De estar en las vanguardias pasó a ser un pintor costumbrista, un buen ilustrador, pero muy convencional” señala Goicoechea, que destaca que su abuelo siguió siendo un hombre con mucho interés por la cultura y la política: “Leía mucha historia, mantuvo sus simpatías socialistas y fue fiel lector de El País desde el primer día”.

Muere en Madrid en 1987. Su caso no es aislado. Goico como otros artistas antifascistas que sobrevivieron en el “exilio interior” tuvieron que buscarse la vida como pudieron, renunciando a las inquietudes artísticas y políticas que alguna vez albergaron como militantes de aquel frente del arte de efímera existencia.

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